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lunes, 28 de enero de 2013

No hay fronteras.



Los árboles tienen raíces, básicamente la mayoría de las plantas las tienen en cualquiera de sus versiones. Las personas tienen algo similar que aunque no están ni en sus bocas ni sus pies, en algún del lugar de su corazón el viajero guarda sus recuerdos y vivencias.
La tierra parece que sólo es eso arena y piedra erosionada pero en verdad guarda mucho más en sus partículas, guarda el clima, el agua, su flora y fauna… esconde hasta las historias sin importarle si son leyendas urbanas o sucedieron en realidad.

De donde eres es un libro que algún paisano escribirá y donde tu sólo apareces en los agradecimientos del atrezo. Aunque en verdad tú y todos los tuyos llevan su huella impresa como los colores de un pájaro tropical diverge de otro de su misma especie pero distinta región. Los manchegos para eso… son nobles y buenos como su vino y los culipardos en especial somos lo más parecido a los ángeles caídos que caminan por el infierno.

La zona te vuelve dura la piel y blando el corazón como toda carne marinada con alcohol. Lo de fuera solo es la apariencia del autentico continente aun por descubrir y explotar como esas extrañas cigarras que sólo salen cada diecisiete años para así burlar a los cazadores estacionales.

La vida es sorprendente, solo que a veces se deja de mirar y aún si cabe mas importante, de aprender. Mi abuelo nos clasificaba a los hombres según sus edades en hombres, hombrecillos, monicacos y monicaquillos y yo me partía de la risa porque por entonces estaba en el último grupo y yo quería ascender. Con el tiempo fui cogiendo responsabilidades y perdiendo sonrisas. Conforme me iba haciendo hombre iba perdiendo la alegría para ganar en seriedad.

Pero a veces llega un momento en que tienes que pararte y pensar… que no se va a acabar el mundo si sonríes cuando todo esta en la mierda y no es para faltar al respeto a lo critico del momento, al contrario lo haces para buscarle el lado positivo, porque de alguna manera siempre encuentras la solución tarde o temprano a los problemas si te concentras y que o bien viene la muerte en persona a recogerte o muy poco mal puede llegar a ocurrirte en la realidad que no sea un accidente fortuito. Al menos a mí para matarme hay que poner mucho empeño. Pero es que soy de la mancha y si los molinos resistieron el envite de Don Quijote y su lanza.

Nada podrá tumbarme si yo no me presto a tal resultado. Supongo que en castilla somos cabezones, nos criamos en un sitio que llueve tan poco que cuando llueve aunque sea con fuerza, se sale a la calle sin paraguas y no importa que no haya algún iluminado oportunista vendiéndolos. Nos gusta la lluvia como a los que les gusta la nieve, de esta última hemos tenido pocos relatos. Y es que hiela la tierra a diario durante los meses de invierno, pero no importa demasiado todo lo que tenga el calificativo seco asociado. Somos de secano y nos exportamos a todos los lugares del mundo dentro de cualquier persona, un veneno dentro del vino de españa.

Estamos en todas partes y a la vez en ninguna… llegamos a todos los sitios siendo tan finos que ni siquiera nos sigue la sombra y desaparecemos como la niebla cuando sale el sol en un cielo azul sin nubes. Escondidos miramos el mundo desde las líneas de Cervantes en las mejores bibliotecas de las casas más viejas. No somos León y sus murallas  pero nuestros galgos corren como flechas por mitad de los sembrados y nuestras liebres engordan del aire como nuestra extensa caza lo hace de la dureza de nuestros matorrales. No hay verde sino amarillos… y aunque repletos de piedras estamos llenos de arcilla que se amolda a cualquier lugar empapándose de todo lo que ocurre, esto es algo que lo saben hasta las viejas con sus ollas de barro.

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