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miércoles, 24 de mayo de 2017

La crisálida.

Se acabó el tiempo de ser capullo
y mucho menos oruga o vulgar gusano.
De nada valen los escondites antibombas.
No se necesita violencia para tener valor
ni bondad para ser bueno.
A veces comunicas pasando el tiempo…
Otras eres músico en la orquesta de una cocina

En ocasiones cuando se cierra una puerta
se abre un abismo bajo los pies.
Es como la prueba del acantilado
sino confías en tus pasos te precipitas al vacío.
Si andas con la mirada en el horizonte
puede que no te caigas, pero también que nunca llegues

De los gatos aprendí a caer de pie y lamer las cicatrices
con los lunáticos… a ser uno con el tiempo si te organizas.
Usé a los buenos a tener algo donde fijarme… 
Aprendí hasta de los malos, en no repetir sus errores.
Ahora vuelvo donde empecé como una anguila cualquiera.

El mundo espera a una mariposa.

Algo hermoso y delicado.

Nunca me tome por tal.

Prefiero el agua y sus anfibios.
Escojo la metamorfosis para ello.
Cuando crezca hasta podre regenerar lo que me quiten
mientras muevo  la cola mientras el veneno
termina de hacer efecto.

Borrón y cuenta nueva.
así se llama la película.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Buena, bonita, barata.

Mi prima B siempre ha sido la mejor del mundo. Al menos para mí, porque aunque suene un poco egoísta,  es la única que ha compartido piso conmigo. Y es que es una compañera ideal. A ella le gustan sus cosas, si entiendes eso, compartir despensa con ella es súper sencillo.

Ella tiene su banda sonora, igual que Amelie. Aunque lo suyo tiene muchas más guitarras y menos teclas. Le acompañan cascabeles igual que a los duendes y la mayoría de las veces cae de pie como los gatos. Y solo ella sabe las vidas que ya ha gastado. Las noticias lo son hasta que dejan de serlo.

Guarda un diafragma por pupila y nunca he visto a nadie encerrar tanto en tan poco espacio. Sintetiza los sentimientos dentro de una polaroid que nunca pone precio, es como hablar con una gota de agua en presente, pasado y futuro, porque nunca dejara de tener esa mata de pelo enredada como la noche. Y su sonrisa marca las mismas estrellas desde el principio de los tiempos.

No necesita abuela, aunque sí que la echa de menos, sobretodo sus platos, porque guarda del Pérez, su buen apetito con sus ciertas limitaciones características. Cada uno una casa, cada cual su hogar. Pero nadie como ella para cimentar el mundo hasta hacerlo bello.  Nadie aclara mejor las ideas ni con cloro. Es como tener a un psicólogo sin el engorro del diván y los recibos.

De ella aprendí desde servir una cerveza, a modificar una verdad adecuadamente... pasando por sus mejores lugares donde perderse y amigos que nunca olvidar. Ella es el pop para mi rock, un ritmo diferente, pero divertido… igual que jugar a la botella con Buda, tú siempre recibes. Porque tarde o temprano aprendes algo entre sonrisas.


Cada noche cuando me acuesto, me acuerdo de ciertas personas, no las enumero, ni las pongo en orden, simplemente están ahí esperándote. De ella siempre deseo que nunca cambie, porque sigue siendo tan especial como el primer día. Por mucho que la estrenen, no pierde el brillo que la caracteriza.

Ser Blanca no siempre denota un color, sino la suma de todos hasta hacer que la intensidad roce el límite de que lo que no se ve se haga real y lo que nunca debió de existir desaparezca. Es una paradoja rodando sobre la madera del parquet. No hay joven más sabio que aquel que deja que el agua inunde su silencio.

domingo, 16 de abril de 2017

Próximo destino: La luna.


Desde pequeño perdí la cabeza en un lugar donde no había posibilidad de regreso. Cuando todos andaban jugando con niñas, yo andaba mirando al cielo de día y también de noche. Me afanaba en buscarla hasta cuando estaba al otro lado. De alguna manera sabía intuir por donde aparecería.
Y aunque no pudiera verla, tenía conocimiento de que estaba allá arriba, inspirando a otro corazón destinado a equivocarse, pero todo el mundo tiene derecho a fallar, a soñar, a desear algo hasta alcanzarlo con la punta de los dedos incluso si en el último momento se desvanecía al tratar de alcanzarlo. A mí me daba igual, no era celoso ni tampoco ponía estúpidos límites.
Una vez… aunque fuese efímera, logre escaparme de mi cuerpo y ascender como un globo sin destino… a pesar de que todas las moléculas me llevasen hacia el mismo sitio, flotaba levitando sobre las casas y nubes, rodeado de contaminación lumínica que devoran a las ciudades como si fuera un hongo gigantesco, esquive las capas de polución parecidas a mantas que calientan el planeta y cuando me quise dar cuenta surcaba la estratosfera en dirección a mi amada.
No sé si fueron horas o tan solo segundos, pero contemplar al gran azul moteado con estrellas cual espejo divino puede que me mantuviera algo despistado, pero los relieves y cada país era aún más magníficos contemplados desde el cielo e irremediablemente cuando levante la cabeza allí estaba ella. Más grande y bella que nunca la había contemplado.
Sola para mí, mientras aquello durase…
Surque su superficie plateada mientras nuestros cuerpos se acercaban sin remedio… admirando su figura y sus contornos, incluso pude visitar su lado oscuro que desde ahí no lo era tanto y de pronto mi tan anhelado suceso ocurrió. Mi cuerpo toco su suave piel fría y de la emoción explote cayendo sobre su cuerpo.
En un principio permanecí quieto durante lo que duró una eternidad con los ojos cerrados y las palmas bien abiertas, hecho un reguño pero con los dedos aferrándose como raíces fractales.
Cuando abrí los ojos pude observarla con la forma de una niña evanescente. Mis pupilas como agujeros negros consumían esa luz infinita que nadie hubiese sido capaz de extinguir ni con una capa de materia oscura.
  • -No puedes quedarte mucho tiempo aquí… Dijo alegre entre su candente sonrisa.
  • -Pero ya que has venido… vayamos a dar una vuelta.
No logré balbucear algo coherente a modo de respuesta pero cogido de su mano, la seguí a donde fuera que me llevase. No tenía casa, porque dormía en las curvas de los cráteres que en verdad parecían cómodas hamacas dispersadas por la arena de una playa sin mar.
Saltamos por los precipicios, rodamos en las dunas, patinamos sobre el hielo escondido y visitamos las ruinas haciendo espeleología por las cavernas… Después recostados y extenuados en el mullido polvo de estrellas, acercó su boca a la mía
Y entonces el terrible despertador me transporto de nuevo a la maldita tierra sin ella. 

viernes, 10 de marzo de 2017

La parca acecha.

Siete años matando asesinos en Rusia dejan hasta un país tan helado desierto.  El vodka crecía frenético en los estantes sin su numerosa legión de seguidores sedientos después del trabajo. Un país frio que sufría de alguna manera una enfermedad letal y contagiosa. Cuando nos quisimos dar cuenta. Recibíamos hasta ofertas de la competencia para liquidarnos a nosotros mismos.

A Némesis la idea le hacía morirse de risa. Nunca nadie podría ponerle en contra mía. Porque al demonio de la sonrisa no puede matarle dos veces la misma cosa. Némesis ya acabo conmigo la primera vez que baje al infierno. Un muerto no puede volver a morir. Aquella vez me salve por un pelo de un coma que duro un año, en lo que logre salir a nado del mismísimo Egeo.

Cuando acabamos en Rusia ya podíamos volver a casa, porque de alguna forma extraña todo lo que sobraba allí había emprendido viaje a España. Así que como buenos rastreadores, seguimos el camino de miguitas hasta la costa este. Comenzamos en Barcelona y bajamos hasta el sur siguiendo la autopista.

Comprobábamos el terreno palmo a palmo de forma milimétrica, no había piedad ni descanso.  Tampoco  dejábamos cabos sin atar. Cualquier empresa era meticulosamente analizada, ya fuese de limpieza o un burdel. Yo y mi sombra dorada, nos cerciorábamos de que ningún detalle pasara por alto.

La mafia no tardó mucho en llamarnos la parca. Nos descojonábamos de nuestro cariñoso mote, y lo usábamos con inusitada violencia. Cuando entrabamos en acción ya no había cabida para las preguntas y los interrogatorios. Repartíamos como un crupier en una mesa de apuestas. Todo el que estaba presente recibía lo suyo por descontado. Nunca faltaba el plomo en esa maldita pistola.

Las fuerzas del estado español, siempre llegaban tarde a las reyertas, en parte para no verse mezcladas en la ensalada de disparos que se podría como una virolenta tormenta surgida de la nada. Únicamente tenían dos funciones, la de limpieza tras el debido atestado y para frenar de alguna manera la oleada de extranjeros que bajaban hacia el sur presionados por el embolo de la muerte.

La parca original portaba una guadaña, nosotros más originales, llevábamos revolver y cuando el cargador se agotaba cualquier objeto se convertía en útil hasta volver a recargar. Siete tiros generalmente daban siete muertes a no ser que se dispararan a quemarropa que en ese caso había llegado a liquidar a nueve con un solo cargador.

Entre ráfaga de disparos y ráfaga, se abría la veda al asesino del día. En ese caso la imaginación entraba en vanguardia. Ceniceros, sillas, mesas, botellas… no importaba el número, ni el género, quizás algo más la especie o el material. Puesto que las barras de acero funcionaban mucho rato por encima de la madera o el cristal por su resistencia.

No importaba nada aparte de jugar. Y en eso Dios sabe que eran los mejores, al igual que dos eternos críos, se pasaban el día peleando contra el mundo, salvo que en esa ocasión su genocidio se basaba en exterminar todas las mafias que actuaban en la costa, sin que las fuerzas de seguridad pudieran evitarlo. Y para nada era un campo de flores… aunque en los féretros de sus víctimas abundaran.

La policía también nos seguía a nosotros porque a pesar de ser una ayuda macabra, no dejábamos de ser delincuentes causantes de demasiado alboroto como para permitirnos actuar tan libremente y con total impunidad. En eso había dos vertientes. La vieja escuela a la que le agradaba la forma de actuar y los novatos que soñaban con encumbrarse en la cima de capturar al demonio de la sonrisa, como cariñosamente se nos había apodado.

En fin, toneladas de plomo después… y tras dar dos vueltas enteras a la costa ibérica. Ya apenas quedaba nada coordinado de la mafia. Habían salido escopetados hacia miles de direcciones pensando que así nada ni nadie podría seguirles. Y en verdad algo de razón tenían. Era la hora de unas vacaciones… 

Viajamos a Eivissa no por seguir presentando batalla, sino para descansar y retomar viejas amistades. Una vez estuve en el infierno por mi propia causa y otra por un accidente en el que me vi involucrado. Cuatro vueltas de campana y una hora sin conciencia, suele hacer que a una curva cualquiera del centro de la isla, se le pueda llamar hogar. Recuerdo despertar en urgencias con la cabeza cosida de cualquier manera entre los baches y las curvas. Mi frente sigue teniendo un agujero con la forma de un rayo que lo atestigua.



Aterrizo en el aeropuerto y recojo mi equipaje… cuando emprendo la dirección de salida, un guardia civil solitario me corta el paso pidiéndome la documentación. Dentro de la maleta Némesis se revuelve, noto por el asa como sus ansias vibran dentro de mi puño, con la mano libre busco mi cartera, en lo que unas voces comienzan a escucharse a mi espalda. Espera, espera a ese no!, escucho desconcertado.

El que me detuvo echa mano a la pistola en lo que el desconocido de mi espalda llega a su lado y le detiene en su siguiente acto.

-          -A este chaval no hombre! Si es Miguel Ángel…
-          -¿Cómo? Le cuestiona el interesado.
-          -¿No te acuerdas que un día te conté lo del tío muerto de la curva de San Carles?
-          -Si claro…
-         - Pues es este!!!. Bienvenido cocinero.


Sonriendo les doy la mano a ambos, mientras me despido hasta la próxima. Les doy las gracias y les digo donde me hospedo para que puedan pasarse a tomar algo. Némesis se relaja de nuevo en su cómoda funda. Hemos vuelto a casa sin que el tiempo haya pasado.

Inicio.

Ponerse un objetivo, es el primer paso para alcanzar una meta. Después del tabaco toca lo siguiente. Una escalera hacia mejores propósitos… Mientras sobrevivo a la vorágine de días que me espera, miro por la ventana de la escafandra mientras las burbujas suben y yo sigo anclado.

Empiezan a brotar las alas con la llegada de la luna llena. Florecen los bulbos con la llegada de la primavera. Por muy altas que sean las olas de tormenta en el fondo del mar solo se notan ondas donde en superficie tiemblan hasta los acantilados.


Sigo esperando a que se libere al kraken. Dentro de cinco meses, tragaran saliva hasta los dioses del cielo. Porque nadie pone cadenas a un demonio de la sonrisa que tiene el tiempo suficiente para urdir su venganza. Un poco más y les pillara el remolino. Yo ya dije que el sistema tenia fugas, ellos olvidaron escucharme para variar. Quien mea contra el viento, termina empapado.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Jerarquía.

Tres primeros no
son mejor que un segundo

si hablas de entrantes

domingo, 5 de febrero de 2017

Origami de fénix.

Deambula por las calles
sin prisa ni demora
acariciando la acera
con el roce de sus pies.

El frío invierno aguarda
en la calle su salida
cual gato a la luna
cualquier madrugada.

No hay reloj ni tiempo
para un insomne
cuando cae la noche
y se vacía su camino

No queda gente
ni buena ni mala
en toda su rutina
de borrar la calle

Para que nada
se encuentre
aquel que pinte
la siguiente mañana.


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