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domingo, 29 de marzo de 2009

Vacaciones


Las ramas clavaban al cielo sus puntas hasta que conseguían que el viento les devolviera sus flores… Lentamente Eolo se fue marchando y las flores fueron apareciendo poco a poco en sus despobladas ramas.

Algo natural que se sentía en la piel… los pájaros habían empezado con sus ruidos matutinos revoloteando y piando hasta que el último perezoso en la tierra se hubiese despertado. Eran los pregoneros de la primavera y como tales solo tenían la función de alegrar nuestras mañanas.

El sol comenzaba a dominar otra vez el firmamento con sus rayos y llamas cayendo desde un cielo azul hielo glaciar. Las nubes iban a su antojo… pero ellas siempre han sido así, son las almas de los soñadores diurnos que desaparecieron del mundo y aun así siguen fabricando figuras imposibles para adornar las alturas con conejos y ositos… de caballos y dragones… de cualquier cosa que pudiera ser visto por un niño.

Los adultos en cambio han dejado de mirar al cielo para comprobar sus propios pasos a ver si van en la dirección adecuada. No tienen tiempo para nada más que sus vidas laborales y las personales se entierran bajo una pila de documentos atrasados y facturas sin pagar. Las corbatas de los banqueros comienzan a convertirse en sus propias sogas y cuando la crisis llegue al extremo antes de subir.

Contaremos cuantos han caído o han huido desbancando fortunas para desaparecer. El otro día me cruce con uno que hacía 10 años lo había hecho. La vida le había tratado genial porque con el bolsillo lleno de billetes nada era tan complicado… le maldije y un árbol troncho una rama encima de él y le empalo… riéndome le señale con el índice mientras algunos demonios estaban metiéndole por la boca de la alcantarilla más cercana… un ángel despistado me increpo por esa acción y simplemente me gire soslayando esa conversación.

Si los humes habían despreciado la cadena de poderes… yo también podía hacerlo… era la justicia de los ángeles caídos… ni para el bien… ni para el mal… simplemente observadores e implantadores de una ley universal. Que hubiese condenado a ese hombre fue sencillamente porque él había condenado a mucha gente por su simple avaricia.

Los humanos estaban empezando a hacer las cosas a su propia voluntad… a su antojo y si era posible pisando a los demás… el orgullo valía caro y la prepotencia iba adornada de diamantes… cuando llegue a la soberbia… le puse cara y dibuje una diana.
Aun recordaba los tiempos en que las personas eran “personas” y se compartía la justicia… conforme el dinero inundó el mundo… todas las desigualdades se hicieron patentes como una tolva de agua mezclada con aceite… las burbujas suben sin que nadie pueda cambiarlo.

Entonces decidí abandonar el cuerpo de los ángeles caídos que no se declaraban hacia ningún lado de la balanza… Los ángeles cada vez aparecían menos por la tierra y los demonios fueron condenados al subsuelo por una eternidad…

Los hombres en cambio eligieron hacer el mal en la tierra y se encontraron conmigo sin esperarlo. Caminaba tranquilo sin causar problemas… era un extraño tipo de sonrisa afilada y ojos oscuros… De las alas no me quedaba ningún rastro porque inteligente de mi se las di a Ícaro para que pudiese cumplir su extraño deseo de llegar al sol… no le dije que se las pegase con cera… pero es que una persona con aspiraciones tan altas no suele tener preocupaciones banales y el pobre acabo estampado sin sueño ni nada, convirtiéndose en fragmentos como sus ilusiones al estrellarse con el suelo.

Yo en cambio escogí vivir junto a la humanidad sin mezclarme demasiado en los asuntos de los hombres… un alma libre caminando por la superficie de la tierra y igualando ecuánimemente todos los asuntos que ante mí se presentaban.

Desde mi llegada a la tierra siempre he tenido un vinculo fuerte con Madrid por su estatua del retino… es un buen sitio para expiar mis penas y ese ángel de piedra; él es único que me entiende mínimamente.

Recuerdo la evolución de las eras y como el hombre cada vez ha perdido eso que lo convertía en no animal… metiéndose de cabeza en esa especie con sus múltiples errores cometidos una y otra vez… y llegados a este momento la pequeña piedra con la que continuamente se tropezaban se había transformado en un atolón con el tamaño de una montaña.

El asqueroso dinero había corrompido sus débiles mentes hasta convertirse en una especie de enfermedad a la que denominaría como cáncer… que junto al poder era lo que hacía inestables a estas personas.

En la antigüedad esos puestos estaban ocupados por personas con una alta cualificación moral y un brillante código ético que se fue perdiendo hasta llegar a nuestros días…
La primavera siempre me relaja y me olvido de mi trabajo. Disfruto de las flores repartidas por doquier como una buena mano de cartas… las más altas no son las mejores y en ese rango prefería las campanillas pequeñas con su dulzor. Todas las flores son bonitas de noche y de día y no entienden del tiempo para dar sus fragancias al aire y al viento.

Siguen siendo igual de bellas hasta que se marchitan y se pierden en el futuro verano… otras las sustituirán para hacer que este mundo siempre tenga algo bonito y hermoso… algo pequeño y sin valor. Pero no sin la importancia de las cosas que a pesar de ser diminutas están cargadas de un exquisito valor que superaría con creces al valor de todo el oro del mundo.

Burlándome de esa extraña afición de los hombres de acumular poder por el vil metal, memorice todas las ollas de oro que había incautado a duendes despistados… metí la mano en el bolsillo y palpe las brillantes monedas… extrayendo de ellas todo su frescor antes de lanzarlas ardiendo al fondo de la fuente. El shiiihhhhssh de su sonido al tocar el agua me encantaba y verlas descender bailando junto a las burbujas que emanaba un espectáculo sin descripción…

Me relajé después tendido sobre una alfombra de césped que acariciaba mi cuerpo como siempre había hecho… recordé la afinidad que me llevaba a la tierra… recordé mi caída del cielo para salvar a una magnolia marchita que se precipitaba contra el suelo y como por ese simple hecho me encontré irremisiblemente condenado a vagar por la superficie terrestre.

Cada primavera cumplía un año más a su llegada… por eso cuando adelantaban una hora más entraba en vacaciones otorgándoles una oportunidad… entonces me ponía una camisa de flores y me marchaba a Hawái… disfrutaba de todas las plantas exóticas y sus olores… comía manjares de múltiples sabores y surcaba las olas montado en una tabla de caoba que había hecho yo con un árbol partido por un rayo en uno de mis viajes a África.

Asi gastaba la estación de las flores viajando por el mundo en busca de todos los olores conocidos para guardar durante el resto del año en mi memoria olfativa… el olor de las mimosas se igualaba al de los jacintos y las azucenas mientras que olía todas las flores que se cruzaban en mi camino.

En mis años de existencia he visto tantas flores como monedas de oro y por nada del mundo cambiaria unas por otras… he asistido a tantas historias de humes que el único consuelo que me queda es saber que aún quedan rastros de esperanza cuando la primavera florece en todas las esquinas… y por un segundo se ve reflejada en las pupilas de algún niño de sonrisa traviesa.

viernes, 27 de marzo de 2009

Sherezade


Ella era la única mujer del mundo que sabia sacar música a las piedras… desde que era una niña con coletas descubrí su poder cuando hacía temblar a los adoquines a su paso… Entonces no sabía su nombre, pero una profesora de egb me lo grabo con fuego en la memoria. Atila… Atila la terrible era una simpática chica de aspecto delicado y bello pero a la vez jovial y alegre como una margarita… parecía estar siempre en una especie de nube. Tenía el pelo moreno y la piel bastante clara… sus ojos eran dos gotas en un pozo de agua… pero desde la distancia nunca supe decir su color.

La verdad es que yo la miraba entonces con mariposas en el estomago porque sencillamente tenia magia. Cuando corría con sus zapatillas el traqueteo de sus pasos hacían temblar el suelo y conseguía sacar melodías a los antiguos bloques de adoquines hechos de piedra. Tamborileaban entre ellos chocando y riendo mientras que ella pasaba por encima con sus sandalias de goma.

Pasaba los días apostado en mi espacio secreto a la entrada de Santa Ana. Detrás de la columna la cual también vibraba a su paso con una frecuencia calmante. Después de asistir más colegios volví a desconocer su nombre. Ya que pertenecía a un rey Huno cuyo caballo era el que cortaba el bacalao en la relación… siendo él con sus cascos el llevaba el monopolio de los jardines impolutos… Y si no pagabas… adiós césped… Pero eso es otra historia…

La cosa es que por una jugada del destino tuve que dejar la ciudad por asuntos ineludibles… a penas con 6 años… mi corazón tardo en cicatrizar cuatro helados de vainilla mas tarde. Fue intenso y aun la recuerdo con esos increíbles helados… pero todo ocurrió cuando volví a vivir a la ciudad de nacimiento sucedidos ya 20 destinos desde entonces…

Muchas historias y muchos recuerdos tapando imágenes sobre imágenes… cosas que se habían perdido para siempre y otras claras como el agua de una botella de cristal… Una de ellas esa calle de piedra que no había vuelto a encontrar en ninguna ciudad en las que hubiese vivido.

Sentí cada año en la piel de mis pies a través de las chancletas… incluso sentía el frescor de la roca húmeda por la mañana de vuelta a la casa… era el mejor sitio donde perderse a los pies de una cultura dormida entre susurros.

Y simplemente sucedió…

La música comenzó a sonar claramente en mis oídos… ese vaivén de risas y alborotos… esa alegría de las piedras tocando cascabeles… me gire en la calle con la gente salpicada y trate de encontrarla…

El sonido esta vez era más fuerte por lo que busque unos tacones… entre todos los pies no conseguí encontrar un par debido a los adoquines y lo que encontré fueron unas sandalias de cuero transportadas por una morena de ojos oscuros como la noche de los tiempos…

Su piel había cambiado y ahora tornaba canela y brillante por el sol… la pequeña Atila se había convertido en una especie de doncella musulmana de increíble belleza… Su ropa era aireada y colorida, como alguna de esas mañanas en el campo al lado del rio… Mucho verde con líneas de colores… todo apagado un par de tonos por el tiempo y el sol… pero toda esa gasa flotaba alrededor suyo movida por la música de sus pies.

A veces parecía estar flotando en el aire y aun así las piedras seguían su festín por debajo de sus pies… Fue cuando sentí el recuerdo de la columna resonando en mi espalda y el viaje a Madrid con las maletas y los juguetes… nuevo colegio y recuerdos en botes de aceite colocados en alacena. Cada año una cosecha consumida al siguiente.

Muchas caras y pocas postales… un niño que comenzó a viajar por toda España sin destino final y con historias convirtiéndose en humo… Durante mucho tiempo deje de intentar hacer amigos… me dedicaba el año sabáticamente hablando sin tener que esperar el siguiente destino de mi padre hasta que fui a la universidad. Y entonces dure lo que duraba la carrera en una misma ciudad…

Cuando acabe… casualidades del destino y cinco copas de por medio. Un brillante artista me ofreció dinero por un libro de fotos de granada en blanco y negro…

Una granada de día y una de noche… y allí me encontraba yo… viviendo a gastos pagados mientras me reconciliaba con la ciudad de mi cuna. Los recuerdos llegaban a borbotones. A veces nada y otras demasiado…

Ella me sobrepaso con creces… había olvidado completamente su existencia, pero no la música de sus pasos… Intente hacer una foto a las piedras moviéndose… y salieron tímidas y paradas… pero yo sí que podía verlas… las veía disfrutando… viviendo… era en la alegría de una sin nombre en la que residía el hechizo…
Al parecer nadie más se había dado cuenta y yo disfrutaba de su presencia… Aquel día solo conseguí una foto de su bonito pie… revelado más tarde un bonito grabado árabe recorría el empeine sobre una enredadera de tréboles y picas…

Sonreí al verla y la clave en el corcho de la pared… era una buena de empezar con buen pie por las mañanas… después de aquella vez nos cruzamos unas cuantas veces… siempre disfrutaba con sus andares hasta que un día ocurrió lo que tenía que ocurrir…

Estaba yo fotografiando callejas del mirador cuando el sol ya estaba desplomándose y todos los ángulos salían perfectos… figuras cuadradas partidas por la diagonal… que va trepando por las paredes… Con la música en los oídos prestaba atención a La chica de Ipanema… y no la hoy llegar hasta que no la tenía encima… me gire para encontrarla y la halle a un palmo de mi cara…

El panorama era desalentador porque la cara de estúpido no me la hubiesen quitado ni con una maza… también porque tenía un auricular puesto y el otro quitado para localizarla y la chica de la cancion se reía con su voz al otro lado del océano.

Una sonrisa salió de su cara y de la mía aun no afloraba nada… era una fotografía con dos diafragmas. La cámara apuntando a su mirada y el clic anuncio el zumbido del disparador. La foto salió y quedo perfecta… su mirada como dos piedras de azabache. Profundas y brillantes.

Sonrío ante la foto y puse ese momento en el fondo de mi pantalla… Me pregunto que si yo también podía oír la música y asintiendo como un mono estúpido le dije que sí. Cambio Atila por su nombre Sherezade y todas las músicas robaron su nombre. Su voz era suave como la voz de una flor de las arenas rezando al viento del desierto.

Su pasado enterrado bajo las dunas de mi memoria abandonada a los cascarones de los barcos embarrancados… como viejas ballenas latiendo inertes bajo las capas de la final arena de las montañas del tiempo.

Su presente ante mi objetivo y todas las fotos del futuro esperando en la siguiente toma.

Sonaron unas cuantas fotos mas antes que mi nombre cayera a sus pies como un cubito de agua escupido… sin fuerza y saltando ranas sobre los adoquines… resbalando para desaparecer con el sol.

Su abrazo me retorno al pasado… y la vi corriendo por esas mismas calles como una niña con coletas y dientes mellados por el tráfico de marfil. Ahora en el presente las estrellas caían una a una para colgarse de su cuello y ser las testigos de una vida con duende.

Aquella noche entre humos de sabores y aromas de te… me conto que siempre había podido encontrarme porque la hacía sentir especial… La música de las piedras siempre era la misma, pero con su presencia sonaban campanillas…

Habían tardado algo más de 20 años en encontrarse y no más de 20 min para conocerse de toda la vida… toda la espera se resumió en el aletear de unas mariposas que temía extintas… surgieron como el fénix y me llevaron flotando en su estela.


Todo fue tan intenso como los aromas de la memoria… el agua comenzó a hervir y el te lo lleno todo de un aroma afrutado con toque de canela… a escuche acariciando el mármol con los pies descalzos… el sonido del placer se acercaba de puntillas como un gato… Pase unos años fotografiando en blanco y negro… y también muchos besos de musa… Cuando termine el trabajo entregue una versión de Granada a medio camino entre lo antiguo y lo moderno coexistiendo pacíficamente con la alegría de las calles de piedra sus historias y yo conseguí uno de la ciudad de mis sueños con una guía tan excepcional como solo ella podía ser…

Desde entonces no hemos parado ni un año en cada ciudad que hemos visitado… la he seguido por todo el mundo siguiendo la música que bailan sus pasos sobre las piedras que nos vieron nacer con el sonido de una campanilla.

jueves, 26 de marzo de 2009

Mar de arena


Estaba perdido en medio del desierto sin que nadie pudiera ayudarme… el teléfono fue consumiendo la batería al ritmo que yo me bebía la botella de agua que llevaba en la mochila… cuando ambas se acabaron las monedas caían de canto en la fina arena rojiza sin declararse en cualquier resultado posible.

El sol clavaba perpendicular sobre mi y no había encontrado ningún refugio que pudiera salvarme desde que deje la cueva donde había pasado la noche y grano a grano el viento había cuarteado mis labios hasta jugar a las tres en línea… curiosamente siempre perdía yo y los labios cada vez me escocían mas… intentaba humedecerlos con la lengua hasta que también se agoto mi saliva.

Mis pies seguían por inercia mientras que mi cuerpo era transportado como un zombi maltrecho huyendo de la luz del sol… llego un momento en el que iba bailando de espejismo en espejismo como el gato que corre detrás de un haz de luz… sin sentido y sin conciencia.

Cuando acabe de exterminar ilusiones caí abatido y me desmaye. No recuerdo cuanto tiempo pase allí tirado en el suelo. Pero al abrir los ojos el cielo comenzaba a teñirse de naranja y la luna estaba aflorando por el otro horizonte. Así que puse como referencia ese este y levantándome como pude me dirigí por a su encuentro.

Notaba la mezcla entre arena y saliva en mis labios y a pesar de la pastosidad de mi boca logre olvidarme de la intensa sed que me asaltaba. No me importaba y debía seguir adelante en el momento en que mi pie cedió y me precipite rodando duna abajo. Al llegar al suelo la bola que yo formaba se abrió como una bayeta arrugada y cuando pude volver a levantarme me encontré lo que para mí era la imagen más bonita del mundo.

Era un enorme cactus que aun no comprendo cómo no pude verlo antes de caer… el recuerdo de la angustiosa caída me aclaro que estaba claro que se escondía de mí y me había dado una dolorosa sorpresa. Aun así tuve que contenerme de no darle un abrazo como si fuera uno de mis mejores amigos que llevaba tiempo sin ver.

Me senté con las piernas cruzadas y busque en mi memoria aquellos documentales que de pequeño veía del desierto y la supervivencia. Visualice todo lo concerniente a tomar líquido de una planta y me alegre por esa suerte inesperada al final del camino. Pase un rato buscando una piedra afilada cosa que no encontré… pero en su defecto una con forma de queso de bola salió a mi paso tropezándome con ella.

La recogí y me dirigí al cactus… usándola arranque unas cuantas púas que uní entre ellas con un hilo arrancado de la camiseta. Las puse con la punta mirando a la carne del cactus y la martillee con la piedra hasta que la primera gota pareció surgir como un llanto silencioso y sincero. Un golpe más y el liquido recorrió las púas hasta cae en mi boca que parecía esperar el seno de la vida. Bebí y bebí hasta que no pude mas tapando el agujero con una pequeña piedra que rondaba a los pies.

Acto seguido mutile a un hijo cercano con la piedra y tras partirlo por la mitad como un coco maduro arañe con las manos la jugosa carne con sabor a pepino hasta que solo quedaban las puntiagudas cortezas como simples kiwis tirados por la arena.

Me tumbe un rato a descansar de la mezcla entre ilusión y satisfacción personal introduciéndome en una especie de siesta de sueños ligeros pero anestésicos… después de un rato la explicación llego a mi cabeza como una bombilla encendida en mitad de la noche. Recordé que se trataba de un san Pedro y que tras no haber bebido agua en muchas horas la ingesta me produciría unos efectos alucinógenos bastante fuertes.

Me levante como pude y me puse una sonrisa antes de salir andando con una borrachera caminando por encima de las nubes… sostenía realmente bien la verticalidad pero no conseguía que mis pupilas dejasen de focalizar las cosas… parecía una cámara a punto de disparar la fotografía perfecta.

Cuando el flash salto me llego el sabor a la rabia y el dolor que me habían llevado a abandonar el coche en mitad del desierto. Algo que había olvidado por completo perdido en la angustiosa desolación. El motivo vino a mí claramente como el líquido que se había escurrido por mi garganta. Llegaba tarde a salvar esa extraña relación que llevaba con esa chica sin nombre que vivía al otro lado de la isla. Creo que me olvide de la distancia porque al darme cuenta otra vez de la realidad ya no había rastro de la gigante duna ni del cactus pero la luna en cambio parecía más grande que nunca.

Un águila chillo en el cielo encima de mi cabeza… mis oídos lo escucharon nítido como el segundero del reloj de la mesilla… oía el viento pasar entre las plumas de sus alas y también su pico cortando el aire en un siseo continuo que me extrañaba que no escuchasen las otras aves a un kilometro de distancia. Parecía reírse de mí y cuando logre entenderla en efecto lo estaba haciendo.

Descendió hasta posarse como un copo de nieve en la arena que ahora era negra. En cambio el águila brillaba como la luna que era tan grande como las pupilas de la rapaz. Ambas me decían algo en un tipo de susurro penetrante. Algo que resonaba con mis células y las hacia vibrar. Estaba perdiendo la cabeza y ni siquiera sabía dónde estaba esta. Subí la mano y encontré vacio el lugar… después me di cuenta que se trataba el corazón…

Este se dedicaba a correr de un lado al otro dando unos ridículos brincos por lo que con la cabeza en su sitio Salí corriendo tras de un corazón que parecía una croqueta quemada. Como pude limpie su superficie en una pequeña laguna que desapareció en cuando me di la vuelta.

Ni siquiera pregunte donde se había metido porque yo mismo estaba haciendo una nueva con una catarata surgida de mis pantalones. Una extraña sonrisa de satisfacción hizo que la luna se pusiese roja y el águila en cambio amenazo con cortármela sino la guardaba en ese momento.

Por el respeto que profería a un animal que hablaba y tenía mala leche a pesar de que fuera un ave. Me la guarde y cuando terminaba de abrochar el último de los botones me di cuenta que había llegado al mar… El águila estaba comiéndose una especie de dorada de múltiples colores y le pedí que le diese una vuelta en el fuego antes de darme una ración.

Me tiro una entera y me dijo que me las apañase como pudiera con un chasquido de mis dedos descubrí las dos supremas limpias de vísceras, escamas, aletas y sin la espina. Sonreí por la magia de mis dedos y se las lance a la luna para que las marcase sin llegar a quemar.

Me las devolvió en un plato plano con una botella de champagne. Le di las gracias y me senté a contemplar los flujos de la marea… Me invitaban a unirme a su corriente y con una reverencia rechace el ofrecimiento. Le dije que otro día iría y se marcharon en busca de algo de riesgo.

Un gato atigrado le robo un trozo del pescado al águila y esta se fue volando maldiciendo a los antepasados del felino. Me dio pena porque había empezado a cogerle cariño, pero los ojos verdes estaban cruzados por una línea demasiado profunda como para que me fijara en otra cosa. La boca del ojo comenzó a moverse y el mar se abrió en dos… Quise ir a ver a los peces a través de la pared de agua… pero reaccione a tiempo tapando el plato con la chaqueta y las paredes cayeron haciendo una ola vertical de espuma. Se escucharon unos cuantos lamentos de unas sirenas lesionadas…

Pero el gato dejo de intentar robarme… paso la noche entera acompañándome mientras veía mi infancia reflejada en sus ojos. Cuando llegue a la adolescencia le di el trozo de pescado que me quedaba y le lance el plato a la luna que se convirtió en una sonrisa. Le di un trago más a la botella y volvió a convertirse en una burbuja. Sonreí porque me gustaba mas así… creo que me lo había pegado.

Cuando el reloj anuncio la salida del sol el primer rayo me ilumino la puerta de su casa. Llame el timbre y salió corriendo para caer en mis pupilar. Chillo algo que ni yo ni el gato comprendimos. Pero a los dos nos dio agua para beber.

Desperté en su cama 2 días después. No había cogido el avión prefiriendo quedarse conmigo. Mi coche apara recio una semana más tarde. Solo le faltaba el conductor. Firme por el acuse del recibo de grúa y agarre de la cintura que tanto se parecía a ella. Fuimos a buscar a la corriente esa misma noche y nos perdimos en el mar. El gato es que vive ahora en esa casa… un par de sirenas amables nos acompañaron hasta la Atlántida y desde entonces vivimos siendo diplomáticos. Los días son amenos como burbujas en el vacío. Echo de menos el sol… pero la luna también brilla en las profundidades. Ha venido a visitarme un par de veces y el gato también… aunque no es bien recibido por todos. El águila ha pasado de bajar. Pero una vez a la semana me manda peces de la costa.

Al final nada era como parecía… me perdí en un desierto para acabar en otro debajo del océano. Según dice la gente a veces recibo la visita del cactus que me devolvió mi vida. Pero yo nunca lo recuerdo. Gasto mis días quitándome espinas del alma… para el año que viene estará impoluta. Ella sigue conmigo. Una vez me dijo que lo hizo porque le encanto caer por mis pupilas… fue lo más especial que nunca había sentido. Yo no sé que es a lo que se refiere. Pero todas las noches caemos los dos por ellas para no olvidarnos.

martes, 24 de marzo de 2009

Un día incienso


Me fundo y mi cuerpo se desploma como un cubo de agua en el suelo… abarco un gran círculo amorfo rápidamente y después todo termina.

Comienzo a sentir como algo tira de mi y cuando quiero darme cuenta mis pies se precipitan por los peldaños de la escalera… a mi paso borro todas las marcas de polvo y pelusa que se habían acumulado con el tiempo.

Al final lo hice y deje de tener miedo a ese chico de tercero que me amenazaba en los recreos con usarme como escoba. Le tache de mi lista y me prometí en mandarle una escoba por su cumpleaños… puede que no conociera ese utensilio y sigo pensando que usar el cuerpo es poco higiénico.

Acabo llenando de mí la alfombra del recibidor… no creo que deje mancha así que me olvido de lo ocurrido y pasó a la siguiente fase. No sé donde ir y la respuesta viene sola… noto como sótano llama y cuando quiero darme cuenta vuelvo a jugar a las avalanchas con la porquería del suelo.

Según parece tendré que ducharme después con agua caliente y mucho jabón… pero la verdad es que la experiencia añade diversión a la limpieza.
La idea de la ducha parece agradable y comienzo a imaginar la ruta de ascenso. Desde abajo todas las cosas me recuerdan a mi jardín de infancia. Demasiado tentadoras al igual que lejanas. Pierdo el interés en alcanzar la lámpara de lava, pero me ha dado una gran idea…

Me acerco reptando sobre mi vientre… parezco una serpiente gorda que lo anega todo… doy un rodeo por la cochera esquivando la mancha de aceite que todos los días acabo saltando… me temo que los pies no lo han conseguido y ahora sí que me doy asco a mí mismo.

Llego la caldera y evaluó la situación.

Tengo 30 min para estar duchado y preparado para que me recojan… no hay que perder el tiempo. Tengo la ropa preparada en la cama así que me prometo no volver a las andadas la siguiente vez que tenga algo importante. Sonrió por dentro porque no he podido ver si había cruzado los dedos… hago una suposición y entonces acierto.

Me subo trepando por la pared al conducto del aire… me filtro por las rendijas de la chapa y caigo dentro. Todas las cajas de metal son igual de acogedoras… demasiado ruido y pocas nueces… aunque reconozco que la suavidad fría del metal me hace excitarme… vuelvo a sonreír porque nadie lo ha notado y entonces me dirijo hasta la principal que llega al dormitorio. Una vez allí me decepciono ya que está demasiado alto y si la mesa quedaba lejos eso parece el techo del mundo.

Así que me dejo caer por el tubo sin mas dirección que el destino… cuando llego al punto 0 me concentro en una balsita y me tranquilizo… el tobogán me ha encantado aunque el tiempo corre y me da que esta vez llegare tarde.

Pienso en la ducha y recuerdo la fuga de agua de la caldera… salgo de nuevo y llego a la cadera… cuando me giro a mirar me doy cuenta que estoy dejando la pared hecha unos zorros… invento una excusa para el seguro y me la deniego a mí mismo. Cuando tengo la cabeza metida en la avería me doy cuenta que con teflón podre arreglarla el próximo día… le añado un par de semanas y firmo el presupuesto.

Vuelvo a la realidad estoy a medias en ningún sitio… así que pienso como introducirme por completo… el agua que había delante de mí ya no avanza y con la viscosidad adquirida la ascensión se complica. Me acuerdo del tiempo y pienso deprisa… mi mano sale disparada hacia el cuarto de baño arañando las cañerías… cuando llega al grifo lucha con la bola hasta que consigue abrirse paso. La primera gota es un dedo que se cae en el plato con el siguiente pongo más cuidado y uso la cal para subir trepando hasta el grifo… subo por los valles de la rosca como un tornillo de agua…

Hago un poco de fuerza y siento como algo me chupa hasta la medula… mis ojos de vuelven hacia atrás antes de caer con un choff en la ducha… el agua caliente viene justo después… y siento como recorro el plato… los 45º me hacen subir con el vapor y cuando quiero darme cuenta me estoy mirando a los ojos en la mampara de cristal. Cojo el champú y lo despilfarro sobre mi grasiento cabello… siento como el albaricoque me llena la boca por las narices. Pienso en darle un mordisco y lo desestimo vertiendo un hilo de gel sobre la esponja en 10 movimientos rápidos acabo con las extremidades y me froto con saña el pecho y la espalda… no quiero manchar el cuello de la camisa.

Cierro el grifo y la niebla me presenta abriendo las puertas a la fama… dejo que al agua sobrante escurra por mi cuerpo mientras que me froto el pelo con la toalla… seco pecho y espalda rápidamente y me ato la toalla a la cintura… paso del cepillo de dientes y voy directamente a por el desodorante doy dos pasada en cada axila y con cuatro pasadas del peine dejo todo el pelo cayendo hacia atrás… salgo corriendo y me escurro… de milagro llego resbalando a cuatro patas hasta la cama. De un salto me encaramo esquivando caer sobre la ropa. Doy dos vueltas de campana y consigo secar totalmente el cuerpo contra las sabanas.

Buen trabajo… Suena el reloj y me enfundo la camisa… consigo enhebrar las piernas a la primera y el pantalón se abrocha solo a mi cintura… subo la cremallera con las manos por si las moscas y cojo la chaqueta y arrojo dentro de ella las cosas que hay en la mesilla… mientras salgo clavo los pies a los zapatos un movimiento oblicuo combinado y el izquierdo termino metiéndolo de una patada al armario…

Me arrojo a las escaleras como un loco subiéndome al pasamano en el último momento recorro los dos primeros tramos de la C cerrando los botones excepto los dos últimos. Cuando llego al suelo caigo como un gato y agazapado termino los de las mangas. Suena el timbre y reconozco la voz de la puerta…

Oigo algo de que llegamos tarde y cuando abro la puerta sonríe aliviado. Mi hermano siempre con prisas hasta en día de boda… le tiro una de las dos cervezas que había dejado en la puerta de la entrada. Era una absurda tradición de cuando salíamos de marcha…

La acepta gustoso y me pregunta por la corbata cuando la puerta ya se ha cerrado… también dice algo de la alfombra empapada… esquivo las dos diciendo que me con ella me ahogaba y muestra una gran sonrisa de las causas perdidas. Yo le pongo una mejor y me coloca el cuello de la camisa.

Cuando montamos en el coche y arranca el motor me imagino como seria la explosión de la gasolina… antes de que suceda me paro en el camino… los postes no acaban correr en dirección en contra de las ventanillas como las ratas huyen de una catástrofe…

Al girar a la derecha llegamos a la iglesia… la mitad de la gente ya ha entrado la otra nos premia con las manos como una comitiva de monos estúpidos celebrando una fiesta. Apuro mi cerveza mientras que mi hermano corre hacia la puerta… cierro la mía del coche y enciendo un pitillo… camino sin prisas y me asomo a la puerta… el novio está esperando en el altar y la marcha nupcial aun no está sonando… Hecho el humo dentro de una bocanada y un par de flases me pillan infraganti.

Doy un respingo para atrás y me rio a carcajadas en el umbral de la iglesia. La música comienza y entro por la puerta… saludo con la mano a la novia y la dejo pasar… detrás de ella voy saltando como un conejo de pascua hasta mi asiento. Al verme sentar al novio le entra la risa y la novia hace la vista gorda… un par de chistidos vienen desde las filas de atrás y girándome suplico algo de la gracia de Dios.

Mi hermano me da codazo y yo me pongo firme. Me salgo de mi cuerpo y lo abandono inerte en banco de madera… desnudo en alma me subo al retablo con el Cristo… le imito un rato y le digo que es muy cansado y que no se cuenta nada… el cura va a la mitad del sermón y comprendo que no se pueda marchar porque esta clavado… así que lo hago por el… huelo las flores y el incienso y cambio las páginas del atril mientras que da el bautismo.

A su regreso escucho su tos agarrada con la mano y las hojas pasando. Empiezan a decir sus votos y salgo corriendo para mi cuerpo… llego tarde a la pregunta del cura de participación del público y me maldigo por ello. Sin darme cuenta ya se están besando… los flases saltan y alguno capta mi fotofinish atravesando la puerta… agarro un puñado de lentejas en cada mano y las descargo en los bolsillos de la chaqueta. Cojo un poco más y huyo de mi hermano mientras intenta quitármelas… Acaba cogiéndome y le devuelvo el paquete y el puñado de las manos…

Al darse cuenta ya es demasiado tarde… acribillo a las dos primeras filas y a parte de la familia de la novia. Alguien pilla la primicia de la novia cagándose en mi madre. A la pobre no le importa y yo ruedo por el suelo… Viene corriendo con el velo al aire y me golpea tanto con el ramillete de las flores que cuando lo lanza solo lo quiere la basura…

Le doy una azucena poco lastimada a la chica de rojo y le digo que ella será la próxima… me alejo poco a poco mientras sus mejillas se tornan como su vestido y un guiño de mi parte sentencian la escena.

El novio me da las gracias por hacer del momento algo divertido… beso a la novia con cariño y me concede el perdón… dice que también se ha reído pero que intente madurar. Le digo que es imposible y sonríe con resignación.

Su coche se mueve y la estela lo sigue como una cadena de orugas en busca de la comida… Rechazo mi asiento en el coche y me alejo del bullicio… la chica del traje rojo me espera bajo el árbol junto a la fuente. Mis labios besan su mejillas y ds derriten cayendo por su cuello… al llegar al vestido mis manos ya lo han bajado.

El fuego arde y yo lo apago con mi lengua. El tiempo se para y la virgen se tapa los ojos… Cuando nos fuimos de allí creí ver a Jesús saludando desde la ventana. Creo que quitarle los clavos estuvo bien pero enseñarle lo visto no tanto… me monto en su coche y le veo corriendo hasta la fuente de la virgen.

Arranca y al llegar ya están con los postres… algunos borrachos bailan la conga entre las mesas mientras que Fernando intenta fijar el corte con la espada… Sonrío porque no me he perdido nada… llegamos los primeros a las copas y nos pedimos dos tanques de whisky conecto la música justo después de que los aplausos cesen… las cámaras aun siguen lanzando fotos y cuando el disco suena todos se vuelven locos.

Me llevo a la chica lejos de la pista al otro lado del salón… salgo por la puerta dejándola abierta, la segunda canción comienza a sonar con el Free bird de Lynard Skynard… segundos más tarde ya estamos volando desnudos… nuestros cuerpos se estremecen rozándose con las nubes. El propio Dios se tapa los ojos y los pájaros emigran a temperaturas mas frías…

Quedan aun 2 horas de música ininterrumpida y particularmente no tengo nada más que hacer que dar la vuelta al mundo agarrado a su cintura.

lunes, 23 de marzo de 2009

Dibujando plumas


Levanto la pluma y el tiempo se detiene en el instante que la primera gota de tinta se precipita contra el papel… contemplo como cae lentamente hasta que queda flotando a un suspiro del choque.

Clavo la punta en la gota y la incrusto en el papel con un toque sutil que inicie el proceso con la delicadeza que merece… la tinta comienza a correr sobre el papiro dibujando las letras en su recorrido guiando a mi mano emplumada hasta la siguiente palabra como un padre que guía a su hijo por las calles de su infancia… con paciencia y cariño… tanto como el que pueda dar y otros día quiera…

En mi caso era distinto la tinta reaccionaba a mis pensamientos y dibujaba las historias con su liquida oscuridad plasmando en el papel un retrato de letras que en conjunto escondían encriptadas un sueño perdido en el olvido de mi cerebro.

Deseo cambiar el sitio y todo sucede en un torbellino… la escritura coge prisa y traza el boceto del escenario marcando las líneas maestras que otorgaran significado alguno y que posteriormente se rellenaran con los colores hasta que el atrezo básico este completado. Sonriso y las flores aparecen por el suelo sin ningún sentido pero las flores no entienden de escenarios y florecen donde quieren.

No me preocupo en discutir con ellas y arranco algunas con cuidado de aplastar su tallo con la presión de mis dedos… hago un pequeño ramillete con toques de rojo y violeta… unas campanillas amarillas caen desde la vertical y a sus lados el resto de pensamientos completan la composición. Anudo con un lazo robado a una niña con coletas que corría alegre por el parque y lo guardo en mi recuerdo hasta que lo necesite.

Camino tranquilo por el sendero de césped que a cada paso me aleja del asfalto hasta que acabo en una pradera donde el rocío empapa mis pies descalzos… no queda ni rastro de la niña… pero no creo que a ella le importase demasiado mi presencia…

Vuelvo a sonreír y planto un par de arboles en el campo… comenzando con un par de sauces al lado del lago… uno redondo como un ombligo en la panza de Buda un círculo perfecto en que ninguna piedra dibuja una piedra que no caiga en el cielo o venga de el… aunque la piedra tampoco sepa lo que quiere… ese lago es muy caprichoso y sabe quitarle le ilusión a cualquiera que no cumpla sus normas esféricas. Que es estar perfecta lo mires por donde lo mires… por lo que no malgastara sus energías creando ondas que choquen entre sí… prefiere la paz y la belleza estética.

Sus peces son tan listos que nadan natación sincronizada… siguen sin tener memoria pero en un estanque sin olas pueden escuchar la voz de los pensamientos y deleitan a su público con todos las peticiones que puedan realizarse por debajo o encima del agua sin pisar tierra firme.

Sigo plantando árboles mientras que con el rabillo veo a los peces bailar el lago de los cisnes… a algunos les salen plumas en las escamas y mientras lleno una colina de mimosas pienso en lo suave que deben de ser ahora sus escamas y uno llega volando hasta mi para volver a bailar sin perder el ritmo entre los saltos…

Aspiro el dulzor del amarillo y margaritas asaltan el campo luchando con una legión de rojas amapolas en formación romana… la brisa se levanta y los colores se funden en pañuelos que flotan sobre el campo de centeno, ahora las caricias de mis manos pueden acariciar su vientre escribiendo palabras en un cuaderno de paja y oro.

Salpico un par de puntos… los que fallo caen al lago y se convierten en nenúfares de carnosas hojas verdes con flores purpura… cojo una de ellas y la coloco en tu pelo… surco el relieve de sus ondas con las manos como arados hasta que puedo descender por ellos sin coger siquiera impulso… en el descenso he encontrado un par de pensamientos que he añadido al ramillete… coloridos y brillantes como las gotas de mar en un microondas…

Un par de estrellas cruzan el cielo y pido tener tu tamaño.

Abro los ojos y allí estabas tendida tu en mis sueños… la pluma seguía en mi mano y se despedía de los peces de tu ombligo… tus ojos de miel endulzaban tu mirada y las pupilas reclamaban el roce de mis labios. Plante un beso más en el recuerdo de los peces que como cisnes se habían esfumado y allí solo quedábamos tú y yo solamente.

Emigre a tierras más altas y antes de llegar al cielo hice un alto en el camino… saque de mis recuerdos el ramo y desate el lazo… deje caer las flores una a una sobre tu pelo mientras su perfume inundaba la caída, cuando termine estire del lazo hasta que pude atarlo detrás de tus ojos… bese tus labios hasta que se acabo la tinta con cien sabores y mil texturas… después volví a mojar la pluma y escribí en tu cuerpo la historia de mi vida. En las piernas mi infancia y los brazos mi adolescencia… en el vientre los poemas de la Andalucía… para el cuello guarde al marqués de Sade y lo que los hijos de la noche me enseñaron haciendo a la luna ruborizarse y para su pecho mi lactancia y madurez… bajo su vientre guarde el baúl de mis fantasías y sueños para que no las volviera a perder.

Escribí mi nombre en la planta del pie derecho y en el izquierdo una calle de Praga… llegamos a casa y servimos dos absentas el mío con azúcar y fuego. Los bebimos de un trago y caímos de nuevo por tu pelo… terminamos en un colchón y una pluma salió despedida de la almohada la cogí en su descenso y moje la punta con saliva de mi lengua. Aparte un poco mi historia y escribí algo en tu espalda.

Era nuestra vida sin saberlo... cuando termine alguien me lo dijo y nunca he podido saber lo que ponía… me he pasado desde entonces mirándote a los ojos sin querer cerrarlos por temor a que las estrellas sólo hubiesen concedido el deseo mientras que el libro siguiese abierto.

domingo, 22 de marzo de 2009

Helios


Desquiciado por el olvido del mundo seguía allí brillando abandonado de la mano de cualquier Dios que controlase la energía. Una bola de luz ardiente destinada a marcar el tiempo de los mundos que estaban atados a su redil.

Un amo exultante de fuerza y poder que relucía con la única compañía de sus propias palabras barridas por el frio viento espacial. Solitario e incomprendido durante una eternidad…

Un justo castigo para un rebelde sin causa que vivió hasta el último suspiro de su libertad antes de ser esclavizado como pena a sus castigos. Variados y diversos como la carta de un restaurante cuya única idea era la de satisfacer todos los gustos.

Un sibarita como él no pudo jamás dejar escapar la oportunidad que esa noche le fue brindada y reuniendo todo el valor que llenaba el absurdo vacio de sus bolsillos hurgo en ellos hasta sacar los puños cerrados manteniendo en secreto su contenido. Miro dentro de la mano derecha y arrojo su contenido al suelo de mármol del palacio imperial.

Dos pequeños dados de metal centellearon camino al trono enmascarado el resultado hasta el momento final. La poderosa voz de Helios rugió entre las columnas precipitándose ardorosa sobre la presencia del todopoderoso que con un gesto de su antebrazo le lanzo contra una pared que quebró con el impacto de su espalda.

Sonriendo se levanto sacudiendo el polvo que pudiera haber contaminado su impoluta túnica de seda y alzando el puño reclamo lo que los dados habían anunciado… un seis doble que inclinaba la balanza hacia el lado que le interesaba.

El viejo se toco acariciando la barba mientras musitaba algo entre los dientes… su ira se había calmado momentáneamente y solo queda un resquicio de una amable aura dorada que añadía a su semblante una expresión de cariño silenciado.

Uno de los oráculos rompió el silencio con un alarido mientras que entre sufrimientos sus ojos blancos mostraron a los presentes el futuro que se estaba gestando en esos momentos… Todos atentos hasta el rey; que nervioso dudaba entre los balbuceos del Dios y su oráculo… el sudor comenzaba a surcarle la sien dirección a la mejilla. Truncada por el camino con un gesto de su mano que volvía a esconder el embuste de sus temblorosos ojos.

El pavor se iba amarrando a su cuello y tal opresión le iba haciendo insoportable respirar sin emitir sonido alguno entre sus gruñidos. No parecía que nada pintase bien en esa situación. Estaba implicado en un asunto tan turbio como la podredumbre de los hombres y había traicionado a hechiceros y titanes hasta conseguir presentarse hasta el mismísimo Dios en persona.

De su parte todas las argucias de un humano que tenía tantas mentiras en su sangre que se había vuelto tan oscura como la noche. Un alma corrompida por el ansia del poder y la locura de los que buscan la vida eterna menospreciando la vida otorgada en el periodo de prueba.

Su tiempo se agotaba a cada latido de su corazón y el dolor de sus pulmones no le aventuraba un buen final para esa maniobra en la que había acusado injustamente al joven Helios de sus furtivos romances con la Diosa Selena la cual era presumiblemente la musa que más inspiraba por su divina virginidad.

Todo era un feroz ataque de celos de un monarca con una terrible ansia de conquistar hasta el cielo. Su naturaleza se había vuelto tan inestable que hasta atento con la única ley con la que no se podía jugar ni engañar… el karma se había materializado en forma de un flujo exotérico que lo inundaba todo con un azul radiante que hechizaba con su electricidad.
El silencio le acompañaba como estela hasta que la voz del Dios bramo cayendo desde el cielo con todo el peso de la justicia. Se apoyo en su vara y camino tranquilamente bajando las escaleras que le llevaban al salón central de la nave de las columnas.

Se agacho y recogió los dados del joven incauto, sonriendo en el proceso… y reanudo su tranquilo caminar hasta donde se encontraban los acusados…

La diosa Selena lloraba lágrimas de plata que caían por sus pálidas mejillas. El rubor de sus labios palpitantes hacían los coros de un corazón desbocado ante el futuro que se avecinaba, ese oráculo nunca equivocaba los designios del Karma puesto que malinterpretarlos le costaría la vida por el mismo flujo.

Dios paro delante del rey y comenzó su discurso.

Su voz anego la estancia con su estruendosa presencia. Alego la traición de ese mísero humano que con la cara contraída por el conocimiento de su sacrílego error que acaba de cometer. La soga se anudaba alrededor de su cuello con la premura del que aguarda al momento en que la orden dejase de ser un mero pensamiento… quizás su último en una corta vida anhelando el poder suficiente para adquirir la inmortalidad.

Acto seguido y cuando el mesías se aparto de él. Su cuerpo se volvió de pura piedra negra que recordaría su castigo no más modesto que el paso del tiempo que gramo a gramo erosionaría la superficie de la estatua hasta convertirla en polvo al final de los días… Una tortura eterna del que se borra en el olvido de la existencia. Sintiendo como poco a poco volvería a la nada sin más retorno que donde le llevase el viento… condenado en terminar sepultado con conciencia por el sedimento de las edades.

En cambio la expresión de satisfacción del Dios se borró de su amable rostro cuando con una mano se apoyo en el hombro del joven Helios. Su tristeza broto con gotas de oro que caían al suelo desde sus ojos llenos de energía pero en los ojos del joven no mano lágrima alguna. El tintineo anunciaba el inminente castigo que le iba a acontecer.

Ese sentimiento se traslado con la información del castigo que le tocaba ejecutar… un lamento triste del que sabe que la ley llegaba a todos por igual y que a pesar de ser una buena persona era cierto que entre él y Selena había habido más que palabras. Perdiendo el Olimpo de una estocada dos de sus figuras más prometedoras en el ascenso a Dioses supremos. Una pareja que se intuía en las quinielas… en silencio y despacito. Pero que no sorprendía a nadie.

La pena entonces fue nombrada por el propio Helios que agachando la cabeza acepto solemne su eterna condena. Que no era más que reinar en el firmamento de una pequeña vía láctea… a su lado tendría a su vez a su amada Selena. Pero lo que era justica se torno ironía con la misma facilidad que un vaso deja de estar lleno con el mismo movimiento de la bandeja… un toquecito y las piezas encajaban unas con otras hasta formar en silencio el secreto de sus pecados.

La sentencia iba aun mas allá, ya que al lanzar los dados a la cara del Dios había jugado con el azar en un antiguo juego que se perdía en el pasado. Aceptando toda culpa y jugándose todo a un número que hablase por él. Su seis doble le hacía poseedor de una pequeña posibilidad. Zeus arrojo los dados al suelo que fueron a parar a los pies del propio Helios que con estoicismo miro a los ojos el resultado de la tirada un seis y un cinco que le hacía ganador de un deseo.


Como conocía los designios del Karma no permutó en momento alguno la sentencia escogida suplicándole al sol un absurdo deseo del azar. Tirar los dados cuando pidiese clemencia. Y así conseguir sus anhelos que no eran otros que volver a encontrarse con su amada aunque solo fuese un instante en que todo estuviese en su lugar como debería haber sido.

El Karma aceptó la petición y le encadenó a los pies todos los planetas que estarían a su cargo. Colocando en uno de ellos a su amada diosa que podría contemplarlo por el resto de los tiempos.

Cuentan las ancianas y los gatos que en los eclipses gana Helio en sus apuestas al Dios y consigue así besar los labios de su amada en un momento en el que el corazón de todos los que lo contemplan se para por completo. Un punto donde todo empieza y todo acaba dejando como recuerdo el ardiente placer de sentirse completos en un segundo.

Un Helios ardiendo de pasión cada ciclo de la absurda creación que no fue más que un castigo de sus deseos más sublimes mientras que le prometía a su amante poder pasar la vida entera siguiendo el rastro el uno del otro en el continuo ciclo de la noche y el día.

En el fondo de mis oídos escuche el tintineo de los dados sobre el mármol y salí corriendo en busca de sus labios. La encontré escondida entre las ramas de un sauce llorón que escondía sus heridas. La acerque a mis labios y sane todas sus cicatrices en el mismo instante en que el eclipse llegaba a su cenit.

Note como su corazón latía por primera vez junto al mío mientras que su boca dejaba de luchar contra la mía. Todo se volvió suave como la seda y en el cielo volvió a brillar el sol con renovadas fuerzas… en la retirada de la luna me pareció escuchar que todo el mundo nos pertenecía…

Yo ya estaba demasiado lejos de allí camino a ninguna parte sobre un lecho de hojas que surcaban el cielo como una mullida senda de flores… su sonrisa brillaba al frente de todo tendiéndome una mano para desaparecer de un mundo condenado a malinterpretar un amor tan puro que mereció cualquier castigo antes de quedarse por imposible.

El hombre del sofa

Se llamaba Bob y no se sabía su edad. Según las leyendas había nacido en un sofá estampado de flores en algún lugar de la periferia de Madrid. De sus orígenes nadie se acuerda… como sucede con los mitos su infancia se perdía en la arena de un parque… en silencio y sin ningún testigo presencial que no fuese el amigo de un conocido.

El presente en cambio era más reciente. Su historia había corrido de boca en boca como la pólvora y cualquiera que hubiese contemplado su figura podría decir con ciencia cierta que ese era el hombre del sofá.

La gente no sabía más que ese dato adornando que una conversación con él era como ver una película. Disparaba escenas que representaba mímicamente con las manos. Raro era el día que un corrillo de personas que en un principio iban a tomar algo se quedaban absortas escuchando alguno de sus relatos sacados de la nada.

Era curioso como un personaje clavado en el esperpento de una España socializada era capaz de reunir tal elenco de publico alrededor de algo sin sentido y a la vez repleto de el… Un cuentacuentos que aun no había salido del cascaron, pero aun así había visitado todos los nidos de las casas de sus conocidos y demasiada gente le habría invitado a pernoctar en el sillón de sus casas.

La verdad es que en su excentricidad estaba su carisma. Y no cualquiera de ellos reunía los requisitos mínimos para una estancia feliz… En este caso el tamaño era importante… un diván era algo demasiado selecto para que un ciclo de sueño pudiese llevarse a cabo. En su defecto se producían ensoñaciones alucinógenas que acababan con caídas en espirales por lo que reposo inestable se sostenía sobre palillos y el frescor del tacto del cuero.

Sus favoritos eran los sofás clásicos de las casas antiguas… con la goma mullida y trabajada por los años en los que el sistema de correas o muelles había dado paso a una tabla que estabilizaba el sueño con su confortable madera.

Los que eran para tres era el reino de sus sueños… sabía conquistarlos desde el primer momento y cuando entraba en alguna sala de estar o salón se notaba como sus raíces le encadenaban a que realizase su ritual.

Lentamente y con el alboroto de cualquier cosa donde estuviese involucrado iba paulatinamente adquiriendo una posición privilegiada y con el conocimiento de los que saben en su hacer. Iba reclamando para sí su pertenecía momentánea.

Los dueños sonreían aliviados porque le hubiese agradado el asiento sintiendo poseedores de un gran tesoro y con el carisma de un anfitrión ofrecía presentes a esa mágica presencia.

No era ni un Dios ni un predicador de la palabra… pero cuando la curva del alcohol bajaba en pendiente siempre tenía un hombro que ofrecerte y unas palabras que acompañar en el descenso. Era tan especial que nadie le cobraba nada de lo que consumiese. Ya que era casi tomado por un regalo del cielo… su presencia reportaba una tranquilidad tan relajante como un masaje pero sin el engorroso contacto de unas manos extrañas… era como sentir la voz de un familiar en la cara de un viajante… algo muy conocido fuera de lugar.

Aun siguen preguntando donde se encuentra…
Como siempre dije es un alma libre… vaga sin rumbo fijo a ninguna parte. Tan cortes que te invitaría a acompañarte al fin del mundo si tuvieses tiempo para ir. No hay lugar que sus pies no hayan visitado o esté por visitar… un hambre atroz que le convertía en un ermitaño de ciudad.

En casa se le echa de menos desde que cambiamos de sofá… El pobre murió de edad avanzada y él estuvo en su funeral… algo sencillo y sentido en el punto limpio… le bajamos de la furgoneta y nos sentamos en rodeados por la basura… fumamos y reímos… hasta acabar llorando… le despedimos con una canción cantada a capela. Brindamos con cervezas y reciclamos los botellines… lloramos otra vez con el recuerdo de no tener que distinguir el color del vidrio a clasificar. Volvimos a casa con el alma en un puño y el resto abandonado con los sueños en el estampado de nuestro antiguo sofá.

Compramos uno nuevo y aunque participo en la elección sabemos que no es de su agrado. Dice que sueña en naranja y cae por acantilados… nosotros nos sonreímos porque tenemos camas y allí todos los sueños tienen almohadas.

Él tiene una extraña belleza descuidada como una mata de lavanda perdida en mitad de un monte de piedra. Rara de encontrar pero con su encanto.

Una vez le pregunté qué era lo que más le gustaba de dormir en un sofá…
El contestó que ese sitio le resultaba natural… que cambiaba en cada casa pero que cada uno de ellos estaba impregnado de todas las historias de una vida en una caja con cuatro paredes. Un objeto mudo testigo de los sucesos de cada persona. Un confidente fiel que ofrece un sitio donde descansar del mundo. Como si fuera dos gotas de agua cayendo en diferente lugar.

Nunca comprendí como podía dormir en un sitio tan pequeño con su increíble altura…
Sonriendo decía que él conocía el secreto… de esa postura ideal que hacía que cualquier insomne se zambullese en el letargo profundo de una tarde de domingo.

En ocasiones por la mañana tomaba café viéndole dormir con la paz de los ángeles mientras me preparaba para ir a trabajar. A veces se despertaba y esperaba amablemente fumándose un cigarro con el cenicero en el pecho. Sabia aguardar el momento en que saliera por la puerta llevando de nuevo la tranquilidad a su dormitorio.

Al regresar todo estaba perfecto… los cojines ordenados y la mesa recogida… nunca se habría imaginado nadie que allí había dormido una persona. Un fantasma del recuerdo una historia con leyenda… una nota en la nevera pidiendo disculpas por una robar una cerveza.

Bob era alguien increíble. Daba sonrisas de diamantes y películas de oro… con algo de suerte encontrabas una carta suya en aparador de la entrada… tenía un don para encontrar papel y con el lápiz que usaba para atarse el pelo en un moño escribía simpáticas reseñas como recuerdo de su presencia.

Cuando quise darme cuenta un cajón rebosaba de ellas pero daba igual… Bob tenía copia de las llaves y siempre que su agenda se lo permitía dormía con recelo a lo nuevo en casa. Nunca se quejo… pero todos sabemos que él prefería al antiguo.

Gasto tantas horas en ese sofá que parecían siameses… Fue el único que se quedo a solas con él en el vertedero. Se dijeron adiós como dos buenos amigos que no se volverán a ver pero que perduraran en el recuerdo. Como una despedida en silencio entre grandes amantes. Con la pasión latiendo fuerte en el corazón y con un nudo en el estomago.

Parecido al amor de una musa, estúpido y sin sentido. Una quimera llena de humo que desaparece en un segundo. Una historia de amor entre dos individuos que conseguían fundirse en reposo de las aguas de algún lago de superficie taimada y con un verde malaquita durmiendo en su seno.

Una leyenda que abrió todas las puertas de los hogares que querían santificar su sillón con su presencia… una bendición que llegaba con el sonido del portero anunciando su llegada y la gente
corriendo para preparar su asiento con el esmero de que cocina para un rey.

De él solo puedo decir que este donde este se despierta naciendo con una sonrisa… A su madre nunca la conocí pero una vez me contó que ella le sacaba de la cuna por la madrugada y se iban al sofá.

Dormían abrazados después de que le contase alguna historia porque según ella las camas llevaban las pesadillas escondidas en los muelles del colchón. Y que lo que rellenaba el latex no era mucho mejor. También temía a los monstruos que dormían en el armario y los que poblaban el terreno de las pelusas de debajo de la cama.

El sonreía como un bebe y lo sigue haciendo. Sigue escuchando la voz de su madre en todas las casas allá donde viaja. Una voz conocida en la piel de un sofá… algo familiar que le cambia el insomnio por pastillas para dormir. Un lugar que llamar hogar dulce hogar donde reposar hasta la mañana siguiente en la que salga el sol.

Cada día una odisea y cada noche una Ilíada… una historia con patas que nos lleva a otros lugares… un personaje salido de una comedia que todo el mundo debería contemplar. Una especie de Ángel caído que será el guardián de tu casa ante cualquier mal. Una gárgola acechando desde el salón a que cualquier cosa pueda causar heridas. Como una araña en su tela… en plena paz pues lo que tiene y lo que es esta tejido en las células de su cuerpo. Una simbiosis perfecta de los deseos de una casa compartida.

Alguien que está ahí en el salón esperando a que le saques de su trance para contestar las preguntas que te acechan en la vida… El demonio de la sonrisa que hace sombra a la caja tonta… un espíritu amable que otorga la suerte de haberle conocido.

Para invocarle sólo tienes que realizar una sencilla labor… enfriar cerveza en el congelador y buscar una buena película. Al rato vendrá flotando sobre una flor… justo cuando la última palomita se abra y el olor de la mantequilla anuncie el timbre del microondas.

En ese momento sólo tienes que desearlo y si es suficientemente puro aparecerá mágicamente como un milagro. Una golondrina reluciente surcando el cielo en busca de un nido donde plegar las alas y descansar de la tediosa labor de reinar el cielo modelando las nubes para que los niños aprendan a hablar.

viernes, 20 de marzo de 2009

Preguntas del cielo


Estaba perdido en una pequeña plaza con más sentimientos impregnando sus paredes que la propia belleza que emanaban de sus casas encaladas. Las plantas florecían en sus tiestos verdes colgados de las ventanas. Y en algunas puertas diminutas abuelas con delantal ya ajado batían sus escobas de paja con la energía de una niña escondiéndose entre las patas de gallos y la niebla de sus pupilas.

Una música empalagosa surgía de ninguna parte pero aun así lo llenaba todo con una guitarra tímida y el teclear de un piano de bonitas notas de piedra. El sol caía a plomo sobre nuestras cabezas… cálido y ardiendo como el deseo de las noches de verano.

La primavera llegaba en un improvisado asalto en melé… llevaba semanas entrando con el cuidado de un gato de puntillas. Pero ahora ya lo hacía de forma que su formación de punta había entrado hasta la cocina trayendo consigo el olor de la hierba para enraizar en todos los pulmones.

Un grupo de alérgicos profirieren estertores alaridos debatiéndose inútilmente contra una amenaza invisible que extermina sus cuerpos abatiéndoles con granos de polen disperso entre los suspiros del viento.

El aire huye a cotas más elevadas temiendo que la incipiente estación los condene a ser atados con cadenas y las últimas oleadas de lluvia serán los fanáticos que defiendan a un invierno ya de capa caída.

Los arboles arrojan al suelo los primeros brotes de hojas nuevas con la nostalgia del otoño pero con el verde de Andalucía pintando las calles. La brisa remplaza la jerarquía del cielo hasta que vaya extinguiéndose conforme llegue el verano para esos meses el cielo quede pintado solamente en azul.

Entonces nada moverá las ramas bajas y los deseos del mundo se unificarán en suplicar una oleada de algo que aniquile al calor con frías espadas de hielo. Aunque eso aun está demasiado lejos a suceder.

Las flores de colores naciendo en los jardines privados para después iniciar la revolución de los pétalos que inexorablemente sublimara la sangre de todos los animales en celo. Los calores y las feromonas maquillando todas las miradas de pasión. En los parques las voces de los niños silenciaran los lloros truncados de los que permanecían encerrados en sus casas.

¿Quién nos salvara de nosotros mismos?
Cuando el silbato anuncie el final del partido y te des cuenta que no tienes control sobre nada que no sea el sentido de los pasos en un camino de arena.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Poesía sin fín

Gotea mi alma burbujas de dolor
Sucede así desde no estas aquí
Cada día llora como un manantial
Los momentos que hay sin ti
Instantes de soledad

Un sólo intento, una única oportunidad
Quién diría que no es la pura necedad

Deseo por las mañanas hacer las cosas bien
En pocas ocasiones lo consigo
Cuesta más del cien por cien
Dejarte la piel por el camino

Pero cuando logro llegar a tu balcón
Sólo encuentro cenizas de tu amor

Recuerdos vagos del pasado y su calor
Las guitarras suenan como el alcohol
Acarician con los dedos y acuchillan sin perdón

Siempre fue así… Ninguna novedad
Sin más palabras, si son la verdad
Sigue el mismo juego que cambia con la edad

En el caso de llegar a tu portal
Ante mi la puerta de un penal
El agua se agoto… todo terminó
A veces se gana y otras no…
No quiero trincheras, ni más lamentos
No con disculpas se llega al corazón

Hoy vengo con palabras al aire
Sin sueños en los bolsillos
Nada que no sea un lazo
Atado en mi cuello como
Un regalo abandonado

Yo solo quiero llegar a tu país
Tener amnesia y no salir de allí

Cuando yo pienso que es de mi sin ti
Solo recuerdo que sin ti no se dormir.

lunes, 16 de marzo de 2009

La sombra de las azoteas


Fantasma errante que vive en los tejados… un susurro de viento matutino y el ulular nocturno. Merodeador de todas las historias como dueño de la milla de las cien cajas de cartón. Un barrio completo para él. Su rey en las sombras y conocedor de todos los relatos incluyendo los más turbios. Más viejo incluso que los ladrillos más antiguos.

Él ya vivía en ese terreno cuando los hombres lo inundaron de edificios sin sentido para derribarlos y construir una y otra vez. En esa época fue cuando se quedo encantado de esa curiosa costumbre y fue así como acabo viviendo entre los humanos que le había arrebatado su pedazo de mundo.

Luego todo sucedió junto al movimiento de la humanidad y Madrid acabo tragándose su pequeña diversión… Sin darse cuenta de cómo ocurrió perdió sus raíces con la tierra y acabo viviendo solo en las azoteas y desplazándose como un geco por las paredes. El amo de la escalada urbana aprendió a traspasar todas las superficies deslizándose como un gas por alguna fisura por lo que nada que no fuese estanco se privaba de ser visitado por su curiosidad.

Acabo convirtiéndose en un tipo de amo que escrutaba a los habitantes de su reino. Una especie de justicia invisible que hilaba su telaraña desde de las cabezas de sus pequeños experimentos. Igual que la causalidad otorgaba sorpresas inesperadas a las buenas personas con la fe perdida mientras que a los que obraban con malas acciones, les hacia la vida imposible, volviéndoles locos en la exclusividad de una cosa llamada casa.

Al final conseguía expulsar a los inquilinos desagradables y sonreía como un niño frotándose las manos cuando alguna pareja nueva se mudaba a su ciudad de cartulina. Día a día surcaba la extensión de sus dominios sintiendo en la superficie de la piel las sensaciones que emanaban los pensamientos de sus habitantes mientras que se concentraba en escuchar las conversaciones interesantes que incluso podía recoger del lado opuesto de donde se encontrase.

Le gustaba alimentarse de al menos cien de ellas a la vez con lo que podía escoger a un entendido de cada tema que desease informarse dejando un porcentaje de ellas para diálogos que incluían cotilleos. Los cuales realmente le hacían mucha gracia por el ridículo tono que se empleaban en esas conversaciones. Después silenciaba al mundo para pasar el resto escuchando a la naturaleza.

Cuando le conocí estaba tumbado en la azotea tomando el sol. Se acerco a mí y pregunto qué hacía en sus aposentos…

Según parece en la antigüedad se dejaron los tejados y las azoteas para los Dioses y los pájaros que incluían los radiosos de metal. El resto de ese vasto imperio seria contemplado por los afortunados seres que Vivian en los áticos privados y las antenas que nacían como espárragos o setas en todas las viviendas.

Comprendí lo que estaba exponiendo y era lógico lo que decía por lo que asintiéndole le pedí disculpas y le pregunte si podría compartir ese sitio conmigo prometiéndole no utilizar más de ellos en la ciudad por lo que no expoliaría su vida ni su hogar.

Desde entonces comparto azotea con un compañero algo extraño que tiene tantas historias que no cabrían en todos los arboles del mundo por lo que no intentaremos ni podarlos. Me conto que al inicio del mundo podría haberlo conseguido, pero entonces no las tenía tan buenas. Que a lo largo de lo que llamábamos tiempo era su propia vida porque simplemente era energía y que vivirla era lo que le había dado tantas palabras para escribir una novela con todas las palabras del diccionario.

Particularmente para mi tenía mucha gracia… era alguien al que
sin ver realmente estaba ahí y tenía muchas cosas que contar.
Aun así los días en que me visitaba con un par de cervezas de más siempre intentaba imaginármelo con una larga barba blanca y una túnica. Sé que podía ver lo que yo pensaba pero creo que al también gusta esa imagen y el otro día robo una sabana de seda a un inversor de bolsa muy egoísta. Le quedaba bien… pero la verdad es que no le atendía mucho intentando resolver un cubo de rubik que había extraviado al compulsivo del segundo.

Nos reímos un montón cuando oímos los gritos desquiciados de ese menudo hombre que había perdido el cubo cuando había encontrado la inspiración que le iba a ayudar a terminar ese reto tras 2 meses intentadlo al menos 5 horas al día.

A veces me pregunta que es lo que yo haría… otras simplemente saca un póquer de la mano y lo echa a suertes. Me divierto mucho con sus narraciones cuando el insomnio pinta las noches junto a la luna.

Hace ya unos cuantos años que el aburrimiento de una tarde le llamo la atención. Desde entonces no he pasado más de un par de meses sin verle y es asidua su visita de los miércoles por la noche.

Cuando la ciudad duerme él me cuenta los mejores sueños de su elección y para alguien que en un contrato cambio soñar despierto por las noches en vela, sus cuentos de niños valen diamantes cuando las estrellas iluminan la escena.

Algunos vecinos han acabado por llamarme el loco de la azotea. Al cruzarnos de por las escaleras sonrío, porque alguna vez le faltara algo que aprecia y que acabara perdido en el fondo de mi baúl.

Una sola regla… olvidar después de utilizar y no contar sus secretos…

Sencillo aunque nunca fui bueno cumpliendo las normas, los dos sabemos… por eso somos buenos amigos. Yo le entregue el mundo y ahora viaja en mi equipaje de ciudad en ciudad… él me traduce todos los idiomas y procura que no me falte nada… En sí somos la historia de las azoteas un par de gatos al cargo de todos los ratones. A él no le afecta nada el tiempo y yo ya no le tengo miedo.

viernes, 13 de marzo de 2009

T4

Desde la ventana del avión todas las preocupaciones parecían más pequeñas jugueteando en las esponjosas nubes que quedaban bajo el vientre de ese Boeing plateado.

Nadie se percataba de la aglomeración de problemas que habían pasado media vida paseando a mi lado como un nubarrón de tormenta. Pero desde que decidí abandonar aquel país. La sonrisa no se había visto más que perturbada en la intranquilidad del arco de los metales.

El guardia civil por fin me dio el paso y desde aquel momento todo había dejado de importar porque en un aeropuerto internacional los objetos perdidos estaban abarrotados de cestas y maletas con mil embrollos abandonados.

Aquella mañana de primavera me exilié de esa tierra que me había visto crecer junto a mis pecados desde la mismísima cuna. Antes de mi partida final paré en Valencia donde alimente algunos fuegos de las fallas con mis deseos pirómanos más inflamables.

Cuando un niño exclamó: Mira mama que llamarada tan alta…!!!

Yo ya me escabullía entre la muchedumbre caminando lentamente de vuelta al aeropuerto para tomar otro rumbo distinto.

La azafata había anunciado la duración del vuelto y ahora se pasaba mostrando sus largas piernas desfilando por el pasillo. Sus tacones resonaban en mis tímpanos y de vez en cuando conseguía que la mirase de reojo mientras contemplaba como en los espacios sin nubes… mis traumas más pesados caían a plomo hasta desaparecer en el azul océano con una sorda zambullida.

A pesar de todo algunos de ellos aun continuaban mi captura planeando de una nube a otra sin demorarse mucho de mi rastro humeante. Eran viejos conocidos y como tales tampoco presuponía que fuesen a dejarme a la primera de cambio.

Pulse el botón de atención y las largas piernas trajeron a esa sonrisa hacia mi asiento. Mirándome a los ojos dejó sin aliento al pobre anciano que se sentaba a mi lado y ya que pasando sus pechos por encima de él, acercó la cara tanto a la mía que pudo leer mis suspiros.

Al incorporarse de nuevo bajó con un sugerente contoneo la falda a su anterior posición sobre las rodillas y mi mirada le acompaño hasta perderte entre las siguientes filas de asientos...

Para al momento regresar con una bebida que hacia crepitar los gajos de hielo en un vaso de cristal. Con un guiño me pediste cuidado y cuando el abuelo iba a pedir otra amablemente le adelantaste un par de filas por delante de mi asiento. Pidiéndole a otra compañera que si podía atenderle.

Cuando tu cuerpo se dejo deslizar en el asiento de al lado pude comprobar cómo mis enemigos más persistentes iban precipitándose conforme el sol cogía intensidad. El cielo por fin brillo tan celeste como el vientre de agua que se extendía debajo del avión.

Tus labios se acercaron a los míos, inexorablemente como la dulce muerte y se fundieron a mi saliva perdiendo el control. Los demás pasajeros desaparecieron entre la música clásica y delante de mi solo estaba ella.

Un calor agobiante se desato junto a la salida de emergencia y por un momento creí ver el reflejo de un fénix surcando el cielo. Aunque ya era demasiado tarde. Mis manos arañaban su espalda mientras nos mordíamos la boca para no dejar escapar ningún gemido…

La calma regreso tras un periodo de turbulencias pero el hielo se había fundido en el vaso… y el sabor del whisky había abandonado mis labios mezclado con un pintalabios que bailaba entre el rojo y el violeta. Sonriendo me dijiste que me traerías otra bebida mientras que yo terminaba de abrochar el ultimo botón de su camisa.

Una rápida secuencia de sus dedos acabo el lazo del cuello y mi mano se metió entre el pelo para devolverle algo que le hubiese podido arrebatar entre la pasión del momento.

El capitán anuncio el inminente aterrizaje y pidió amablemente que nos abrochásemos los cinturones. Note como sus manos rodeaban mi cintura mientras que al oído me pediste que no abandonase mi asiento hasta que cuando aterrizáramos trajese mi bebida.

Contemple como uno a uno iban descendiendo por la escalera el resto del pasaje. El abuelo del asiento de al lado se despidió dando gritos desde la puerta mientras agitaba su sombrero ridículamente sobre su cabeza. Yo ya no estaba allí y mi sonrisa reflejaba que la lista de mis principales errores se había encadenado en los últimos pasajeros que rebosaban la agonía del mono de la nicotina.

Otros me abandonaron por las prisas y los más siniestros acompañaron a un extraño hombre que había pasado el vuelo deseando caer al vacío… pero nada de eso ya importaba desde la cabina escuchaba el tintineo del hielo en el vaso y la voz de la azafata invitando al último pasajero a desaparecer con ella en alguna isla abandonada de la mano de Dios.

Por supuesto antes de que el pitido del micrófono hubiese cesado de sonar en los altavoces… la puerta de la cabina se cerraba detrás de mí y nuestros sueños volaban junto a nuestros labios entregados a la labor de borrar las heridas de nuestras viejas memorias.

lunes, 9 de marzo de 2009

Azar

Era un chico tranquilo donde los haya… su nombre cayó del cielo en una gran lluvia el día de su nacimiento. Su padre derrapaba en las curvas de la carretera mientras intentaba llegar no sin esfuerzos hasta el hospital central.

Nació como si no le importara de este mundo… con los ojos abiertos y riéndose en vez de llorar. Fue a un medico con un doctorado y un par de especialidades a la primera persona que le tomo el pelo dejándolo asombrado.

Así fue creciendo una joven promesa que tenía algo de especial con solo mirarle a los ojos. Una chispa al fondo de la pupila como el corazón de un dragón rojo. Su padre solo pudo nombrarlo como Pluvio y el cura fue el siguiente escarmentado cuando sin ningún miramiento ni impunidad orino a la tierna edad de 5 semanas al cura de San Andrés. Quien sonriendo supo salir del atolladero delante de un centenar de personas que cuchicheaban mediante murmullos frente a lo recién acontecido.

Había nacido un pequeño rumor que se convertiría en leyenda sin más reparo que su mismo crecimiento. Un pequeño granuja que sabía demasiado sin haber aprendido a leer, cosa que no mucho después al descubrir chillo sorprendido… esto es mejor que disimular jugando con los muñecos y uno tras otro fue recopilando información sentado en un sofá antiguo donde se apilaban los tomos. Sus padres disimulaban diciéndole que si estaba montando un fuerte. El sonriendo asentía con la cabeza, menospreciando la inteligencia de sus progenitores mientras intentaba averiguar como había conseguido esa inteligencia con tales genes.

Años después se deshizo de ellos alegando ante un juez que era producto de una inseminación artificial errónea y que al ser así, reclamaba la emancipación… y el cambio de su nombre Lucky. Hacía dos semanas que había aprendido a hablar en inglés y no iba a desperdiciar una oportunidad tan irónica.

Con 9 años era el dueño del barrio. Sonreía mucho de día y contaba su dinero por las noches. Tenía un prospero negocio haciendo quinielas de futbol… la gente le pagaba el 45% de las ganancias por un nuevo resultado y el tenia un ojo clínico para las quínelas de 10 a 13. Seguro que al llegar a los 18 ya ni lo tendría que hacer…

Iba a un buen colegio. La educación siempre fue un objetivo suyo. Le encantaba corregir a los titulados que habían logrado conseguir tal oposición. Las risas se hacían sonoras cuando corregía hasta las faltas de los libros de texto. Era un jodido grano pegado al suelo. Pero ni los profesores podían odiarle… Realmente sabían que algunos diamantes son demasiado perfectos para llevarles la contraria y aunque fuese un incordio… les encantaba sentirse tan orgullosos de saber que alguien saldría bien de ese curso.

Su vida fue un camino recto y bien peraltado. Tomaba las curvas sin tocar el volante y además aceleraba a mitad para no perder el control en ningún momento. Parecía controlar hasta el tiempo. Comprendió el funcionamiento de la vida mientras nadaba en el útero de su madre. Podía leerse un libro antes de que se hiciera un pavo relleno y cuando llegaba a una biblioteca.
Los colocadores de libros hacían apuestas del número de libros y la forma de la fortaleza.

El día mas memorable fue cuando realizo una estrella de 5 puntas sobre 6 mesas de 10 metros juntas unas con otras… a la bibliotecaria le dio un infarto cuando lo vio desde la barandilla de la primera planta y Arturo salto con los 250 libros de bolsillo y la figura tras lo que le dio 50€ a Lucky y le sonrió agradecido.

A veces le sigo por las calles intentando averiguar cuál es su misterio. En la segunda manzana ya no puedo encontrarle, pero siempre me deja una nota amable reconociendo mis esfuerzos en las paradas de metro de toda la ciudad. Siempre va un paso por delante de mí y en los trenes que pierdo. Siempre sonríe desde la ventanilla.

Hace poco regalo un quiniela de 15 a un vagabundo simpático con barba cana de la castellana. Al parecer le invito con su 45% a un crucero por el mediterráneo. Según dicen el viejo era un marino cojonudo en sus años mozos.

He pasado cien veces por su lado y habría jurado que sus ojos azules nunca habían visto el mar más que en el fondo de una cerveza.

Cuando sueño con ella… lucky se despide colgado de su brazo mientras sale por la salida de emergencia.

Aun no había cumplido los 18 y había logrado las metas de toda una vida… cuando me acuesto el viene a darme las buenas noches y me arropa. Se tiende a mi lado y me da las buenas noches. A veces se pone mi cuerpo por las mañanas. Esos días gano a la banca y en algunas carreras. Regresando a casa recolecto todos los suspiros de las chicas antes de que ser devuelto como un traje a la cama. Después se ríe y se va por la puerta del pasillo.

Fue el primer truco que aprendió en el infierno. Cada vida elige a un pardillo para poder entrar en los casinos. Son las reglas de los hombres, pero cualquier demonio sabe cómo jugar con la carne.

domingo, 8 de marzo de 2009

Dulce amnesia

- ¿Qué recuerdas de ella?

Recuerdo que era la vida con ella, casi puedo sentir la música acompañándonos a todos lados y marcando nuestros bailes por la calle. Aun siento como miraba la gente cuando montábamos el espectáculo en mitad de una gran avenida.

No puedo olvidar los parques donde gastábamos las tardes, ni el sabor de tus labios mezclado con todo lo que hubiésemos comido. Llevo viniendo a rehabilitación desde entonces y tras muchos años sigo teniendo tu aliento en el cuello por las mañanas y el estallar del corazón al cruzar las esquinas.

Noto el dulce olor de tus fragancias surcando los caminos que pisabas para regresar a tu casa desde la mía, y a veces no pude evitar seguir hasta ver llegabas a salvo para volver de nuevo contando estrellas sin perder la sonrisa aunque el cielo estuviese nublado.

Eran buenos tiempos… y todo sucedía solo sin tener que echar ninguna mezcla a la reacción, era espontánea y exotérmica. Solo tenías que juntar, subir la temperatura y el bizcocho estaba preparado para ser degustado.

Todo sucedía como un guión bien escrito entre el romanticismo y la comedia. Un menú variado de platos que cambiaban cada día para acabar con cualquier rutina que estuviese dispuesta a sentarse entre tu y yo.

Solo quería estar contigo, sin ninguna otra intención de sentir esa droga que era tu presencia anestesiante y tus dulces despedidas entre mordiscos y caricias.

- Tienes buena memoria, ya que siempre me cuentas lo mismo de cien formas distintas… ¿Algo nuevo?

Si…

- ¿El que?

Le regalo un diario…

- ¿Cómo? No lo entiendo;

La respuesta es fácil, si se hubiese dado cuenta lo que acabo de hacerle es leerle una página de un diario que estaba en mi mesilla. Pero no… Como cada Miércoles he entrado por esa misma puerta, he colgado mi chaqueta y me he tumbado en su diván.

- Si; Como cada miércoles, de eso ya me había dado cuenta ya…

En efecto, pero no notó el cambio sutil en mi sonrisa.

- Sonrisa que normalmente lleva.

Si, pero esta es especial… es nueva.

- ¿Nueva por qué? ¿La acabas de comprar?

No, simplemente la he recuperado del fondo del armario, estaba allí tirada junto a una corbata que por supuesto no iba a ponerme, así que escogí la sonrisa y aquí me tiene. Dándole un diario.

- ¿Pero por qué un Diario?

La respuesta vuelve a ser sencilla:
Antes podía recordarla y ahora ya no puedo. Ni siquiera se a quien se dirige este diario, ni quien es ella…

“El tiempo se paro para el buen Doctor… tras años escuchando la misma mierda repetida una vez tras otra, mismos personajes, misma historia aburrida, algo nuevo había sucedido…”

- ¿Cómo ha podido suceder eso?

La verdad… no lo se, tiene la culpa una tarta de coco con base me masa quebrada, y tarta de queso, todo ello cubierto con una gelatina de coco con algunas frambuesas simulando una ficha de domino.

- Muy bonita la tarta, ¿pero que tiene que ver?

Pues básicamente todo… Dedique mucho tiempo y esfuerzo en hacer esa tarta. Con todo el cariño del mundo. En la cocina casi se podía respirar el amor mientras la gelatina se enfriaba y endurecía y mientras con las manos hacia coger cuerpo a la pasta.
Fui enérgico con las varillas y delicado montando el merengue para hacerla más esponjosa. Cuando la metí en el horno. Puse el tiempo y me fui a ver la tele.

Sabía que a 180º solo necesitaría 20 min. para que quedase perfecta y como tenia mucho tiempo decidí fumarme una de esas cosas que tanto desaconsejan ustedes los doctores.

Pues resulta que estaba ya casi acabando el tiempo y me hice una pregunta. ¿Por qué intentaba siempre hacer las cosas para otros?

Esa tarta no era para mí y la había echo especial, increíble y única… Era preciosa y brillaba con un halo único.

Decidí no entregarla y quedármela para mí. Cogí una cuchara y aunque estuviese recién hecha puse la gelatina encima hasta el punto que en la superficie de contacto se fundió hasta volverse un solo cuerpo.

Con la boca llena de saliva hundí la cuchara en su pico y me la introduje en la boca. El coco llego intenso llenándolo todo mientras la canela y la vainilla bailaban alegremente subiendo a las fosas nasales en un leve suspiro.

La tarta aún caliente se deshacía en mi lengua que mezclada con la pasta quebrada hacia una pasta de mil sabores dulces que te llevaban a una playa desierta.

- ¿Y entonces?

Recordé este sabor… metí todos sus recuerdos en una botella y la tire al mar. Olvide su nombre borrado por una ola en la arena sintiendo como la resaca de la marea me robaba el resto de la memoria llevándosela por mis pies dentro del agua e introduciéndola en lo hondo de su ser y queme sus ultimas raíces junto al resto de su veneno con el ultimo cigarro.

Cuando acabe sólo tenía una sonrisa con una buena fotografía del ocaso y volví caminando a casa. Ni siquiera recuerdo en que playa fue, pero si que de camino a casa las estrellas me contaron una historia que acababa con puntos suspensivos y me dijo que ahora podía vivir libre como el mar.

Note la sensación de que todo había sido una quimera que me llevaría a la entelequia real y que se había borrado en un suspiro. El tiempo no significaba nada y que yo ya recordaba como tener una buena sonrisa. De un plumazo se borraron todas las peleas absurdas y sus besos recorriendo todo mi cuerpo.

Todo vino de repente como una amnesia voluntaria y desperté un día antes de conocerla. Creo que vi caer una estrella y ni siquiera sabia como se llamaba para pedirla en un deseo.

Recuerdo mi sonrisa y sobretodo la tarta…

Era de coco ¿recuerda?.
Un trozo de todos los placeres que de pequeño perdí y que encontré tirados por el suelo.

¿Pensara que no puede ser tan fácil? Pero si le puedo ser sincero, nunca pensé que sobreviviera a esto. A las caídas como el plomo, los venenos y las cuchillas. Ya no quiero sogas… ni coronas de espinas.

Ahora solo tengo una sonrisa bonita y unas cuantas historias enraizadas en una memoria rumbo a ninguna parte y sin billete de vuelta. Que la recupere cualquier ingenuo que no sepa que es el dolor de la ausencia.

Como comprenderá, no voy a pagarle la consulta. Porque le he contado un buen secreto y se que usted también ha podido saborear la tarta de coco.
Le aconsejo que queme ese maldito diario porque el último que lo leyó perdió el alma y acabo loco. Por suerte hay demasiadas sorpresas que pueden encontrarse dentro de una tarta.

Yo encontré la libertad debajo de una frambuesa.

viernes, 6 de marzo de 2009

Próxima estación... Primavera


Salgo a la calle y la noche se abre como una flor tropical teñida de rojo, todavía queda un leve resplandor del sol entre las nubes de tormenta. Una ráfaga de lluvia mas tarde me encontré de bruces con un aroma intenso a primavera. Fresco y aromático, delicioso… un viaje de verde recorrido con paradas en la mezcolanza del dulzor de las flores que están por llegar.

Aspiro fuerte y pongo un esparadrapo en mi boca para evitar que salga de ahí… y así quitar hoja a hoja de una margarita prematura hasta que llegue por fin la siguiente estación naciente.

Guardo mis manos en los bolsillos mientras camino sin prisa ni pausa hasta llegar a mi destino. Un paseo agradable con el techado de los árboles aún sin yemas que mostrar. El viento sigue soplando helados susurros que se enredan entre mi pelo. La música resuena fuerte y hace un par de canciones el vals de Amelia me hizo caminar de puntillas por la calle mas abarrotadas de Madrid… Las notas fluían y yo me escurría culebreando entre las personas que asombradas contemplaban como aprovechaba los pequeños huecos para avanzar entre el agobio de las miradas.

Sonriendo salí de la muchedumbre sin haber sacado siquiera las manos de los bolsillos y tras pasar esa avenida el paseo volvía a ser un transcurrir goteante de personas que se contaban con los dedos de la mano.

El cielo ya se había tornado un manto oscuro moteado de estrellas, que aunque no pudiese ver sabia que estaban ahí, esperando a que las mirase para guiñarme un ojo y mantener mis pasos fuera del sendero perdido. La luna estaba parcialmente oculta por una densa nube blanca que parecía guardarla de mi mirada, pero nadie había puesto barreras a mi bella musa… y subida a algún sitio miraba por encima hasta encontrarse con mis ojos absorbiéndola por dos agujeros negros para después pasarme media noche pellizcando trocitos de su sabroso queso.

Llegue cuando todo ya había comenzado. La música estaba puesta a un volumen aceptablemente alegre y cuando entre en el cuarto acristalado los demás hijos de las esencias ya estaban con su cerveza en la mano.

Tras una ronda rápida de abrazos con besos en el cuello alguien me tiro una que hábilmente agarre quitando la chapa con la primera arista metálica que encontré en mi camino. Alguien dijo: Te he echado de menos… Otro dijo que yo nunca había salido de allí… me mire en el espejo y volví a recordar a la luna. Un deseo me estremeció recordando sus curvas redondas.

Al llegar a la realidad el momento había pasado y todos volvían a sonreír dispersos entre sus historias. Quizás fuesen ya demasiado bebidos para un pensamiento tan astringente. Saque el paquete de tabaco ofreciendo una ronda a los presentes. Unos si y otros no… como el revolver de un suicida paranoico… Un par de caladas después intentaba subirme al tren de la euforia.

Prosiguieron el desfile de las bebidas… De todos los sabores y colores y de nuevo regrese a la cerveza hasta que perdí la cuenta de las que llevaba. Mire a mi alrededor y busque cuantos supervivientes quedaban concientes. Fui descartándolos uno a uno con los dedos hasta que solo permanecimos atentos un par de nosotros.

Cuando el sol volvió a salir ya era muy tarde para los sueños de muchos de ellos. Me puse la chaqueta y me aventuré a buscar la primavera. Sabía que no era fácil encontrarla… y mi condición zigzagueante no mejoraba las circunstancias.

Señale un frondoso árbol de mi memoria y fui a su encuentro. Las calles se torcían con el incipiente sol que afloraba. De nuevo sentí el aroma fresco de las flores y con mi olfato rastree las últimas calles antes de llegar a mi objetivo.

Me desplome en el suelo como un saco de ideas vacío y permanecí en esa posición hasta que la sombra acabó por devorarme debajo de ella. Recuerdo que alguien sopló un diente de león que desafiaba el viento matinal al lado mío y me fui volando detrás de la luna llena.

Puede que no hubiese salido nunca de allí, pero nadie ponía precio a mis fantasías.

Alicia


Saco la baraja del bolsillo y los dedos revolotean entre sus cartas. Inquietos e impacientes como una virgen delante de algo excitante. Miro alrededor en busca de más personas en esa plaza de piedras enlosadas. El sol cae a plomo y la parrilla echa humo mientras que abriendo el abanico elijo el destino.


Lo hago con calma, sin ninguna prisa ya que cuando me llego este tesoro a las manos, poseía 52… y años después ya me quedan poco mas de la mitad. Cada carta era un portal a un viaje en especial.


Cuando comencé a realizarlos recuerdo que escogía con deseo la carta que quería. Contemplaba su misterio, realizaba la prueba y conseguía el destino. Los placeres que encontraba me hacían repetir no muy tarde la experiencia, pero cuando me di cuenta que los deseos no debían de ser los que realizasen la elección de mi camino. Aprendí a apreciar el azar.


A su vez también recuerdo que desgraciadamente use los 2 primeros Ases al inicio de la partida. Dos ases que me hubiesen gustado guardar para el final del los días cuando ya todo tuviera sentido.


El As de corazones me llevo a un reino lleno de damas preciosas que me tomaron por su rey. De rostros blancos como la porcelana y labios rojos color picota. Suaves y dulces, con sus corazones palpitantes y sus susurros húmedos cuando caía el sol… Desgraciadamente descubrí tarde que ese reinado solo duraba un día y cuando lo perdí todo llore como un niño… tanto que los ríos se secaron y las nubes lejos de arrojar lluvia decidieron alejarse para tostarme al sol de la derrota.


Por eso escogí entre todas las cartas ese As de tréboles para dejarme caer en un páramo repleto de millones de ellos por todos los lugares… una pradera verde y fresca por la que rodee el día entero impregnándome de suerte y roció. También descubrí que allí no estaba solo y rodeado de millares de duendes de todos los tamaños y colores jugué a hacer la croqueta y bañarnos en el manantial de la luna. Eche de menos haber gastado 2 grandes cartas en tan poco tiempo y me jure no volver a escoger ninguna por muy desesperado que pareciese.


Después muchas historias seguidas, de mucho aprendizaje asimilado en cada uno de esos viajes poco a poco fui abandonándolos en previsión a su posible gasto paulatino y limité su uso a momentos especiales que me hubiesen ocurrido. Y allí perdido en una ciudad que me robo el encanto hacia unos años atrás volví a sacar mi juego de sueños, en esa plaza elevada sobre toda la ciudad donde dormí dentro de un coche tras contar todas las estrellas que caían sobre ella.


Abrí el paquete de los naipes y cerré los ojos buscando dentro de mi la contestación de arriba o abajo… sonreí y pedí abajo para variar… deslizando el dedo sobre su superficie la saque lentamente y cuando ya residía en mi mano. La mire, la sonrisa floreció en mis labios y por fin supe que la suerte había vuelto a mis pies, las huellas de mis pisadas volvieron a brillar y el sol aflojo un poco su esplendor.


Mire el reloj y puse el tiempo a 0. Comenzaba el espectáculo con un espectador que no era nadie más que la mismísima reina de corazones. Los recuerdos volvieron a clavarse en mis retinas mientras que yo ya había perdido el mío, el cual corría desaforado al encuentro de sus labios carmesí.

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