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jueves, 13 de marzo de 2014

Zapatillas amarillas.




Inútil como un rompehielos encallado en mitad de un desierto se siente a veces uno mismo. Puede lograrse todo a base de paciencia y constancia, pero cuando sales y irremediablemente te metes de lleno en las únicas arenas movedizas conocidas en toda la zona, intentas no alterarte… recuerdas lo de rodar en plano, pero para cuando ya lo tienes casi dominado, te cercioras que sigues clavado todavía y ahora y tienes el problema hasta el cuello.

Sonríe y ya ni siquiera desea ni despedirse ni angustiarse lo más mínimo por pedir ayuda… no es que sea pesimista, todo lo contrarío…

Es de las personas positivas que ven el lado bueno de las cosas y también tiene memoria así que evitar recordar la triste cifra nula de las veces que le han prestado auxilio. Aunque para ser sinceros en una ocasión le salvaran de morir desangrado en una cuneta así que no le importa tanto convertirse en la parte de algo. Se relaja mientras mira el cielo esperando a que alguna especie de buitre le saque los ojos antes de hundirse del todo en el barro, incluso puede que intentará apresarlo.

Pero nunca es suficiente y sin rastro de plumas en el firmamento y tras un rato largo el sol desquiciante hace de las suyas y seca gramo a gramo cada fino grano de arena hasta quedarse allí plantado y sin hojas en la cabeza. La ironía suena a carcajada entre las dunas y por suerte aun fresquito serpentea como raíz guerrera hasta florecer desde el barro.

Iré directamente a la lavadora piensa al tomar de nuevo el camino. Se alegra pensando cuando le arrebate el puesto del santo Job, pero se entristece al recordar que no le servirá de gran cosa cuando le manden directamente al infierno.ergo inevitablemente hace el mal para equilibrar los marcadores entre errores y aciertos. Al menos sonríe mejor al quitarse peso.

Con el tiempo aprendió a que sólo un tal Atlas tiene por función soportar al mundo. Por lo que al pie de la letra se incrusta sus auriculares y emprende la marcha rumbo a casa escuchando lo primero que apetezca. El hambre es una palabra demasiado amplia porque depende tanto del cuerpo que termina convirtiéndose en una especie de sombra. Pero el sigue caminando. Esquivando lo que puede y superando lo demás sin importar lo siguiente que venga escondido tras la vuelta de la esquina sea seguramente más cruel.

La vida sin sorpresas no cumple ese nombre… No es vida, ni es nada... es capaz de reducirse en una línea plana igual que el encefalograma de un difunto o la simpleza de una ameba sin vicio ni beneficio. Tampoco vale conformarse pero no te confundas, no se recomienda por el contrario lo de llevar siempre la contraria. Cal y arena están bien para un rato. Pero ponle agua y conseguirás una pasta que hasta arregla paredes.

A veces te sientes absurdo como la copia de una copia y otras simplemente lo eres, pero todavía logras dibujar una sonrisa en la cara por muchas puñaladas que puedan contarse en la espalda la mayoría de las mañanas, mientras que se sea uno mismo habrá alguna salida, porque peor sería ser ese típico don nadie que se hace famoso por salir en un programa. El mundo te da tantas hostias que llega a asustarte a pesar de no tener miedos y puedes hacer dos cosas… amoldarte como un calcetín o forjarte como una espada,
También puedes no hacer nada, pero al menos de las otras formas habrás escogido algo diferente a la opción más fácil y cobarde que tomar...

La suerte viene dada casi igual que los premios por dentro de las tapaderas de los yogures porque hasta que no lo abres… siempre cabe la opción de no haya gato encerrado, no tome el veneno jodiendo a Schrodinger y su teoría… por supuesto que en el desierto nieve durante días y pueda por fin sacar el rompehielos de este lugar donde cualquiera perdería la cabeza sino existiera una forma sencilla de no llevar zapatillas amarillas un martes y trece mientras cruzas por el triangulo de las bermudas.


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