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viernes, 28 de junio de 2013

Lluvia de noches.



Te creías Dios desde tu balcón lanzando globos de agua a los transeúntes que deambulan en la oscuridad y fuiste a dar por desgracia con la horma de tu zapato, porque desde que tuviste la desgracia de lanzar el primero ya estabas condenada… Esa fue una gran equivocación, la siguiente escoger un mal objetivo y en tu imprudencia continuar tus fechorías tras haber sido descubierta.

Esos son demasiados despropósitos para una noche cualquiera, pero la venganza es un plato que conocemos todos y más si has estado en cuarto frío. Nadie te contó las contras de las acciones, ni tampoco la prudencia guió tus pasos tras el desatino inicial.

Pensaba la princesa fumadora que había ganado la batalla desde la seguridad de su fortaleza inexpugnable, pero la moraleja es que sabe más el diablo por viejo que por diablo… así que mañana cuando se despierte después de una larga noche y salga a dar una vuelta descubrirá lo que cuesta tomarle el pelo a alguien de madrugada, porque quien ofende, que sepa al menos aguantar la reacción desencadenada.

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