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martes, 11 de junio de 2013

El pluscasiperfecto.



Es el pretérito que viene asociado a su persona, si de algo es notorio sería de tener una conjugación verbal propia independiente del tiempo donde viva porque su vida esta fabricada con retazos de lo que fue y de lo que podía haber sido a modo de collage. Sólo un historiador discerniría entre la maraña de hilos la trama original, los demás sucumbirían irremediablemente como los saqueadores de tumbas inexpertos en alguna pirámide egipcia.

Se especializó en nada porque dentro de su absurda cabeza eso significaba a su vez que lo englobaba todo parafraseando a Sócrates pero sin la humildad que debería tener. Nunca llevaba a término algo iniciado de forma espontánea, eso aumentaba sin duda su alarmante índice de éxitos sobre los fracasos acontecidos. Una burda burla más a su sarcástica existencia a todos ojos fantástica que a su vez no dejaba de ser banal y sin sentido.

Habiendo dejado de practicar estaba sumido en un punto medio clavado en mitad de una marisma en bajamar sabiéndose a salvo de tener el agua al cuello por muy picada que estuviese la siguiente pleamar, pero sin ningún pretexto por sacar los pies del fango y echar raíces en un lugar más apropiado. No buscaba convertirse en un buen árbol que entregase sus frutos a quienes quisieran recogerlos… simplemente buscaba vivir en paz con el universo.

Nada le costaba lo suficiente como para desanimarle, al contrario cada cosa le llevaba a un desafío por el que superarse. Los objetivos de su vida se habían transformado con el tiempo en trofeos y medallas que guardaban el polvo en las paredes de su vieja habitación de su infancia. Siempre podías contar con el cuando requerías su ayuda y él para variar rechazaba cualquier propuesta en sentido contrario. Tenía una testarudez a prueba de bombas, pero ninguna intención de poner su nombre en una etiqueta debajo de una hazaña lograda.

Sus mejores momentos vivían en su cabeza, junto quizás a los peores de su historia y todos ellos cosidos con sucesos indemostrables que contaba con la naturalidad que tiene aquello que es real. La vida podía ser un cuento y a la vez un libro de aventuras, los sucesos se recalibraban cada instante que fuera necesario para que el aburrimiento no le alcanzara jamás. Le gustaba la mecánica que no entendía sobre calificaciones, para el las cosas funcionaban correctamente o no lo hacían. Por lo que entre realizado y no había materializado un abismo palpable.

Lo irónico es que sin dejar nada a medias nunca las llevaba al límite gracias a una falsa moderación ni las concluía perfectamente para librarse de las consecuencias, en un partido de baloncesto sería el Dios de las asistencias y a la vez el peor anotador con la mejor proporción. La paradoja no tenía misterios dentro de una caja de espejos… cuando un problema caía directamente a sus manos nunca lo apartaba sin más. Era bueno esquivando, pero no dejando atrás. Lo cogía y lo observaba como un niño, después de un rato rompía ese odioso silencio fabricando un monologo disparatado o silbando sencillamente alguna estrofa que le entretuviese.

Conseguía hacer las cosas casi siempre justo antes de tiempo. Puede que hubiese perdido pelo por ello o quizás fuera que fuese parte de su destino. No se arrepentía de lo bueno ni de lo malo acontecido. La memoria era lo único objetivo que le quedaba tras una existencia paralela parecida a la de un fantasma. Su leyenda era un murmullo inteligible que goteaba por el tiempo, ni muy conocido para considerarse un rumor… ni algo que pasar por alto cuando escuchabas fragmentos desparramados.

Hubiese sido mejor no empezar en esto de la vida solía repetir de vez en cuando, pero en verdad luego se corregía alegando que hubiera sido entonces demasiado aburrido estar tanto tiempo en silencio ya fuese en el infierno o en el mismísimo cielo.

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