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viernes, 29 de marzo de 2013

Placebo de suicida.



Siempre fui un kamikaze, incluso antes de conocer ese significado entre los libros de historia. Era algo que latía dentro de mí, fuerte como un tambor de guerra… conforme se iba acelerando el ritmo se iban bajando el nivel de precauciones y normas morales, lo ético se fundía como el estaño… gotas absurdas cayendo en una diana concéntrica y acompasada. Cada vez más rápido y más calor hasta estallar el infierno y perder la razón para desbastarlo todo y en el silencio de la calma volver a regenerarme como un reptil casi extinguido.

Cuando las cosas van mal la gente suele correr a ponerse a salvo. Yo corro hacia el foco del problema tratando de encontrar una solución espontánea. La muerte no es más que una meta con flores en vez de laureles.

Todo el que ha muerto al menos una vez lo sabe, sólo hay que a veces los hay que no despiertan y otros que al contrario nunca se quedan dormidos. La inteligencia en este caso, no tiene nada que ver. Lo lógico es protegerse a uno mismo del dolor… no en ir en dirección a su origen.

Pero supongo que fueron los mártires quien me enseñaron más de la vida, de caer y levantarse que los que tienen carreras meteóricas y luego caen como su nombre indica, para no levantarse nunca jamás. Quien diga que hay cosas imposibles es que no lo ha intentado hasta el punto del dolor, sea cual quiera su formato. La sangre no duele tanto y gran parte de lo que se rompe puede volver a unirse a pesar de que nunca vuelva a ser el mismo que el original.

Con la vida es igual… no hay un solo camino, porque en cada elección puedes escoger como si fuera una raíz… yo en cambio crezco como si fuera la concha de un caracol, lo hago de forma espiral descenderte. Se que llegará el día en que mi suerte se acabe y llegue al final. Allí donde no hay por donde seguir avanzando. Mucha gente dice. Sigue hasta que logres ser algo. La mayoría de ellos sólo dicen gilipolleces, porque ni ellos saben su propio destino, como para ayudar en nada a los demás.

A pesar de todo lo intentan, dan malos consejos y peores decisiones, intentan aprender de tus errores para usarlo de ejemplo en los suyos. Pero como en casi todo el verdadero aprendizaje viene de la práctica y no del desarrollo. Por ahora sólo debo sonreír y decir gracias por la oportunidad de darme un lugar donde estrellarme contra la pared o encontrar la salida hasta una mejor meta. Sólo necesito tiempo, y eso se aguantarlo por que con el tiempo descubrí que las heridas sangrantes dejan de doler tarde o temprano. El dolor es como el agua… cambia de estado hasta vaporizarse, no lo hace de forma natural, sino que se transforma por la inercia de su frecuencia y intensidad.

No deja de ser un sentimiento captado por impulsos eléctricos, mientras haya chispa y energía. La oscuridad es tan incierta como todas aquellas cosas que vemos y no podemos controlar. A la ecuación de la muerte sólo los euritos de ese arte le encuentran solución. La voluntad propia es la encargada de la elección de pulsar el gatillo, la mecánica espontánea, es la que se encarga del resto. La repercusión  de las acciones suenan en el silencio aunque una soga acabe de partirte el cuello. No hay final sin consecuencias a ambos lados. Ningún resultado final esta bien balanceado.

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