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miércoles, 20 de marzo de 2013

La apuesta dorada.



Sabe aquel que reta los defectos del retado. Los reúne por adelantado, conociéndolos hasta el último de ellos. Apuesta sobre seguro, sino ni siquiera lo intentaría por descontado.

Tiene constancia de que con un orgullo como el del interesado, es peligroso poner una fecha pero asume el riesgo al también saber de buena tinta, que alguien como él nunca aguantará las normas de alguien.

Lo se porque una vez estuve bajo su mando, él lo sabe por eso apuesta contra mi incapacidad de cumplir la voluntad de un superior sin rechistar. Mi perdición es la boca, por eso apuesta fuerte a una sola carta. Si gana, confirmará su vaticinio… si pierde, él mismo se pondrá la cuerda al cuello y tragará saliva.

Que vuelva su perro con el amo es un mal resultado. Porque es aquel único animal que le muerde mientras sonríe con cariño.

Así que a día de hoy. Estoy perdido…

Tengo por delante un año, trescientos sesenta y cinco días en los que tendré que entrenar la máxime de donde hay patrón no manda marinero. En las que por supuesto guardare la sinceridad en un cajón de la mesilla y para no sacarla en mucho tiempo. Es un horizonte auspicioso para un sumiso. Un calvario para alguien como yo.

Pero a la vez… es mi reto personal para volverme persona, y ser capaz de regresar a la manada y comer pienso en vez de realizar ese mismo verso. Y no lo haré por mí, sino por él ya que es más que un amigo… es como un hermano pequeño que sabe lo que maquino antes de yo mismo masticarlo.

Otro caballo, de otro establo… Pero a su vez alguien con el que muchas veces no tengo que ni romper el silencio, al igual que una sombra hace con su dueño. Mas yo no pertenezco a nadie, con la edad gane mi propia libertad. Y no es que quiera volver a ser esclavo. No es eso… es que a su cargo, comprendo lo que significa un genio.

Y que a veces mi mal genio hace que no me vayan bien las cosas sin sacar el cuello de una gran bola de problemas asociados a mi conducta. Pero también debo lealtad a mi estirpe y a mi sangre. La que fuera y a la que ahora es. Y gracias a mi gran testarudez ganar esta apuesta.

Por primera vez ya no me valdrá de nada la velocidad ni el ingenio. Habrá que olvidarse de la soberbia y el egoísmo. Dejar de contar los fallos del prójimo para centrarme en los míos y hacer lo que mejor se me da en el planeta. Resistir con constancia y aplomo, si lo logro pasar a lo siguiente.

Hacer lo segundo. Volver a incordiar a mi hermano pequeño ganándole de nuevo. Pues puede que donde haya patrón no manda marinero… pero más sabe el diablo por viejo que por diablo y en esa escuela yo tengo ya el rabo y los cuernos. Además nunca me ha gustado suplicar un empleo, el destino lo tengo ganado por derecho.

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