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viernes, 1 de junio de 2012

Adiós querida.

Se relame el labio mientras culmina la preparación de sus planes, el momento que tanto temía ha llegado y es ahora cuando tiene que entrar en acción. Las consecuencias serán terribles como la peor de las guerras en el planeta más devastado e inhóspito que su conciencia pueda llegar a elucubrar. Uno como el sol sería su salvación porque al menos allí todo duraría unas milésimas de segundo, pero en un planeta tipo desértico le pega más a la escena.

Su misión es matar a su bestia y aunque en principio parece tan sencillo como asesinarse a si mismo, en el fondo él quiere seguir con vida y eso va en oposición a la implantación de la solución más sencilla. Así que tendrá que lidiar con una situación tan complicada como plantear una estrategia complicada como que el enemigo vaya a saber por adelantado todos tus movimientos, incluso puede que algo antes porque no hay que olvidar su instinto de supervivencia.

Por ello allí se encuentra, sentado en su sofá en postura pensativa, reflexionando sobre todo pero sin darle la menor importancia a nada para que sus sentimientos no despierten a su temido inquilino. Quiere hacerlo bien para evitar repercusiones… con la meticulosidad de las cosas bien urdidas y sin huecos por donde pueda fastidiarse el asunto. Sabe que tiene que ser rápido, recuerda lo poco que le gustaban los espadradapos pegados directamente a la piel… siente la dermis estirarse hasta los limites hasta que una vez liberada vuelve rápida a pegarse otra vez a la dolorida carne. Sonríe porque todo eso básicamente es una miseria nimia comparado a exterminar una bestia que con el tiempo ha llegado a extenderse como un jodido cáncer cuya metástasis ha corrompido casi todo el cuerpo. En su caso le quedan libres las extremidades ya que su huésped habita dentro de su tronco como un pájaro carpintero.

Piensa en cuando era tan pequeño que con mirar a otro lado y pensar en otra cosa, le bastaba para esquivarlo… pero con el tiempo y la soledad, quizás fue el caldo de cultivo de que alimentara y jugara incluso con esa inofensiva criatura. Fue todo ese periodo en el que sus días eran tan largos que siempre llegaba a aburrirse y evadirse dentro de si mismo, cuando comenzó a gestarse el problema igual que un niño que va desarrollándose dentro. Ese animal, conocía todos sus instintos y aquellos pensamientos que se producían en la zona del vientre. Era una ausencia enciclopedia de sus anhelos, deseos y perturbaciones. En cierta manera, ella le hablaba más de si mismo de lo que hubiesen conseguido sus padres… le conocía desde dentro y pensaba que era la parta más objetiva con quien pudiera hablar de todo eso.

Pero siempre te puedes equivocar, incluso contigo mismo. San creí que y san pensé que… siempre han sido amigos de tonteque, como le decía Manu muchos días. Con él nunca le funcionaron su elenco de brillantes excusas jamás repetidas. En su caso es un tío competente, así que dejó de buscarse excusas para autoengañarse y decidió volver a viajar dentro de si mismo. Allí donde la luz no entra y el único pase lo tiene un cirujano a golpe de bisturí. Volvió a sumergirse en el mar de sus entrañas, donde duerme la bestia milenaria que nunca dejo de ser una serpiente marina. Los malditos peces, siempre le han distraído y de pequeña era como una anguilita. Ahora asustaría hasta a Moby Dick creándole pesadillas. A pesar de todo, ya que estaba dentro, no podía esconderse de su privilegiado olfato.

Y la vio llegar como siempre con su sonrisa tan afilada como una trilladora mecánica. Pero esta vez hasta ella se dio cuenta pues no había ni rastro de temor ni de tristeza… en la cara de su dueño reinaba la placidez de los que tienen su propia conducta ética y sagaz cual zorra que era, uso su ventaja suprema… la rememoración de sus horas más bajas y siniestras para que el vinculo que les uniera se fortaleciera… pero su hábil ardid esta vez no tuvo consecuencias con unas respuestas tan optimistas que le contaban como a veces con ella y otras a solas siempre se podía superar las horas más difíciles y que ahora que la calma había llegado a su presente, era ya hora adecuada como para liberar a su bestia, simplemente porque hasta ella, se sentiría aliviada en una casa más extensa que no fuera un montón de huesos lo que conformase su minúsculo apartamento, para ella prefería otro lugar donde llevar una buena vida.

Sintiéndose por primera vez realmente amenazada respondió de forma violenta tal y como esperaba y sacudiéndose frenéticamente se abalanzó hacia él con las fauces abiertas dándole un embiste que le dejo contra las cuerdas… para después replegase enroscándose a su alrededor como una cobra real que espera a terminar con su presa… Su figura serpenteante a su alrededor se erguía imponente como si del coliseo se tratase y dentro de su propia bestia yacía sentado su dueño y a la vez su victima.

-    Haz lo que tengas que hacer… susurro él.

Pues claro que lo haré, en que posición te crees que te encuentras. Respondió encolerizada.

-    Llevamos demasiado tiempo juntos, como para que esto pueda sorprenderte, bien entiendo que te haya molestado el que te llegue de forma tan inesperada con esto. Pero llevo pensándolo mucho, y creo sinceramente que es el mejor momento para que tu y yo rompamos nuestro acuerdo y nuestra simbiosis deje de serlo.

-    Creo que se sido un buen anfitrión en durante los años que nos conocemos y que te he criado como si de mi mismo fuera. Tienes un tamaño adecuado como para que vuelvas al océano y allí hagas tu vida. En libertad y con tus propios sentimientos.

De que hablas!... Tu eres mío… siempre lo has sido y siempre lo serás… En tus peores momentos continuamente has requerido mis servicios. Yo te he cuidado tanto como tú hayas podido hacerlo a mí, me debes tu cuerpo. Muérete y llévate tu alma, yo me quedo con todo esto.

-    Entonces y mátame… y termina con mis sufrimientos. En el fondo sabes que siempre ha sido uno de mis anhelos. Dejar de sufrir una la incertidumbre de la tortura del final… en tu caso eres inmortal y aunque mueras, alguien te invocará a vivir en sus entrañas, pero ahora que eres tan grande como un rascacielos. Creo que es el momento en que salgas al mundo y vivas fuera.

Volverás a invocarme!. No puedes vivir sin mí…

-    No lo haré. Así que mátame… muérdeme la yugular hasta que tu veneno acabe con mi cuerpo… Pero recuerda que con ello tu también perderás la vida y volverás a comenzar tu historia desde cero como cualquier bacteria. Mi cuerpo se pudrirá y tu con el… decídete y termina ya.
-   
Y que!... Acabaré contigo! Esa será mi venganza…

-    En el fondo me das lastima, tanto odio acumulado con el que te he alimentado te han hecho perder tu propio camino. El destino de las serpientes. Prefieres comenzar desde cero a salir y cumplir la condición de tu especie, crecer hasta llegar a tener alas y surcar los cielos como hicieron los dragones.

Tu no sabes nada!

-    Nunca lo he sabido, pero si puedo contarte una cosa, llevo demasiado lastre encima… y aunque me ayudas a nadar contoneándote en mis entrañas, yo ya no puedo volar… mi imaginación se ha vuelto tan pesada como un bloque de hormigón y ya no me dejan ni montar en avión si no es en uno de carga pesada.

-    Eres tan magnifica como King Kong y tan larga como la muralla china. Si sales de mi interior seguro que en poco tiempo conseguirás las alas. Pero todos tenemos miedo alguna vez en la vida ante lo nuevo.

-    Sal, no te preocupes por el mundo. No es tan peligroso como parece y tu ya eres lo suficientemente grande como para no temer ningún mal que no venga vestido de desastre natural. Vete y vive. Deja de alimentarte de mis migajas y prueba a zamparte un atún entero de un mordisco o un calamar gigante…

-    Prueba todas esas delicias que hasta ahora te he negado y vive como lo haré yo, sabiéndote que esta vez no morirás y que yo si lo haré en su día. Vive por mi lo que yo no lograré nunca que es cruzar el mundo surcando sus entrañas. Existe y no me guardes rencor.

Volverás a invocarme y tendrás que volver a tragarme… esta vez no pienso ser suave, te desgarraré mientras vuelvo a mi paraíso.

-    Y te diré que acepto… pero ahora, sal y vive… o quédate aquí y muere conmigo.

Ella se fue reptando como una reina caprichosa con la cabeza alta y pensando que volvería al día siguiente.

Él sabía que había sido su despedida porque ya no la necesitaba. Se había perdonado a si mismo y podía comenzar de nuevo, sin guardar rencor a nadie.

4 comentarios:

  1. Que bueno cuando se saben las cosas con seguridad, y cuando se puede volver, sin rencor.

    Me ha encantado.

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    Respuestas
    1. En verdad nada se sabe con seguridad, pero siempre se puede volver a probar mientras tengas balas en el cargador.

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