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domingo, 17 de febrero de 2013

El mal no deja de ser un dividendo de lo bueno.



Existen muchos tipos de odios y tengo varios de ellos. Los hay que tienen historia, su fundamento y otros son tan ilógicos como viscerales. Puede que la gran mayoría que poseo sean de esta última categoría así como otras que ni siquiera comentaré por ser corrosivos y contagiosos. Pero a veces sueño despierto con hacer algo que con un poco de suerte  cuando vuelva se me habrán pasado las ganas iniciales… regresando a la normalidad.

Pero no soporto los agentes de seguridad que llevan una absurda banderita española en sus porras. La verdad es que me importan pocos dichas personas así como otros organismos gubernamentales, aunque también es cierto que a ellos no les haría nada porque suelen tener sus propios reglamentos internos y suele estar más sancionado, pero los de seguridad me ponen negro, y me imagino empalándolos con sus propias defensas de ataque. Penetrando su masculina virilidad mientras intento encontrar mediante palpación instrumental la localización exacta de sus cerebros.

Comprendo la necesidad de ciertas empresas de mantener vigiladas sus instalaciones, vivimos en un país con una laxa moral y aun peores maneras. Pero algunas cosas me enervan como que abran el grifo mientras me ducho, se enfríe la comida en la mesa, o me digan que me calle. También me molestan irracionalmente las banderitas de españa, quizás porque acumule tantas con las medallas que ganaba de pequeño que acabe repeliendo esos símbolos.

Soy español, eso lo se desde nacimiento, pero mi patria es mi continente no mi emblema y puede que algo insignificante no tenga valor alguno en sus acciones. Pero a su vez un símbolo encierra un significado con más o menos relevancia. A veces mis acciones son importantes, otras no… algunos días son tristes y otras me veo sonriendo en el metro ante la idea de sodomizar a un agente de seguridad ejecutando quizás una paradoja siniestra. Mas no es mi culpa, mi cabeza esta llena de resortes escondidos, que saltan a la menor señal de alarma.

Porque la vida no deja de ser irónica ningún momento del día. Es posible que por la mañana alguien se levante alegre para ejercer su trabajo con un absurdo emblema cosido a su herramienta laboral y horas después se vuelva a su hogar con más partido de lo habitual. El mundo es injusto lo se, lo parece y realmente lo es. Pero al menos cuando ejerzo mi “obligación laboral” mantengo un cierto decoro al no mostrar mis gustos a quien no le vaya a interesar. Puedo ser verde, rojo, azul o púrpura… eso es cosa mía, pero no me siento seguro ante cosas así.

Se que el odio no es bueno, que es como un cáncer que te carcome por dentro hasta abrirse hueco hasta el aire libre. Puede, pero al menos lo mantengo aun dentro de mi escondido de ojos ajenos. Espero que alguna especie de iluminación llegue a todos y que empiecen a pensar en vez en sobreexplotado uno mismo, escojan para variar en los demás. Y ser algo más asertivos. Entre tanto seguiré soñando despierto, puedes estar a salvo de mí… No entiendo de banderas, pero mejor si no apareces en el tablón de mis odios.

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