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viernes, 27 de diciembre de 2013

Sin límites.



Una vez alguien dijo que me callara y no pude cumplir ni siquiera una mísera petición. Paso el tiempo y con la llegada de las responsabilidades y obligaciones nada cambio. Intentaban conseguirlo y dueño de mi silencio no lograban más que breves intervalos. Hasta que llego la orden desde una jerarquía superior no vinculada a la consanguinidad y todo fue diferente.

Algunas veces lo aceptaba y acatándolo lo hacía, otras tantas las palabras se arremolinaban en la lengua y acaban por salir atropelladamente. Chaparrones de letras desde los intensos a los moderados entre periodos de cielos soleados como el verano.

Guardaba silencio, pero de alguna forma, no era posible realizarlo durante mucho tiempo. Debe de ser que para eso no soy buen guardián. La boca me pierde y la lengua esclava de la pasión de los ofideos hacía el resto.

Cuando el silencio se puede mascar, me vienen a la mente los entierros y los ascensores. Entonces abro la caja del ataúd y suelto alguna gracia sin apenas nada de su nombre. La vida no es para nada justa. A veces se logra lo deseado y el resto le das al ajo y agua. Supongo que todo es culpa de otro… las capacidades son diferentes entre una persona y otra. Por suerte los hombres como Hitler no abundan por la tierra y los que son como yo, florecen por todos los rincones donde el silencio osa posarse para descansar.

Ya quedará tiempo para tal menester cuando la fría parca venga a recogerme en persona y entumezca a mi persona hasta volverla dura como el hueso. Entonces puede que comience mi largo estado de letargo en silencio. Hasta entonces no creo que vaya a conseguirlo, porque sin música… mi lengua tiende a buscar el alivio del sonido de la forma que sea inclusive durmiendo. Porque en verdad sigue sin ser culpa mía. Mi antiguo jefe sólo me pidió una cosa y no era otra que moviera las manos a la misma velocidad que la lengua.

Debí aprender muy bien esa lección, porque rara vez se quejan de que vaya lento en el trabajo, de lo demás… mi madre esta genial y los enanos salen al bosque los domingos por la mañana. Los pájaros escarban entre las migas de los bancos y el cielo sigue tosiendo humo mientras los de abajo miramos hacia arriba sin fijarnos siquiera lo que nuestros pies pisan. A veces se mira lo que se hace con los oídos en vez de con la vista, yo lo llamo hipocresía  pero en verdad debe de tener algo mal dentro de la cabeza… al igual que los daltónicos no deben de percibir muy bien el significado de la realidad.

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