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miércoles, 17 de agosto de 2016

Al pie de las arenas.

Denso se vuelve futuro, tanto que cuesta imaginárselo... El horizonte se ha tornado como asfalto fundido y amenaza con tragárselo todo. Aquí y ahora se respira la paz, pero comienza a llegar el olor de lo fatídico, un leve y tenue aroma a destrucción que alarma hasta a los perros más optimistas.

Pero en la trinchera hace tiempo que no llueven las balas y hasta las cicatrices más terribles han empezado a sanar. Los moribundos gastan bromas sobre tener hijos y crear familias numerosas y en la retaguardia han comenzado a hacer las maletas.

Nadie espera que vaya a ir a peor, aunque en el cielo los buitres han comenzado su éxodo hacía justo donde termina la vista. Un año sin gobierno, viene a ser como un curso sin vacaciones para un estudiante. Los del congreso están cobrando por ser figurantes de los escaños. Van juegan a las cartas y a los dardos un rato... y cuando se cansan, se van a sus casas con caras de cansancio por no llegar a un consenso.

Les va de perlas porque son la materialización del perfecto funcionario español. Pero a los demás les siguen aprentando la soga hasta cortar el riego y con ello dificultar el pensamiento para mantenernos en hibernación.

Es curioso que todos ganen dinero sin hacer su trabajo, el que no lanza mierda como los monos, airea sus pensamientos en cualquier televisión y asi la pelota sigue rondando del Palacio a Moncloa y vuelta a empezar. Puede que para el año que viene pueda formarse uno nuevo, mientras tanto seguimos sacando dinero de las pensiones, para nadie pueda llegar a viejo sin sentirse estafado.

Cuando venga el final, creo que aún podré encontrarme con algunos sorprendidos. Dirán cosas como yo no me lo esperaba, tal vez eso de que las cosas no salen como planeamos. Pero en verdad deberían decir... ves, si te lo decía. ó esta claro... que tenía que ocurrir. Yo sigo sacando filo a los cuchillos para cuando venga el alud, pueda exterminar todo lo que pueda aprisionarme.

Así cuando el ultimo corresponsal de guerra que quede en pie, me haga una entrevista podré comentar una primicia que no verá nadie. Y así seguir con la cadena que no lleva a ninguna parte.

Me preguntaran por el dolor, las cicatrices y las perdidas... Por la amarga victoria de no tener con quien compartirla. Indagarán sobre mi pasado y por gilipolleces de mi infancia. A quien odiaba más de mis padres o a mi color favorito.

Cuando dejen de preguntar, quizás ni siquiera quede cinta para albergar mis respuestas, lo mismo que ocurre al tirar de la cadena del inodoro. Mucho ruido para después nada en especial. Sonreiré y diré toda la culpa la tuvo la televisión.

Y es que sólo en ese medio se tolera que una panda de gilipollas con menos cerebro que un cactus siembren su moda en recipientes de barro sin rejilla de seguridad. Bobos alimentando a subnormales con más estupidez de la que se encuentra en un día en el congreso. Personas vacías que no lograrían llenar ni la pagina de un libro.

Cuando el libro dejó de ser el objeto de ocio más valorado, estaba claro que andábamos ya bajando por la espiral de la ignorancia. Sólo que encima algunos vierten aceite para hacer que todo caiga todavía más rápido.




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