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miércoles, 23 de abril de 2014

Recalibrado.



Mucho tiempo viviendo en la confortable y mullida paz, demasiado sin dar guerra. Un día te levantas y todo tu cuerpo clama por regresar a ese sitio donde nadie quiere acudir por temor a la muerte, pero en tu caso es diferente… luchas por vivir y no lo contrario y ese miedo se refleja en las pupilas de los adversarios como pequeñas velas de cumpleaños que indiferentemente te da por apagar entre rugidos y sangre.

Esta claro que nadie es culpable de enfrentarse a un engendro, en parte por desconocimiento y otra por falta de imaginación mientras en la batalla otea el horizonte buscando para variar a los más fuertes de la contienda. Es complicado dar a una bestia lo que busca a zarpazos, las presas son cualquier trofeo al que se le puedan dar más de dos bocados y así avanza talando vidas y hombres a pasadas con sus dos espadas hasta encontrar su próxima victima entre los estertores y los gritos de dolor.

No se encomienda a cualquier Dios normal, sino a Ares poniendo su meta en el mismísimo Valhalla. Su futuro esta acompañado de ataúdes que aún no ocupará y su destino no es otro que alcanzar la gloria. Declina las condecoraciones y las continuas pretensiones de subirle de categoría en las jerarquías de combate. Siempre dice lo mismo… prefiere estar en la base y no en la pirámide donde a pesar de tener mejor perspectiva posee menos oportunidades de masacrar desde el inicio.

Por lo que sigue acudiendo el primero y terminando el último cuando sin piedad acaba con todo enemigo para evitar sufrimiento innecesario. Cuando no esta en mitad de algo afila sus espadas una contra la otra para que no pierdan nada de ese excelente filo que durante días les da en su propia forja. Su trabajo no se basa en exterminar sino en alcanzar la excelencia sin importar el coste personal que pudiera resultarle. Su cuerpo es un muestrario de cicatrices a las que siempre alega lo mismo. Ellas son mi historia y yo el personaje principal que sobrevive a todo. Dice la leyenda que en el fragor de la disputa, entre los choques, las lagrimas y los gritos se escucha la risa de un demonio que baila la danza de muerte al que nada teme y que a todos asusta.

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