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sábado, 29 de marzo de 2014

Coma profundo.



Afila el pensamiento igual que antes hacia con sus lapiceros, ahora desgasta los dedos contra las teclas casi compulsivamente, como quien busca debajo de las piedras. Pero al otro lado sigue sin haber nadie que conteste. Sólo un cursor parpadeante que espera al siguiente dictado.

Le dice que se muera.

Y sigue ahí, expectante a la siguiente novedad.

Después de unas cuantas intentonas, se sienta y lo hace, fusila sus ideas cosiendo los cadáveres hasta conseguir una especie de serpentina macabra de cuerpos sin vida e ideas petrificadas. Les mete corriente y allí continúan frías cual mármol sumergido.

Mira al pasado e igual que cualquier otoño recuerda los montones de hojas y salpicadas de palabras sonreía mientras las veía saltar, bailar y reírse. Contaba historias vertiéndose en todas direcciones, era un aguacero de vida que lo anegaba todo hasta hacerte respirar debajo del océano.

Ahora mira sus manos secas y nota la tinta reseca al fondo del paladar, la tecnología ha vaciado parte de las estanterías donde antes vivían libros. Casi ni recuerda el olor al papel envejeciendo en su salón. Aroma a café, tostadas y un libro cuando el tiempo era un aliado y no un enemigo.

De eso queda nada, o algo… quien sabe, quizás lo suficiente para ir tirando de día en día. Sobreviviendo con un pequeño huerto abonado a base de imaginación.

Todos en la gran ciudad son esclavos de sus relojes y la mayoría de las cosas acaban en la papelera del olvido antes siquiera de comenzar. Las plantas se secan y los animales esperan a que sus dueños les de por llegar. Al final la vida se abre camino y parece que no hay nadie que no coma en cualquier pecera. En fin todo continúa con sus idas y venidas… también por supuesto con sus caídas y vueltas de campana

Cuando despertó en su sofá en mitad de la madrugada, se dio la vuelta y siguió durmiendo… El tiempo se le sigue escapando pero a veces en la duermevela de los inconscientes. Sus manos buscan el ordenador y en silencio narran desde ese pequeño rincón escondido las letras que al día siguiente servirán de alimento de las horas muertas.

Dicen que cuando la oscuridad llega, en algún lado todavía hay luz como para no perder la cabeza, en el caso de llegar tarde, siempre se puede empezar de nuevo con la salvedad de que algunos errores suceden y otros los ejecuta el olvido. De cualquiera de las maneras mientras se ponga atención no habrá tiempo perdido ni vida malgastada.

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