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jueves, 16 de mayo de 2013

Let´s go.



Todo estaba tranquilo hasta que salio a la calle aquella mañana… era como otra cualquiera pero el ambiente se notaba enrarecido. Seguía siendo la misma ciudad con idéntica rutina destructiva que consumía a diario hasta que a algún iluminado le daba por darle una libranza. Su sonrisa brillaba por el reflejo del sol que ya andaba levantándose muy temprano, se deslizaba sobre la acera como acostumbraba hacer hasta llegar al trabajo. Cuentan que no es delicado ni cortes lo de andar rápido a ninguna parte, pero le daba igual una gilipollez como esa.

Simplemente volaba esquivando tanto coches como peatones, lo del desplazamiento era una disciplina que ejecutaba a la perfección, cada vez disminuía su tiempo entre el punto a y el punto b sin retrasarse demasiado. Las pausas eran como gatillazos para su recorrido. Una vez se despertaba no había stop ni semáforos que pudieran detenerle por su condición de andador universal sin miedo ni remedio.

Después era un Pedro Picapiedra cualquiera que gritaba cuando sonaba la bocina por mucha mierda que estuviese lloviendo en ese momento. Se calzaba la sonrisa de nuevo y cambiaba de pista sin parar de bailar porque unos metros de ese lugar le aguardaba la música reservada para un concierto privado en sus oídos. Los mejores grupos ensayaban a diario, solo las leyendas eran los dueños de las mejores ocasiones que normalmente eran los regresos a casa independientemente del lugar de procedencia. A veces solamente se paraba a descansar no por nada en especial ni cansancio sino porque no hay batería que le durara una eternidad.

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