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sábado, 11 de mayo de 2013

Habitaciones libres.



Se canso de mirar al cielo esperando que las respuestas cayeran como las estrellas fugaces, también lo hizo de intentar comunicarse con los dioses sin que ellos le devolvieran las llamadas. Nunca debió ser demasiado importante para ellos, pero por primera vez en su vida se sintió dueño de si mismo, así que defraudado por sus obligaciones pasadas sin recompensa oportuna… olvido la única función que había conocido en su larga existencia. Simplemente dejo la puerta abierta o mejor dicho no la cerró después de ventilar las celdas del inframundo.

Y lo que los de arriban temían de abajo se escapó al control y tomó las propias riendas de su destino cumpliendo la peor de las expectativas. La venganza sonaba en el ambiente y los titanes se disponían a subir al cielo a saldar viejas cuentas anteriormente contraídas.

Él que no había cometido un error a propósito pues siempre estaba diligente al cargo de sus ocupaciones sin haber fallado jamás, pensó entonces que la mejor manera de satisfacer sus inquietudes era generar las mismas en su jerarquía inmediatamente superior. Claro está no temía nada de sus reclusos que tras una eternidad de cautiverio veían más positiva la acción actual que el resto del padecimiento de sus condenas que les hubiera podido causar.

Salieron sin provocar revuelo alguno, claro esta que la mitad de ellos estaban entumecidos por los siglos de sedimentos depositados sobre ellos, pero gracias a no compensar lo del descuido del guardián cerrando la puerta después de pasado un tiempo, logró salir hasta el último gigante del vientre de la tierra.

Fue un parto precioso, sollozaba el vigilante mientras sus niños salían al recreo después de tanto tiempo recluidos. Pero no serían los temerosos humanos sus victimas, esa no era la elección de los elementales. Ellos miraban a cotas mayores, aspiraban a volver a retomar el mundo antes de la llegada de esos malditos dioses engreídos y vanidosos.

Subieron para hacer bajar de las nubes a esos pretenciosos soñadores que se pensaban mejores que el resto encaramados a sus tronos dorados. Sus captores podrían ser poderosos… pero ellos eran primigenios porque estaban antes de todas las cosas, cuando el planeta no era más que una masa incandescente ya andaban vagando sin rumbo por la tierra y el resto de galaxias. Lo hacían pacíficamente hasta que los dioses decidieron guiar los pasos de la historia, pero sin conseguirlo para variar.

Se dejo la puerta sin ponerle su debido cerrojo y su ganado se disperso en todas direcciones al igual que una fuga de cualquier gas. Cuando alguien quisiera pedirle cuentas, él ya no estaría, aunque también a ciencia cierta sabía que los titanes enfurecidos desolarían el cielo hasta no dejar títere con cabeza.

A veces se actúa bien y otras no tanto comenta mientras hunde su manaza en un bol de palomitas destinadas para tal evento, sonríe y se recuesta sabiendo que por mucho que quieran nadie tendrá pruebas suficientes para acusarle de nada, porque realmente a esas alturas de alguna forma morbosa ya no quedarán dioses en toda la tierra.

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