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lunes, 17 de diciembre de 2012

Fauna urbana.



Caza mujeres como una araña hace con su tela, las captura con los anzuelos de sus ojos…  las imágenes más bellas y después las deja escapar devolviéndolas al río con los demás peces.

Recuerda las frías mañanas de invierno despertándose con desconocidas que habían perdido el brillo de estrella nocturna y se volvía dura luna con las luces del nuevo alba, también siente como entonces el vacío sin sentido de sus entrañas expulsado por su ombligo hasta sentirse una carcasa al igual que el cascarón de un huevo vacío e inerte.

Las presas que le saciaban se han extinguido y sólo quedan replicas a las que les falla alguno de sus instintos o muchos de sus requisitos. Todo parece incompleto a falta de un par de piezas importantes. Su realidad esta repleta de fisuras y grietas que restan valor a las cosas quizás porque dentro de si mismo esta tan roto que sigue sin poderse arreglar y no por recambios sino por falta de mano de obra cualificada para tal caos.

A pesar de sus fallos estructurales ocultos tras su pellejo tiene suerte, en la gran ciudad siempre hay dos pájaros lastimados que buscan la redención en el sencillo placer de un colchón. El baile de mascaras comienza a medianoche conforme las calles se van despoblando como las hojas de una margarita. Cada noche igual… cada día diferente. La misma mierda con distinto disfraz y las dulces guindas adornando la oscuridad de una cama abierta a visitantes.

Antes robaba el alma de cada victima, ahora prefiere dejarlas marchar y no es por el miedo a perder lo que le queda de piedad que es apenas nada… simplemente porque reunió tantas almas en el transcurso del tiempo que ya no tiene sitio para guardarlas. En el infierno tienen un trono esperándole pero ahora intenta demorar su llegada maquillando su historia con buenas acciones.

A veces desea que el mundo se acabe para volver a empezar y no perder en su adolescencia lo que realmente le convertía en un buen hombre. En la actualidad lo es por su edad, pero tiene demasiadas líneas tachadas en su guión personal como para recibir un galardón por sus hazañas. Aunque eso tampoco va con él… nunca fue de menciones le gusta la discreción y su intimidad.

La fama es una droga tan adictiva que destruiría su creada realidad. Siempre fue un cazador solitario… un animal acechante que pasa desapercibido entre las sombras, estudiando a sus objetivos… encontrando sus brillos al igual que los mosquitos porque no le van los débiles. En el placer de la lucha sólo sirven los buenos contrincantes, porque no hay victoria digna en acabar con el menos problemático sino con el que aun tiene energías, orgullo y puede pelear.

No es de esos que se conforma con lo fácil, roba la pasión de sus adversarios alimentándose de ella hasta extenuarlos. Digno de una preciosa dionaea viste su sonrisa brillante escondiendo el acido de sus entrañas y el veneno de sus venas. No tiene salvación pero al menos guarda las buenas maneras de no jugar con la comida en la mesa.

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