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viernes, 14 de diciembre de 2012

Existencia paralela.




Nací para luchar.

Suena fatal para una vida, pero cuando le encuentras el sentido a la guerra. La paz pierde significado y se vuelve tan irreal como un mal sueño. No puedes saber de algo que no conoces y que ni siquiera has buscado en cada confrontación.

Yo nunca supe callarme, y hasta en mi infancia contestaba cuando debía ser el silencio la única respuesta. Pero si algo aprendí, fue a nunca rendirme y hacer lo que el corazón me dictase aun a riesgo de llevarme una ostia.

Es cierto que me he llevado mucho menos de un tercio de lo que realmente debería haberme ganado, pero es que mi altura y mi cara de pocos amigos cuando la bestia aparece a flor de piel hicieron posible que mi ranking de batallas tenga aun saldo positivo en las victorias.

Cuando alguien escoge su meta o su finalidad suele escoger cosas más sencillas o simplemente se conforman con mucho menos de lo que pedían. A eso de pedir parece que me hizo la boca un monje, porque nunca me han faltado exigencias aunque fuese el último mono al que acudir a pedir opinión.

Y es que cada uno termina tarde o temprano por descubrir sus virtudes y defectos. Una de las que comparten ambos principios a la vez en mi aplastante sinceridad que ralla incluso con la insubordinación. Si no quieres oír algo… quizás no deberías preguntármelo a mí. Si lo haces, atente a las consecuencias de tu elección, porque la mía es asunto propio.

Me reservo más de la mitad de lo que digo o incluso de lo que escribo. Pero no es porque me guste acumular, sino porque otra de mis ventajas es saber donde golpear y por supuesto… dominar la guerra psicológica. Si le añades que es difícil cansarme y casi imposible desanimarme cuando quiero algo, me convierto en la plaga más resistente que haya conocido la tierra.

Si hubiese ido a Vietnam, posiblemente me hubiesen entregado la llave de oro de las ciudades a las que hubiese acudido sin disparar ni una sola vez… Pero tengo la edad que me dieron y no he conocido más guerra de la que yo mismo he dado en todos los sentidos de la palabra. Aún así, me he metido en todos los problemas que me he encontrado por mi camino casi de cabeza y la mayoría de veces salido airoso por suerte.

No por temerario… si no que si afecta a mis intereses o los de mi ombligo, no soy quien para decir que no a nada. Y como lo del cristianismo nunca fue conmigo y lo de poner la otra mejilla era cosa de masoquistas de crucifijo. Escogí siempre la otra rama del ojo por ojo y diente por diente. Ya que a muy malas, tendría un oficio bien remunerado que empezase por O, cosa que no deja de ser redonda.

Algún día lograré callarme y a pesar de que disfrute con el próximo verbo, morderme la lengua. Seguro que al final… llegará un día que hasta pasaré de la confrontación… no porque me haya convertido por ese entonces en una especie de pasota, sino que hubiese encontrado la paz suficiente como para ignorar y perdonar. Pero seguro que no será ni mañana, ni este año. No por nada… tan sólo es que por no perder todas las costumbres a la vez.

2 comentarios:

  1. Una vez leí "No te juzgues a ti mismo, de eso se encargan los demás".
    Por si te vale de algo

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    Respuestas
    1. No soy de dejar mis cosas en manos de otros jejeje

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