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martes, 22 de julio de 2014

Al ritmo.



Caldea el sol el cielo y la tierra se abrasa debajo con su chup chup imperceptible, la gente sale a la calle y aunque vacía la ciudad, un ejercito invisible de pequeñas hormigas asalta el mundo al atardecer para roerlo por los bordes. Dentro de la burbuja se concentra el tiempo y se dilata la libertad, los deseos llegan a montones y al otro lado de la barrera, las manos se tienden a la espera de que les caiga algo.

Hay mil trabajos que se puedan hacer en mayor o menor grado, la gente escoge un par a lo sumo tres o cuatro diferentes. En todos aprendes y en otros olvidas, te fabricas como un edificio comenzando desde los cimientos y trepando como una lagartija. En algunos tienes nombre… un número u otra cosa, pero los hay en que eres alguien, o puede que llegues a serlo si con tesón y empeño te afanas por ello.

La lucha no solo esta en los rings, ni tampoco en lo que sale por la tele… no hace falta pelearse en los telediarios alegando que el mundo es una mierda y por supuesto no es la idea pegar a los agentes que hacen su trabajo. Existen guerras en silencio a cualquier temperatura, al igual que combates en que las manos no se usan para destruir sino para elaborar algo productivo.

Adoro cuando Heissenberg dice: Vamos a cocinar… porque aunque su talento sea distinto… yo también tengo mi propio laboratorio con sus maquinas o al menos uno donde me permiten que juegue un rato cada día. Las matemáticas siguen rondando mi vida pues toda receta tiene sus cantidades y la elaboraciones es cosa de practicarlas. Ya que para que lo natural se instaure como doctrina tienes que sembrar, recoger y adaptar hasta cumplir el objetivo.

Baila demonio hasta que sangre tus ampollas, toca el infierno con las manos desnudas hasta que el dolor será un espejismo inocuo debajo la sonrisa y sigue así mientras cae del cielo toda la clase de basura sea capaz de enterrar a una persona. Esquiva y cumple deseos mientras que el silencio se rompe a cada palabra y el soniquete del estallido del metal suene como la campana del infierno. Báñate en sudor con un toque de notas con lágrimas y renace después de cada combate como algo nuevo y mejorado.

Disfruta de lo que haces y diviértete en el trabajo porque la vida de por si ya tiene suficientes penas… ya que tienes que hacerlo por casi obligación… hazlo con la mejor sonrisa y no menos esfuerzo. Porque aunque la satisfacción no se paga en el trabajo, a la persona que la practica lo que le enriquece deja de pertenecer al flujo del capital.

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