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martes, 8 de diciembre de 2015

Varapalo infinito.

Llueven los fracasos en este invierno seco y cálido. Suceden uno tras otro como una interminable ristra de errores que te encadena al fondo del lecho... no hay manera de sacar la cabeza cuando estas anclado en el fondo de un lago. Solo queda mantenerse frio y no gastar las energías en acciones  sin sentido.

Una guerra tras otra perdida, caminar por la tabla sin miedo porque parece que se apoya en el infinito… los tiburones se arremolinan debajo junto a la espuma del mar, pero mientras el equilibrio tenga los pies de un gato, no hay miedo a caer.

No importan las zancadillas, ni los empujones cuando el centro de gravedad esta tan bajo que te impide caer jamás. Tampoco sirven de nada las puñaladas por la espalda, ni las lenguas viperinas que susurran mentiras maquillas que se disipan al salir el sol cuando la verdad florece en lo que se hace.

Atento a la luz del día, guardián de las sombras cuando todos descansan. No hay sensación de estar parado para nadie que no tenga movimiento continuo. El dolor sólo sirve para aquellos que aún tienen futuro, para los demás sólo es otro alimento que masticar como acompañamiento a las lagrimas. A veces parece que va a salir el sol y despejarlo todo, pero sigues amaneciendo en mitad de un banco de niebla.

La vida de un pirata no tiene sentido sin un barco bajo los pies,  sin una bandera que defender  ni un acero al que sacar filo hasta que pueda  sonar como el arco de un violín sobre sus cuerdas. Ni el cadalso con su soga, tiene ese balanceo que siente en el mar.

Después de mucho tiempo te das cuenta que el mundo es el que se mueve mientras tu permaneces en el mismo sitio estancado.

 Y es cuando todo está casi perdido la vez en la que más te esfuerzas, porque el imposible sólo lo es cuando ya no quedan fuerzas. Pues no hay castigo, ni condena, no hay infierno ni tampoco  prisión que pueda contener a alguien que no quiere estar ahí, ya sea por fuga o por dificultar la captura.

Nunca te rindas… sigue adelante y aunque fuese la misma muerte, juega todas tus cartas hasta lograr esa derrota. Pues salvo una, el resto se pueden ganar y la que no logres dejará de importar como se apagan las palabras cuando hace presencia el silencio.

 No hay derrota sin rendición. Como no tampoco hay victoria si se comercia con la muerte  de tu enemigo.  Las cosas no suceden tal como deseamos, pero si dejas de intentarlo ten por seguro que no lo averiguarás. Siempre puede conseguirse aquello que se busca, lo único que importa es mantener el ritmo.

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