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jueves, 3 de diciembre de 2015

La rueda del hámster.

Siempre sucede algo que te hace volver al mismo punto donde estabas antes, ni tiene duración, ni constancia, ni siquiera un patrón. Un día estas ahí y después de mucho tiempo vuelves a estar  en ese lugar sin pensarlo ni saberlo.

A mi tritón le está volviendo a salir la pata. Si hubiese sido un perro no habría tenido tanta potra, pero en fin a parte de su dimorfismo aparente, ahora tiene la suerte de volver a tener cuatro patas y no es que la anterior se le cayera por mucho uso… no, es que tuvo un accidente con otro recluso que debía haber probado el jamón en alguna otra vida. Porque no será que la pobre no es más buena que el pan, sino que encima no le gusta el agua… fue caerse al líquido elemento y atacarle un macho de esos en lucha constante contra su testosterona.

En fin… ella perdió la pata, pero no la sonrisa ni su atención. Aprendió a hacer un montón de mierdas con la otra  delantera, pero no rehusó la fe ni el apetito, supongo que en parte sabía que tendría otra nueva lo que no tenía claro era cuando.

Con los trabajos a mi me pasa igual.

Llego a un sitio y me dejo sorprender. Pongo buena fe y me esfuerzo en superar los obstáculos. Tengo un par de victorias más que derrotas durante la semana y ve retiro a descansar masticando la información como las vacas rumian el pasto.

Después de un par de semanas… si no estoy convencido totalmente, corto el cordón umbilical y produzco yo mismo el parto. Nunca me ha gustado la leche agria… porque luego estas de mala ostia todo el día y si sólo fuera uno todavía se podría aguantar, pero cuando se prolonga en el tiempo, se vuelve acumulativa y entonces el sistema se vuelve más inestable. La paciencia se evapora y las puertas de mi ser quedan totalmente abiertas y disponibles.

Generalmente a nadie le gusta ese momento. Pero de vez en cuando aparece de nuevo. Y es que no hay una cosa que se repita, ni dos, ni tres… Las pautas existen y pasan desapercibidas ante aquel que no observa lo suficiente. A veces pasan varías veces por delante y ni así te das cuenta. Luego empiezas a contar.

Una, dos, tres…
Y es cuando te piensas que eres un iluminado. Pero en verdad eres más bien distraído por enterarte sino el último casi, y claro luego esto lo de la dificultad de llevar cada uno sus propios zapatos, que si el trabajo, la familia, los amigos, los apuros, las facturas, el estado y… es hasta normal darte cuenta tarde de las cosas o quizás las cazas al vuelo como si fueran mariposas.


Nadie lo sabe hasta que lo intenta. Tan sólo puedo decir… Intentaré volver por aquí más a menudo.

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