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martes, 20 de enero de 2015

Sigo en pie.



Llevo un buen tiempo desaparecido, tanto que hasta las visitas se han extinguido hasta llegar al cero… no es que el silencio se haya instalado en mi vida saturándome las arterias del cerebro para convertirme en un vegetal.

No me queda tanto mal en las tareas pendientes, así que supongo que sencillamente cambie los textos por los diálogos en vivo y directo. Últimamente he ido saltando de trabajo en trabajo, como si fuera una cenicienta a la que no le vale el zapato de cristal. Así que con la facilidad del que crea historias de la nada, cogía el petate y cambiaba de lugar, de gente y también porque no de funciones.

En el último año he estado en todas las posiciones de la jerarquía reinante en una cocina. No me arrepiento de ello, ni tampoco es un dulce. Me resigno y paso de malgastar la energía quejándome infructuosamente. Sólo daba ruido y recibía poco más en claro. Por lo que con la máxime de tanta paz dejes como lleves.

Transmutaba de destino sin hacerlo mismo con la profesión. Si la procesión se lleva por dentro, la mía tiene que ser una vuelta entera a la vía láctea de frente y otra de espaldas… Estoy tan cerca de poder rozar las estrellas, que hasta se huele. Pero sigue habiendo una barrera impermeable en el sentido en el que avanzo porque llevo años estancado en un mercado que se devora a si mismo.

La cama sigue repudiándome por las noches y ya ni las ojeras aparecen por mi rostro, sólo salen algunas canas en la barba de las que tenía el año pasado. Por lo que el tiempo si parece que continua funcionando pero dentro de mi burbuja, siempre fue antes de ayer y la mayoría de las veces en diferido.

Cuentan que las personas que hablan de si mismas en tercera persona tienen algo en la cabeza que les funciona mal, yo mime conmigo es una religión tan estricta como solitaria, pero sigo sin ser un ejemplo para nada de lo que se necesitase explicar. Soy bueno en muchas cosas, aunque sea sólo por que la intención es lo que cuenta. Así que he decidido pasarme por aquí. A ver como iban las cosas.

Y la verdad es que deben ir geniales porque ya no existen tiempos muertos con los que entretenerse leyendo. Eso es bueno y malo a la vez. Echo de menos los libros y no tener fin en ese ansia loca de querer saber algo más, por la curiosidad que encierra la pagina siguiente o puede que querer llegar al siguiente capitulo y al igual que una mecha, no parar hasta el final.

Cuando empecé a escribir buscaba trabajos que me dieran margen para disfrutar de esa aventura que es llenar de algo un folio en blanco, ahora disfruto sin hacer nada más que descansar para el siguiente combate. A cada paso un nuevo peldaño se dibuja en el horizonte. La escalera sigue creciendo como un caracol hace lo propio con su concha. Desde el inicio de la espiral hasta donde el cuerpo aguante. Sólo puedo decir que el viaje… es lo único que vale la pena. No los reproches, ni los y si… que nunca hubieran sucedido menos en nuestras cabezas.

En unas horas volveré al parque de recreo con los otros niñ@s… bailare sobre el fuego y sonreiré mientras todos los que piden son servidos, porque el día menos pensado sucede que todos mis deseos se cumplen como si nadie hubiera hecho nada para evitarlo.

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