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lunes, 4 de mayo de 2015

Esperando a la fortuna.



Eres esa pelota de baloncesto que gira en el aro interminablemente sin que llegue a entrar. Tu función es terminar las cosas, pero siempre tienes una duda al acabarlo, piensas que podría mejorar, crees que podrías conseguirlo y cuando vas a hacerlo a veces llegas fuera de tiempo.

Te pueden las pausas, siempre lo han hecho, se apoderan de ti como la luz lo hace con los insectos… te nublan la vista con un harén de mujeres con vestidos vaporosos cuando en verdad deberías estar atento a lo que tienes entre manos. Una mosca es una distracción menor para cualquier persona, salvo para alguien que observa.

Un tipo así, la estudia… la contempla en sus erráticos movimientos. Cualquiera diría que se distrae, pero en verdad esta concentrado, percibe su estela y no la pierde… la maldita mosca busca sobrevivir planeando sin lógica y mientras tu analizas, racionalizas y al final, no sirve de nada… porque escapa por una puerta, o la rendija de la ventana, se va sin aclarar lo que fuera que fuese.

La cosa es que después, no vuelves al trabajo inmediatamente, sino que te tomas un receso para discurrirlo con calma.

La realidad presente no interesa, salvo que seas un voraz agente que busca su remuneración casi inmediata mientras se pasa la moralidad y quizás la legalidad por el forro de sus pelotas. Piden paz y sosiego mientras te dan pequeñas bofetadas con el envés de la mano, lo suficientemente suaves para que no haya denuncias, a escondidas y sin testigos.

Puedes indignarte hoy y descansar mejor a la noche siguiente, los periódicos diseñaran sus titulares con el mismo esmero de quien teje del destino, sin desentonar ni hacer tampoco demasiadas filigranas. La verdad importa, pero contarla entera supone un sobrecoste que nadie esta dispuesto a pagar. Esa carga de trabajo extra y exhaustiva se desprecia como los decimales que sobran antes de redondear.

Sólo eres alguien si lo puedes pagar, pero la investigación esta detenida por la inversión necesaria recortaría los beneficios de quien no este dispuesto de bajarse de un iceberg arcaico que no esta dispuesto a actualizarse.

Si el mundo se muere, no importa demasiado, los inmortales son un invento de los cuentos, como no hay mal que mil años dure, los mortales se frotan la panza en época de pujanza, si se rompen cosas ellos no las recogerán o las dejaran por ahí tiradas, a nadie le importa porque el que no esta cómodamente instalado en su butaca, esta demasiado ocupado librándose día a día de que el agua le llegue al cuello.

Cuando no estas trabajando, no haces nada… o ciertamente casi nada. Cumples lo básico porque hasta salir tiene un precio en una ciudad, puedes bajar el listón pero eso tampoco te llevara a ninguna parte. Así que la rueda sigue girando, comiéndose cada hora con su glotón engranaje que no frena ni aminora. Porque el tiempo no entiende ni de dinero ni de plazos. Solamente avanza.

El pasado no importa, pero siempre se llega tarde a algún sitio. Y aunque se perdona nunca se olvida del todo y por supuesto a penas cambia nada. El día es bueno sin se vea porque entre tanta gente alborotada. Cuando cae la noche a veces se escucha el silencio, todo parece limpio y abandonado pero pocos se dan cuenta porque los demás andan dormidos. Y cuando salen de noche a celebrar algo, dan ruido, destrozan cosas y arrojan basura.

Dicen que la vida es lo que experimentas, sientes y muestras. La existencia te enseña en sus clases de historia de inventos, creadores y acontecimientos que sembraron precedentes, pero debieron hacerlo en terreno yermo, porque aun no se ven los frutos, alguien los recolecta antes que otro cuando la imaginación anda nadando como un pez dentro de la tele.

Si eres lo que puedes hacer, a veces puedes sentirte una caja, sin remitente ni destino. Puedes tener más o menos dentro, pero tampoco puedes mirarte el interior para comprobarlo. Dicen que eres libre, pero no puedes golpear a un estafador ni a un corrupto de esos como si fuera una hucha de barro. El mundo es un sitio muy desconcertante, tanto que a veces hasta la luna se ríe en el cielo. Esto es España, pero tampoco se diferencia de otro sitio. Al menos las palabras siguen brotando cuando las riega el silencio y aun sin tener precio, no cuesta liberarlas.

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