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domingo, 5 de abril de 2015

Reconstruyendo



Cuando una montaña se hace vieja, comienza a desmoronarse lenta e irremisiblemente, la erosión es un gato que araña el mundo bajo su propio antojo.

Ahora que apenas me han propuesto para ser crucificado, comienzan la acumulación de desperfectos asociados al primer tercio de vida… Algunas fracturas de hueso han encallado… otras no, y comienzan a sabotearme algunos días.

Los días buenos saltas de la cama y nada pesa, ni importa porque aunque dirijas a la palestra… hay muchas peores cosas que puedan molestarte más. Esos días habría que marcarlos en el calendario porque la memoria no es capaz de contar un mes seguido sin incidencias.

El dolor llega a convertirse en un compañero más en el camino y por el temor de que te pierdas y no vuelvas a verle, casi va de tu mano allá donde te dirijas. Hay dolores graves y otros más agudos son hasta tolerables… los hay centelleantes como los miembros que se quedan dormidos… incluso los hay pulsantes de los que llevan con guasa el ritmo. De todos ellos se puede sobrevivir e incluso superar.

Tengo los cimientos tan quebrados que cualquier día la planta se cae al suelo desplomada para que durante un segundo al menos respiren aliviados sin tener que sostener el paso del mundo sobre ellos. No hay consuelo ni descanso suficiente para bajarse del mundo y dejar que su locura continué sin apremiarte. Siempre hay algo que hacer que evita que te quedes parado.

El mecánico es demasiado caro para demasiadas visitas, así que apuntalas y prosigues como si nada fuera contigo. De tantas paladas para remendar, tienes las raíces sumergidas en metros de tierra que te ayuda a seguir de pie frente a viento y marea.
Pero ninguna mala solución es del todo duradera… ni se puede dejar que tanto despropósito se acúlame sin mesura.

En breve tocará retocar la chapa y pintura, ponerse los guantes y sacar las herramientas dispuesto a jugar, intentarlo mas no desfallecer hasta pulir y conseguir los objetivos. La lista es interminable aunque las necesarias van remarcadas en mayúscula. Los pilares son indispensables y las articulaciones de los ejes necesitan lubricante y puesta a punto hasta que vuelvan a funcionar correctamente.

El brazo motor necesita un nuevo calibrado y el chasis parcheado con pedazos deberá ser revisado concienzudamente para buscar la existencia de nuevas grietas. El motor sigue ronroneando mientras trepa por las pendientes como un gigante de agua que se desliza sutilmente por los subterráneos. El dolor terminará por remitir algún día tarde o temprano porque extravié tu dirección y nunca llegue a su destino.

Porque a veces sucede que todo parece que esta bien y de pronto de buenas a primeras algo empieza a fallar y todo le sigue en cadena… creciendo como una cascada. Llega un momento en que casi nada funciona del todo bien y es cuando ya la factura cuesta un ojo de la cara y un palo en el culo.

A veces hay que dejar de echar madera, detenerse un momento y hacer una lista de problemas que resolver sin demora, porque hay cosas malas rotas que no importan a nadie, pero algunas averías necesitan mantenimiento preventivo antes de que llegue a producirse y de esas hay que guardarse no vengan a segar el cultivo antes de la oportuna colecta.

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