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lunes, 23 de septiembre de 2013

Rezumen



Pasa toda una vida y lo que fue será pero lo de lo que era ya queda poco. Lo justo para al mirarse al espejo el otro que aparece no se del todo un desconocido. Por suerte aunque se quiera los ojos nunca cambian y al fondo de esas pupilas siempre puedes encontrar el punto triple de la propia persona y no del agua.

En todo este tiempo me han salido los dientes, me los han arrancado y también se han caído… salvo algún percance comparando en primera línea el índice de durezas con uno mismo siguen siendo como antes con mayor desgaste y mas coloridos pero con todas las piezas y sin haber sufrido el juicio. De lo demás entre el ayer y el hoy casi todo ha cambiado.

Tengo menos pelo y más corto y mi cara es el mapa de la geografía española con sus altibajos. Una nariz agrietada como el peñón de Gibraltar y unos soplillos dignos de la meseta y sus vientos cambiantes. Al final de mi tierra heredé la piel canela de las lagartijas y la mandíbula del lagarto que apresa sin soltar ni plantar batalla en la guerra de la existencia.

La sonrisa sin duda es lo más difícil de controlar cuando se vive en el infierno de forma perpetua. Su presencia es como las tormentas van a ráfagas dispersas cuando años atrás hasta el diablo me nombro como demonio de la sonrisa. Ahora mucho después sigues aprendiendo a tragar, aguantar y resignarse… mientras reservas la felicidad para esos instantes espontáneos que bien merecen una misa. Respecto a Dios aunque a muchos les disguste, sigo defecándole encima siempre que puedo para comprobar su existencia. Curiosamente no tengo noticias suyas por lo que sigo acordándome de él a diario dentro de la particular libertad de religiones.

Sigo encogiendo y ensanchando… Pasando de la eterna lucha de ser el árbol más alto en la búsqueda del sol por la impronta de convertirse en el arbusto más frondoso. En el justo combate de intentar ser el primer pez que sube contracorriente combinado con la resistencia esférica característica de los equinos, por supuesto incluyo la testarudez de los asnos más rallados y esa justicia desvirtuada de los mundos paralelos. La cordura?, si la deje atada en el cabecero de la cama, porque ahora que he conseguido dormir un poco más necesito tenerla en algún sitio para mirarla a ver si con la contemplación algo se me queda.

Así que por ahora al mirarse al espejo… parece que ambas partes cuentan el mismo cuento, con su paja y sus intrigas. Aunque en el reflejo siempre aparecen mucho más personajes dentro de sus pupilas que no fuera en forma de esquizofrenia. Cuando todo empezó, eran tan sólo dos puntos planos de azabache desiertos pero brillantes, en cambio en la actualidad son dos agujeros negros en los que cientos de personajes intentan subir trepando hacía la luz. Los mejores ya toman el sol en las praderas accidentadas del vientre de un café oscuro como la noche. Los demás suben y caen como los minutos a cada lado del reloj.

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