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jueves, 15 de agosto de 2013

Rock And Roll



Una existencia breve puede significar una eternidad o una vida entera caber en un solo folio. Todo depende de lo vivido y por supuesto lo sentido. Cada mañana despunta el alba bien temprano y cada “adulto” debe ejercer sus labores… hay muchas clases de trabajo, pero se pueden resumir en tres… los buenos, los malos y los que están pendientes de clasificarse en alguno de los anteriores. Dicen que hay dos tipos especiales, los que se pasan volando y los que no cuesta hacerlos, pero como todas las leyendas urbanas, falta contrastar la información adquirida mientras tanto son simples mitos de fantasiosos y soñadores.

Una jornada puede volverse vertical como la pared de un acantilado o puede ponerse cuesta abajo con una pendiente que se va incrementando depende de los éxitos y fracasos acontecidos en ese mismo turno, incluso tener la suerte acumulada de recibir el bote de semanas anteriores.

A veces no se sale del pozo y otras tantas te aburres de gastar energía mientras todo se llena de agujeros negros… esas veces más vale desconectar e irte a otro sitio, no vaya a ser que te toque el premio y ni siquiera estés jugando a ese sorteo.

El resto de días intentas sobrevivir a un nuevo intento, a otra oportunidad de seguir en ese sitio un poco más de tiempo. En ocasiones cuesta hasta tragarse el orgullo mezclado con tónica para que al menos siente bien, otras sólo piensas en la inminente salida al estilo de Pedro Picapiedra. Aunque existen otra clase de días, los antiadherentes. Son días que no se pegan, ni siquiera pesan… únicamente pasan.

Los problemas se acumulan, pero esta vez te has anticipado y has puesto en ese lugar un cubo de la basura de gran capacidad. Te presentas en el trabajo como cualquier día, pero es distinto a todos los demás. Enciendes la luz, el gas y prendes el fuego mientras que el ruido de los extractores comienza a afinar instrumentos en la orquesta. Miras el orden del día y te encuentras de bruces con el desorden de tu cabeza.

Finges sorpresa y le das al botón del equipo y sintonizas Rock Fm y entonces todo empieza a suceder. Cada regalo supera al anterior… las manos flojas simplemente esperas sin apostar, mientras tanto el trabajo sucede sin prisa pero sin pausa, alternando los momentos de disfrute personal con los de sometimiento profesional. Por suerte la música siempre mezcla bien con el arte. Suenan los grandes y también los clásicos. Los monos bailan felices incluso algunos se atreven con las letras. El mundo es extraño cuando se vive en el infierno, porque de donde muchos huyen otros terminan entrando al igual que las corrientes de los mares en verano.

Puede llover mierda durante cien días más, el show debe continuar hasta que salga un trabajo de esos buenos que están esperando a la vuelta de la esquina… tendrás que buscar mejor porque con tanta música a veces estas perdido y te cuesta centrarte. Pero ten paciencia y respira, para y piensa… sino simplemente sigue y disfruta porque las guitarras eléctricas tocan para ti lo que tu naturaleza salvaje echa en falta. Un segundo de aire y mil más de libertad. Detrás suena el metal y el fuego, pronuncian tu nombre entre susurros… y es cuando haces lo más normal en ese caso, te giras y subes el volumen hasta que únicamente sientes el lugar donde se esta en ese momento.

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