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domingo, 10 de mayo de 2009

Peceras bajo el mar


Su voz se distinguía del resto de sonidos… era clara pero estaba tímida escondida en el fondo de todo el ruido… era la vocecilla de la razón que cantaba centelleando con sus manos tocando un piano infinito.

Todo se movía y yo miraba los pies que permanecían quietos… el mundo se movía con esa diminuta existencia tecleando sin parar. El sueño comenzaba y yo estaba dispuesto a bailar. Let’s go sonó y me lance con las botas relucientes a la piscina. Las chispas saltaban debajo de mis tacones y sencillamente hoy estaban brillantes… resplandecían guiños y sonrisas en todas direcciones.

La gente comenzó a moverse aliviados de que el primer loco se había internado y desinhibido en la pista. El ritmo fue acelerándose con sus notas marcando los pasos a seguir. Un saxo lanzaba notas sensuales a las chicas bonitas. El sábado había terminado recientemente y el domingo sonaba a ritmo de jazz con sus los violonchelos disparando con sus cuerdas los movimientos de las caderas.

Mi sonrisa había vuelto con una copa on the rock rebosarte del viejo Jack y en la otra mano un toque de duende verde. Servido en exclusividad de la petaca de los sueños. La mezcla chisporroteo ardiente para dar paso a la siguiente canción.

Esta vez el mar mecía todo el barco con dulzura y las notas eran como la espuma de los océanos en calma… sutiles y efímeras. Aun así las botas resistían el agua y las alas de las hadas me sostenían por las axilas.

Las olas de cereales dorados al sol y mecidos por el mismo viento que ahora me movía pausadamente a golpes lentos e intensos. Saboreaba el dorado líquido mientras el hielo surcaba como un iceberg a la deriva. Pronto el saxo sacudió la embarcación con unos toques sabor a madera y el humo comenzó a bailar su danza ingrávida y sostenida.

Todo iba al compás de la voz que dentro de mi cabeza movía los resortes hasta conseguir que su golem de carne y hueso se moviese fundido con la música. Y mecido por el arrullo de las notas de un concierto eterno fui desplazándome por toda la sala… esquivando al resto de personas que en ella disfrutaban de una marea tan mágica.

Los tacones despegaron del suelo y las punteras se deslizaban sobre el suelo de madera que amoldaba las huellas a los pasos para que todo fuese perfecto… cuando el piano volvió a hacerse con la canción su corriente trajo consigo la silueta de una chica de tacones rojos que parecía haberse salvado del naufragio caminando sobre un flotador.

La música ceso y la banda se reorganizo antes de dejar escapar la siguiente oleada que nos sumergió de improviso en una pieza mucho mas movida perdida en los 80 de voces oscuras.

Nuestros pies marcaban el suelo y nuestros ojos de cruzaban de vez en cuando para robar una mirada al contrario. Los demás bailaban en parejas y nosotros en solitario como las estrellas. Bailábamos mucho y bebíamos poco hasta que nuestras sonrisas nos invitaron a una ronda acompañada por el veneno anisado. Un beso ardiente a causa del fuego fausto que nos metía en el infierno de la absenta y de vuelta a bailar.

Los pies encabritados bailaban con exactitud las manos del pianista y la del saxofonista también. Ella marcaba con sus caderas al violador enmascarado y los dos nos repartíamos el resto de instrumentos fugaces a partes iguales.

La banda sonaba arriba del escenario y la otra le hacia la competencia en la pista de baile que poco a poco comenzó a prestar atención a los jóvenes bailarines. Que habían caldeado el ambiente con la mezcla de sus pasos al compás y algunas parejas de alrededor se habían contaminado con esa hiperactividad que sonaba más acorde y coherente a los momentos y quitándose el manto de la vergüenza se habían puesto a disfrutar.

La banda que veía el espectáculo desde la grada principal y animados por lo que entregaron su alma al completo y el violador enamorado porque al fin todos hubiesen comenzado a sentir lo que tocaban… comenzó a lanzar flechas de pasión a los presentes. Sonreía… apuntaba y disparaba…

Las presas caían frenéticamente fulminadas por la pasión de los besos… y el resto de músicos transformaron su melodía en algo más sensual… ella y yo esquivábamos las flechas con atención como dos gatos en sobreaviso. Bailábamos y nos escurríamos entre los proyectiles… todo hasta que una pareja choco con nosotros y el impacto nos atravesó a los dos el corazón.

Nuestras bocas se mezclaron los sabores de la bebida y la sed se calmo como un beso de agua fresca pero a la vez ardiente. El saxo nos hizo el amor con su sonido profundo y nuestros pies comenzaron a danzar a un solo ritmo.

Seguimos bailando en la luna, cansados de que todos los sitios cerrasen sus puertas al amanecer. La banda esta contratada por perpetuidad y condenadas al hechizo del jazz eléctrico que todos tocábamos en un concierto que se inicio en la tierra y ya nunca pudo detenerse.

Nos fusionamos con el sonido y acabamos siendo luces que bailaban pegados a su lado.

1 comentario:

  1. Buenos días

    Pasaba por tu Blog con intención de invitarte a participar de "Poetas Anónimos", seria un gusto que estés entre los usuarios y/o comentaristas,
    intentamos seguir construyéndolo como hace ya casi un año, en comunidad de escritores(POESÍAS, CUENTOS, ETC).
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    Poetas Anónimos

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