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viernes, 5 de junio de 2015

Desempolvando el alma.

Sublimaba las noches con su tacto de radiante, quemando las más terribles pesadillas y torturando los malos recuerdos con agujas hipodérmicas. Su talento eran las palabras, las impregnaba de su esencia y las prendía fuego hasta hacerlas correr. Creaba incendios de la nada, fulgurosos y ardientes, como huracanes ígneos. Su paso dejaba desastres incuantificables y tantos experiencias que no se podrían borrar ni con una lija de diamantes.

Pero a su vez daba nueva vida donde dejaba rescoldos de cenizas… barría las cicatrices cauterizándolas con precisión milimétrica, limaba toda imperfección fundiéndola de nuevo hasta darles un nuevo cometido. Era una belleza con brazos de árbol, cada rama buscaba su sitio y se aferraba como una raíz que consumía los restos de veneno sin importar la profundidad donde estuvieran ni lo delicado del lugar, purgándolos… curándolos y pasando al siguiente.

Apuntalaba las estructuras que estuvieran dañadas y las modificaba desde dentro, sembraba semillas y las germinaba con su candor, vestía de luces las sombras y daba consuelo a los pobres desesperados con sonrisas inocentes reconfortando con su sola presencia. Forjaba hombres allí donde había niños, porque era sol y a la vez luna…pero nunca conoció pecado ni egoísmo.

Pura como una primavera de esas llenas de flores y trinares de mil pájaros engarzados, las mañanas en su presencia olían a dulce y bollería de panadería y a alregría de niños en el colegio. El calor la hacia invisible, imperfectible escondida donde nadie osaría buscarla. En su paz no presentaba batalla pero saben hasta los demonios que tampoco rechazaría una guerra.

Así era ella la dama de fuego, con melena leonina y silueta  deslumbrante, de alguna forma el infierno había adquirido propiedades en la tierra, porque con la crisis los precios estaban tirados por el suelo y a río revuelto ganancia para los pescadores. Pero a nadie le importan los peces… a los animales lo que mas miedo les dan son los cazadores y de esos también habían empezado a reunirse demasiados.

La sangre se podía oler en el ambiente. Se avecinaba tormenta pero mientras la dama este cerca, ni tempestad ni ruina… ni siquiera hacienda podría causar algo que ella no pudiera remediar con tiempo y paciencia.

A veces caen ángeles a diario… pierden sus alas y se estrellan,  su esencia sigue siendo la misma pero se vuelven seres rotos e fragmentados, la humanidad les corrompe con sus dudas y miedos, y los demonios les dan caza sin huida ni defensa. Susurran letanías, les vuelven adictos a sus palabras… modulan sus voces para que caigan en la tentación, les seducen hasta que les llega su perdición.

El destino por su parte equilibra la balanza, otorga sus regalos como frutos de ambrosía, si te toca uno sonríe y ábrelo, quizás sólo sea un pedazo de paz… o puedeque una sonrisa, los manda sin remitente ni recargo. Son como deseos con papeles pintados envolviéndolos, delicados como caramelos y dulces, picantes o ácidos.

Nadie conoce el futuro pero todos venimos de un pasado. Vuelven las estrellas a brillar en el cielo mientras la luna llena nos da a todos el beso de buenas noches con su promesa de dulces sueños, porque la justicia llega tarde o temprano, pero ella sólo sabe de agua y mareas, lo demás lo deja a la tierra y sus múltiples bestias. El igual que los unicornios, existen hadas y trasgos. Brujas y diablillos… existe ella y sus palabras de fuego, incluso siempre hay espacio para un lector apasionado porque hasta el final solo existe la trama y su aventura.

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