Si fuese la lotería, no me importaría que me tocara más a menudo, pero para algo tan extraño como implica la palabra error… resulta que aparece demasiado. Y es que nada se salva y hasta las maquinas más sencillas pueden imprimir con los símbolos básicos que forman un 8 digital, saben escribir un fallo de alguna manera.
La verdad es que la historia se remonta demasiado si giras la cabeza y enumeras las ocasiones en las que el desacierto ha llegado a tu vida en cualquier momento y ciudad… muchas veces viene acompañado de un pitidito estridente, pero todo depende del aparato.
Todo empieza con unos padres continuamente corrigiendo todos tus yerros… que para ellos son equivocaciones y para ti, simple estadística avanzada de prueba y error, luego llegan enseguida las faltas de los profesores con sus castigos y en cuanto consigues tu primera calculadora científica, esa palabra viene a inscribirse en tu vocabulario habitual… después con los ordenadores estaba casi cantado.
No es en absoluto porque no entienda de informática, si no por la experiencia en formateos y de que nada finito consigue llegar al final de sus días en perfecto estado sin causar antes un problema, o varios… o en fin como la normalidad muchos. Si encima practicas lenguaje de programación… aprendes que hay errores normales y bucles… y que te pueden decir de muchas maneras tonto, que si no encuentras el fallo… va a seguir estando mal.
Ahora, tengo una vitro que anda bien cuando quiere y a su modo cuando se calienta y ¿por que no?. Ahora también tengo un jefe que se equivoca y en mi usual afición de dar sin recibir nada a cambio, se le ha ocurrido la genial idea de darle una vuelta más a la tuerca y pedirme algo extra. Y si fuese tiempo puede que se lo diese… Pero nunca me han gustado las tareas de llevarse uno a su casa, por eso escogí la cocina, porque cuando sales de ella, no tienes que volver a pensar en el trabajo… por lo mismo siempre he esquivado todos los liderazgos, que conllevasen un papeleo más administrativo que un simple control de inventario.
Pero como decía mi padre, ante la vicio de pedir esta la virtud de no dar… y si soy el mejor haciendo la comida de la familia, es por el amor y los años que he tardado en perfeccionar mis propias recetas económicas. Ese arte no se puede pedir, porque se tarda mucho tiempo en perfeccionar y lo siento mucho, pero no tengo mucho tiempo como para explicar cuanto amor, tiempo y esfuerzo pongo en esos platos que siempre me felicitan, porque sencillamente es mi secreto.
No puedo poner en tu absurdo manual, que necesito música que tenga guitarras eléctricas para funcionar… que aunque uso lo recortes de los vegetales destinados al servicio, así como del pescado y la carne. Si le pones el suficiente amor y cuidado, consigues un plato exquisito a bajo coste. Que los ingredientes que añado a modo de condimentación dependen de mi estado de animo y que básicamente cocino lo que a mi me apetece cada día, tal y como si lo hiciera en mi casa.
Así que pídeme, que te cambie una bombilla, que te monte una estantería o que lave la cocina entera… por supuesto no te olvides de exigirme que me ponga tu uniforme ni que llegue y me vaya a mi hora… o que simplemente cure a los heridos, firme a los proveedores, coloque el inventario o le de un manguerazo de vez en cuando a la terraza de atrás del local. De que todo este a su hora e higiénicamente correcto, que intente no cortarme los dedos, ni quemarme en demasía. Ni tampoco de sonreír aunque mis listas lleven 15 min de retraso en mi propio planning y tenga que salir de apoyo a la barra principal con cosas cocinándose en la otra cocina. O de sacar la basura o abrir el local.
Pero olvídate de mis recetas porque si bien en mi contrato aparezco sin estudios habiendo cursado demasiadas cosas durante mucho tiempo. La experiencia se lleva con los años y mis secretos valen mucho más dinero del que me puedas dar y lo peor es que no se venden. Puedes descubrirlos y anotarlos… puedes intentar reproducirlo y por supuesto lograr un desaguisado imperfecto. Porque el orden de las matemáticas no se explica si no lo has practicado y no es que sea único, pero he bailado con los mejores funambulistas de sacar tiempo de donde no lo hay corriendo más rápido que el viento, pero he colocado cada cosa sobre los principios del álgebra y sus matrices y las normas del cálculo.
Mis recetas se han convertido en formulas para un exloco de las matemáticas que dejo la ingeniería porque no sería capaz de pasar ocho horas sentado con corbata en su respectiva silla delante de un ordenador. La composición de mis comidas se basa en la pura química mezclada con un corrupto índice de durezas donde el diamante fue sustituido por la zanahoria y el nabo… y el yeso por sal maldon o un simple ajo en el caso del sofrito. Por supuesto no puedo explicar porque un poco de canela mejora el estofado o el pedro ximenez resucita la vida de un pisto o cualquier plato que lleve asociado la acidez del tomate. Porque mis platos con vino salen tan ricos viene de que soy manchego criando en su tierra hasta que se fue de casa por propio pie.
Tampoco necesitas la explicación de porque el kirsch y la lima realzan el sabor del coulisse de frutos rojos… o porque hago cosas que yo sólo hago. Pero aunque te escribiese el maldito manual, las cifras son lo importante, las recetas de los clientes a no ser mías van medidas y yo las elaboro respecto a pesos ejecutándolas al milímetro… en cambio las mías las conozco a ojo y mi muñeca sabe echar las cantidades… el olfato me dice que le falta de esto y aquello y la lengua hasta que no sonríe necesita algo más. Puedo escribirte lo que quieras sobre lo que opino de tu encargo… pero sólo serán palabras, puesto que lo que se yo, vive en mi cerebro y en ningún lado firme yo que cediera mis datos. Presto mi cuerpo el tiempo que sea justo y necesario, pero para cocinar lo que yo como a diario debes practicar durante 15 años al menos, si no… ya puedes ir empezando.
Mi recomendación es que menos pedir y dar más… que si no la balanza se inclina demasiado de mi lado y todos mis amigos saben, que yo soy de los que saltan del barco cuando quiere, no soy una rata, pero sigo pensando que el trabajo en el infierno, sigue estando mal remunerado.