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martes, 17 de abril de 2012

Consejo de Chef

Como diría Arguiñano…

Si no le encuentras sentido o alegría a la vida, si a cada bocado que das le falta sabor y por ningún lado viene el frescor del verde a saludarte el olfato.

Ponle perejil. En hoja… o picado no importa el formato.

Pero como diría yo… la moderación es la mejor amiga de todo yonkie. Todo en su justa medida es sano, si pones demasiado perejil, puedes provocar una intoxicación puesto que en grandes cantidades es venenoso como muchas otras cosas en principio inofensivas.

lunes, 6 de febrero de 2012

Moderación y equilibrio

Chi´i che pu li, k´ua che pu hsing, tzu chien che
 pu ming, tzu shih che pu chang, tzu fa che wu kung,
 tzu chin che pu chang. Chim pan chu cho chin.

El que se levanta en puntillas no se sostiene.
El que da pasos demasiado largos no puede andar.
El que aparece no luce.
El que se estima no brilla.
El que se empaña fracasa.
El que mucho se cuida no crece.
El que es gilipollas profundo lo tiene jodidillo.

Tao Te Ching Ra
Lao – tse 
Alvarez Rabo

sábado, 25 de junio de 2011

Algo que ver...

http://vimeo.com/11328972

Me parece un corto exquisito

Consejo

cuando de nuevo el sonido del viento resuena desde el mar

y la tierra se ensucia con convulsiones y desorden,

ten cuidado con ese arma de dos filos que es una elección

recuerda

que lo que puede haber sido noble

hace 5 siglos

o incluso 20 años

es ahora,

más a menudo de lo que crees,

malgastada acción;

tu vida sólo ocurre una vez,

la historia nos demuestra una y otra vez

que los hombres son necios


ten cuidado, entonces, te diría,

de cualquier aparentemente noble

acontecimiento,

ideal,

o acción,

ya sea por este país o por amor o por el Arte,

que no te engañe la cercanía de las horas

de la belleza, o de la política,

se marchitarán como una flor cortada;

ama, sí, pero no como un deber del matrimonio,

y cuídate de la mala comida y del trabajo en exceso;

vive en un país, es inevitable,

pero amar no es un mandato,


ya sea a una mujer o a una tierra;

no te apresures, y bebe cuando sea necesario

con objeto de mantener una continuidad,

pues la bebida es una forma de vida

en la que el que participa vuelve a probar fortuna

con la vida; te digo aún más;

vive solo cuando puedas;

ten hijos, si es que llegan,

pero intenta no tener

que criarlos; no te metas en pequeñas disputas,

ya sean de palabra o en las que se usan las manos,

a menos que tu contrario busque la vida de tu cuerpo

o la vida de tu alma; entonces,

mata, si es necesario; y

cuando llegue el tiempo de morir,

no seas egoísta;

considera que el precio no es alto

y hacia dónde vas:

ni una señal de vergüenza o fracaso

ni una llamada al dolor,

mientras el viento resuena desde el mar

y el tiempo pasa

inundando tus huesos con una paz suave.


Charles Bukowski – Madrigales de la pensión.

viernes, 17 de junio de 2011

El amor es un perro del infierno.

pies de queso

alma de cafetera

manos que odian los tacos de billar

ojos de alfiler

prefiero el vino tinto

me aburro en los aviones

soy dócil durante los terremotos

me duermo en los funerales

echo la pota en los desfiles

y soy un negado al ajedrez

y cabrón y cariñoso

me huelen a orín las iglesias

ya no puedo leer

ya no puedo dormir


ojos de alfiler

mis ojos verdes

prefiero el vino blanco


mis gomas están en la caja

caducando

las saco

Trojan-Enz

lubricadas

para mayor sensibilidad

las saco

y me pongo tres juntas


las paredes de mi dormitorio son azules


Linda ¿adónde te fuiste?

Catherine ¿adónde te fuiste?

(y Nina se fue a Inglaterra)


tengo cortaúñas

y limpiacristales Windex

ojos verdes

dormitorio azul

sol brillante ametralladora


esta cosa que soy es como una foca

atrapada en rocas cubiertas de alquitrán

y rodeada por la Banda Musical de Long Beach

a las 3:36 p.m.


hay un tic tac detrás de mí

pero ningún reloj

siento que algo avanza reptando

por el lado izquierdo de mi nariz

recuerdos de aviones


mi madre llevaba dentadura postiza

mi padre llevaba dentadura postiza

y cada sábado de sus vidas

quitaban todas las alfombras de la casa

enceraban los suelos de madera noble

y volvían a cubrir con las alfombras


y Nina está en Inglaterra

Irene con antidepresivos

Y yo con mis ojos verdes

Me tumbo en mi dormitorio azul.


Charles Bukowski.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Hugo Wast

"Mucho más hondo y misterioso que el cielo es el corazón del hombre. Los ojos que ven millones de estrellas no logran descubrir un pensamiento que se oculta."

lunes, 25 de abril de 2011

Vladimir Lujuria

"¿El hombre perfecto? Un hermafrodita: un individuo con un órgano masculino, el pene, y uno femenino, el cerebro."

jueves, 21 de abril de 2011

Séneca

"Para acercarse a la perfección, el hombre debiera obrar siempre como si tuviera testigos de su conducta y pensar como si se pudiera leer en el fondo de su alma."

martes, 19 de abril de 2011

Miguel de Cervantes.

"Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno."

viernes, 15 de abril de 2011

27.


27. Capitulo de la senda del perdedor de Charles Bukowski
Wagner no había logrado nada con nosotros. Estaba yo de pie en el patio durante la clase de gimnasia cuando se me acercó.
- ¿Qué estas haciendo, Chinaski?
- Nada.
- ¿Nada?
No le respondí.
- ¿Cómo es que no participas en ningún juego?
- Mierda. Eso es asunto de chiquillos.
- Te voy a poner a recoger basura hasta nuevo aviso.
- ¿Por qué razón? ¿Cuál es el cargo?
- Holgazanear. 50 puntos negativos.
Los chicos tenían que recuperar sus puntos negativos trabajando con la basura. Si tenías más de diez puntos negativos y no los recuperabas, no te podías graduar. A mí no me importaba graduarme o no. Ese era su problema. Podía quedarme dando vueltas y vueltas haciéndome más y más grande y mayor. Me tiraría a todas las chicas.
- ¿50 puntos negativos?-pregunté-. ¿Es todo lo que vas a darme?¿Qué tal cien puntos?
- Vale, cien puntos. Te los has buscado.
Wagner se alejó contoneándose. Peter Mangalore tenía 500 puntos negativos. Ahora yo estaba en segunda posición y ganando terreno…
Mi primera sesión con la basura fue durante los últimos treinta minutos del tiempo del almuerzo. Al día siguiente llevaba un cubo de basura junto con Peter Mangalore. Era bastante fácil. Cada uno teníamos un palo con clavo afilado en la punta. Recogíamos papeles con el palo y los metíamos en el cubo. Las chicas nos miraban cuando pasábamos frente a ellas. Sabían que éramos malos. Peter parecía aburrido y yo tenía una expresión de importarme todo un comino. Las chicas sabían que éramos malos.
- ¿Conoces a Lilly Fischman? – me preguntó Peter mientras andábamos.
- Oh, sí, sí.
- Bien, no es virgen.
- ¿Cómo lo sabes?
- Ella me lo dijo.
- ¿Quién se la tiró?
- Su padre.
- Hmmm… Bueno, no puedes echarle la culpa.
- Lilly ha oído decir que tengo una gran polla.
- Sí, lo sabe toda la escuela.
- Pues bien, Lilly la quiere. Apuesta a que puede manejarla.
- La vas a rompen en cachitos.
- Sí, es lo que haré. De todos modos ella la quiere para sí.
Soltamos el cubo de basura y miramos fijamente a unas chicas que estaban sentadas en un banco. Peter anduvo hacía el banco. Yo permanecí plantado. Se acercó a reírse tontamente. Pete volvió hasta el cubo de basura. Lo recogimos y nos fuimos a otra parte.
- Así -dijo Pete- esta tarde a las cuatro voy a romper a Lilly en pedazos.
- ¿Sí?
- ¿Conoces ese coche estropeado al que Pop Fansworth le quitó el motor y que está en la parte de atrás de la escuela?
- Sí.
- Bueno, antes de que se lleven a ese hijo de puta de ahí va a convertirse en mi dormitorio. Me la voy a tirar en el asiento trasero.
- Algunos tipos realmente saben vivir.
- Me estoy empalmando sólo de pensarlo –dijo Pete.
- Yo también, y ni siquiera soy el que se la va a tirar.
- Sin embargo existe un problema –dijo Pete.
- ¿No te puedes correr?
- No, n es eso. Necesito un centinela. Necesito alguien que me diga que no hay moros en la costa.
- ¿Sí? Bueno, mira, yo me puedo encargar de eso.
- ¿Lo harías? –preguntó Pete.
- Seguro. Perno necesitamos otro chico más para que podamos vigilar en ambas direcciones.
- Muy bien. ¿En quién estás pensando?
- Balde.
- ¿Balde? Mierda, no es gran cosa.
- No, pero es de confianza.
- Muy bien. Entonces os veré a las cuatro.
- Ahí estaremos.
A las cuatro de la tarde nos encontramos con Pete y Lilly en el coche.
- ¡Hola! –dijo Lilly. Parecía salida. Pete estaba fumando un cigarro y tenía pinta de aburrido.
- Hola Lilly –saludé
- Hola, nena –dijo Balde.
Había algunos chicos jugando a la pelota en el campo de al lado, pero eso sólo hacía más fácil, una especie de camuflaje. Lilly estaba meneándose alrededor, respirando pesadamente, sus senos moviendose de arriba abajo.
- Bien –dijo Pete tirando su cigarro- Hagámoslo amigos, Lilly.
Abrió la puerta trasera, hizo una reverencia y Lilly se introdujo. Pete entró después y se quito los zapatos, lueg sus pantalones y sus calzoncillos. Lilly miró hacia abajo y vio el pedazo de carne de Pete colgando.
- Oh, cielos –dijo-, no sé si…
- - Bueno, muy bien, me parece que…
Peter miró por la ventanilla.
- Oye, ¿estáis controlando si hay moros en la costa?
- Sí, Pete –dije yo-, estamos vigilando.
- Estamos mirando –dijo Balde.
Pete alzó la falde de Lilly hasta arriba. Había un montón de carne blanca por encima de sus medias, que llegaban hasta la rodilla, y se podían ver sus bragas. Algo glorioso.
Pete abrazó a Lilly y la besó. Luego se apartó.
- ¡Tú, puta! – dijo.
- ¡Háblame bien, Pete!
- ¡Tú, hija de perra! –dijo mientras abofeteaba con fuerza su cara.
- Ella empezo a lloriquear.
- No lo hagas, Pete, no lo hagas…
- ¡Cállate, chocho!
Pete empezó a tirad de las bragas de Lilly. Estaba pasándoselo fenomenal. Las bragas se ceñían en torno a su prieto culo.
Pero dio un violento estirón y las bragas se desgarraron cayendo en torno a sus piernas hasta detenerse sobre los zapatos. El las lanzó a un lado y empezó a jugar con su coño. Jugaba con su coño y jugaba con su coño y la besaba una y otra vez. Entonces la apoyó contra el asiento trasero del coche. Sólo tenía una media erección.
Lilly se quedó mirando la polla.
- ¿Qué eres tú, un marica?
- No, no es eso, Lilly. Tan sólo que no creo que estos chicos estén vigilando si hay moros en la costa. Nos están mirando a nosotros. No quiero que nos pillen aquí.
- No hay moros en la costa, Pete –dije yo- Estamos vigilando.
- Sí, ¡estamos mirando! –dijo Balde.
- No les creo –dijo Pete- Lo único que miran es tu coño, Lilly.
- ¡Eres un gallina! Todo ese pedazo de carne y sólo es un mástil doblado.
- Tengo miedo de que me pillen, Lilly.
- Yo sé lo que se debe hacer –dijo ella.
Lilly se inclinó y deslizó su lengua sobre la polla de Pete. Lamió circularmente aquel monstruoso capullo. Luego la introdujo en su boca.
- Lilly… Cristo –dijo Pete- te quiero…
- Lilly, Lilly, Lilly… oh, ooh, oooooh…
- ¡Henry! –gritó Baldy- ¡MIRA!
Miré. Era wagner corriendo hacia nosotros desde el otro lado del campo, seguido por los chicos que estaban jugando a la pelota más algunos de los espectadores, tanto chicos como chicas.
- ¡Pete! –aullé-. ¡Es Wagner acercándose con otros 50!
- ¡Mierda! –gimió Pete-
- Oh, mierda –dijo Lilly.
Balde y yo nos dimos el piro. Corrimos hasta pasar la puerta y llegar a media manzana de distancia. Miramos hacia atrás a través de la verja. Pete y Lilly jamás tuvieron una oportunidad. Wagner llegó y abrió de par en par la puerta del coche intentando ver mejor. Luego el coche fue rodeado y no pudimos ver nada más…
Después de aquello, nunca vimos a Pete o a Lilly de nuevo. No tuvimos ni idea de lo que les pudo haber pasado. Balde y yo conseguimos mil puntos negativos, lo que me situó en cabeza por encima de Mangalore con 1.100 puntos No había modo alguno de redimirlos. Iba a estar mi vida entera con Mr. Justin. Por supuesto informaron a mis padres.
- ¡Vamos! –dijo mi padre, y entré en el baño. El cogio la correa.
- -Bájate los pantalones y los calzoncillos –dijo.
No lo hice. Se puso frente de mí, desbrochó mi cinturón de un golpe, me desabotonó y bajo mis pantalones de un tirón. De igual modo me bajó los calzoncillos. La correa aterrizó sobre mi piel. Lo mismo de siempre, el mismo sonido explosivo, el mismo dolor.
- ¡Vas a matar a tu madre! –vociferó.
Me golpeó de nuevo. Pero las lágrimas no se produjeron. Mis ojos estaban extrañamente secos. Pensé en matarle. Debía de haber algún modo de matarles. En un par de años podría darle muerte a golpes. Pero lo deseaba en ese momento. El era un don nadie. Yo debía de ser un niño adoptivo. Me golpeó de nuevo. El dolor aún persistía, pero el miedo se había desvanecido. La correa aterrizó de nuevo. La habitación ya no se desvanecía entre brumas. Podía verlo todo con claridad. Mi padre pareció observar alguna diferencia en mí y me azotó con más fuerza, una y otra vez; pero cuanto más golpeaba, menos sentía. Parecía casi como si fuera él el que se sintiera impotente. Algo había ocurrido, algo había cambiado. Mi padre, jadeante, se detuvo y oí cómo colgaba la correa. Anduvo hasta la puerta y yo me giré.
- Oye –dije.
Mi padre dio la vuelta y me miró.
- Dame un par más –le dije-, si es que eso te hace sentirte mejor.
- - ¡No te atrevas a hablarme de ese modo! –replicó.
Le observé y vi pliegues de carne bajo su barbilla y en torno al cuello. Vi tristes arrugas y surcos. Su rostro tenía el color rosa de la masilla ajada. Estaba vestido con su ropa interior y su vientre abultaba creando arrugas en su camiseta. Sus ojos ya no poseían fiereza, sino que parecían vacuos y evitaban los míos.
Algo había ocurrido. Las toallas del baño lo sabían. La cortina de la ducha lo sabía, el espejo lo sabía, la bañera y el retrete lo sabían. Mi padre se giró y salió por la puerta. El lo sabía. Era mi última paliza. Al menos proveniente de él.

jueves, 7 de abril de 2011

Mi pantera de Rilke… Echa a pedazos por un alemán fusilado.


En el Jardín des Plantes de Paris.

Sus ojos de tanto mirar entre las rejas

están tan cansados

que ya no pueden ver otra cosa

para ellos

es como si hubiera mil rejas

y detrás de estas mil rejas

ya no existiera el mundo.


Camina majestuosa

Describiendo pequeños círculos

una y otra vez

donde sus vigorosos pasos

son como una danza ritual

alrededor de un centro

donde una voluntad gigantesca

yace impotente paralizada.


De vez el cuando

el telón de su mirada

se levanta en silencio

y penetra una forma

que se desliza

por la tensa calma

de sus miembros

llega al corazón

y muere

sábado, 22 de enero de 2011

Charles Bukowski

"¿Llegará a tiempo la locura? no lo sé y no busco respuesta, sólo un espacio pequeño y tranquilo entre no saber, no querer saber y, al cabo, averiguar".
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