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sábado, 16 de mayo de 2009

Dulces sueños...


Despierto entre la bruma y tardo unos segundos en darme cuenta que he vuelto a la luna. Sonrío por la felicidad de los justos y vuelvo a tumbarme a mirar el cielo moteado. Las estrellas comienzan a caer pausadamente como un confeti lejano y la música suena a canción de cuna.

Nanas más tarde sigo sin saber el motivo de que haya acabado allí, una noche divertida sin duda por la ausencia de recuerdos reveladores… Comienza a hacer frío y con un movimiento entrenado hasta la saciedad consigo reunir tabaco y mechero a la distancia apropiada para que un chasquido haga el resto.

La llama se enciende y con la primera calada observo la lejanía de una presencia. Me levanto y sacudo la plata que se ha adherido al tejido… respiro su aroma entrelazado con el humo hasta que su textura se hace metálica en la garganta. Escupo un anillo y lo introduzco con dos dedos en la ranura del bolsillo de las monedas.

Invito a la orquesta a tomarse el resto de la noche libre y pulso el play del reproductor. Tahúres zurdos me lanzan a dentro de su planeta ruido… y el algodón de las nubes escribe la letra sobre el océano Atlántico.

Dando saltitos voy danzando en espirales hasta acercarme a la presencia. El pequeño dragón de piedra ha venido a olisquear lo que se estuviese cociendo y ha terminado bailando alegre a mi lado.

No esperaba que se hubiese quedado en la luna, pero me hace ilusión… la figura ahora ya no tiene importancia mientras rasco la barriga de la criatura con un meteorito que estaba a mano… se ríe a carcajadas de piedra, como si se moviese una bolsa llena de cantos rodados. Aumento un poco mas la velocidad y de una patada me manda a 5 metros sin despeinarse… el viaje es excitante y disfruto del vuelo sabiendo que la fina arena lunar amortiguara la caída y en efecto así es…

Choco levemente dos veces contra el suelo antes de acabar cómodamente destrozado como un jarrón de porcelana que se cruza con una desafortunada pelota roja de goma. Sonrío cuando la cabeza de mi golem se pone sobre mi cara y con su lengua de granito pulido comienza a lamerla con cuidado. Con unos toquecitos en su cabezota consigo que ponga su curiosa sonrisa afilada y volvemos a jugar al pilla pilla.

La presencia ya no esta donde estaba… o simplemente ya no lo estoy yo… tiro la piedra muy lejos y Goliat corre como una bala tras de ella. Los sueños salen despedidos en tropel temiendo ser aplastados por la bestia y curiosamente consigue desempeñar su función a la perfección.

Busco un par de piernas por la superficie y encuentro una hilera de huellas de mujer… sigo la dirección de sus punteras hasta un claro. La vuelvo a encontrar y sigo sin reconocer de quien se trata. Apuesto al dragón que no es capaz de das 2 vueltas a la luna en 30 min y desapareciendo cumple su parte del trato… Se que tardará mucho menos por eso le he herido en su ego de diamante.

Me acerco a la chica y le pregunto. Al girarse descubro a una secretaria de unos 30 bien aparentados y con una presencia impoluta. Me increpa que ella esta haciendo horas extras en aquel lugar y que no le he prestado la debida atención.

Que lleva una vida esperándome y no se que más. Me río por esas incoherencias, pero acepto a pies juntillas el resto del sermón que debe haber pasado una noche practicando. Le ofrezco mi sudadera y no de muy buen agrado la coge para después ponérsela por encima. Me felicito por haberme fijado en la rojez de su nariz y de haber recordado mi primera noche en la gélida superficie lunar.

Ella no se da cuenta… así que me entrega un formulario en el que aparecen mis datos personales, me pide que rellene los espacios con puntos y reparto un buen numero de xs… ella respira resignada mientras mordisqueo marcando solo el extremo de la pluma.
Salto un par de casillas que pondrían en duda a mi persona. Y se lo entrego sin antes quitarme el sudor de la frente con el antebrazo.

Repasa los formularios con su bolígrafo rojo y me vuelve a plantear las preguntas evitadas. Me hago el loco y ella las rellena por mí. Regresa Goliat sin despeinarse si quiera. Se lo presento a la señorita y le pido el formulario de mi compañero. Me mira con incredulidad y le reafirmo la petición. Saca un borrador y se lo relleno yo porque no me fío de sus garras. Escarbo con una varita entre las ranuras de su cabeza y consigo sacar un deseo con el que cobrar sus servicios de guardería.

Latas de cerveza… mi amigo es un fenómeno… ella saca una de su bolso y se la arroja, él la intercepta en pleno vuelo y tras caer… presiona sus mandíbulas abriendo con un suspiro gaseoso el envase… la espuma sale disparada y la rabia aparece en su hocico… inclina su cabeza para atrás y vierte todo el contenido en su garganta de un trago… las piedras apagan su calor en el dorado liquido y el vapor restante comienza a aflorar de sus narices en un hilo dorado de deseos satisfechos.

Por el espectáculo me recompensa con otra lata a mi… la abro y distribuyo a partes iguales los tragos para mi y mi animal… él con el morro mirándome muerde los chorros con el cuidado de no derramar una gota.

Firmamos nuestros documentos y la chica se despide dándonos dos besos a cada uno y otro par de cervezas… se lleva nuestros contratos y nuestros corazones. Sonreímos con complicidad los chicos mientras ella se aleja por el horizonte, sabiendo que volverá. Tenemos ya paga y estamos registrados como personal lunático.

Brindamos con nuestras cervezas con el amanecer despuntando en el firmamento. Me despido de Goliat prometiendo volver a la noche y me tiro a mi cama de la tierra de cabeza… En la caída veo al dragón aplastar las latas y hacerse un pequeño lecho metálico sobre la arena plateada. Deja el proyecto y sale corriendo tras mi estela… adhiere a ella los mejores sueños y me lanza un buen deseo.

Una estrella fugaz me recoge a medio camino y me lleva en una ráfaga calida hasta mi colchón para caer tendido placidamente. Me arropa y vuelve a salir corriendo sin prisa a llegar a ninguna parte. Los sueños tardan algo más en llegar… pero caen como copos de nieve sobre mi cabeza… cierro los ojos y me sumerjo en el primero de ellos…

Una playa abandonada en el recuerdo de un anciano con cataratas sobre un lecho azul intenso… veo las olas acariciar la arena dorada a los pies de una preciosa mujer en bañador, tostándose al sol. Veo el sudor de sus manos y confirmo su incapacidad de acercarse a aquella mujer… Me acerco y me presento como ayudante onírico. Le animo a arriesgarse para cumplir por fin su sueño. Me dice que esta muerto de miedo y le doy un trago de mi cerveza y un cigarrillo… lo ultimo me lo rechaza y me lo fumo yo por el…

Le doy un par de consejos y materializo un helado de te verde con semillas de fruta de la pasión y frambuesas. Le pido que coja dos cucharas de mi mochila y cuando esta a mi espalda introduzco el anillo dentro del helado… A su regreso le ofrezco además un vaso enorme de granizado de limón con unos toques de horchata. Le doy la enhorabuena y antes de que se marche exploto la burbuja de mi deseo en su espalda con una palmada alentadora.

Antes de que desaparezca de mi lado… le susurro que le diga que lleva soñando con eso toda una vida… y que no le importaría pasarse otras tantas haciéndolo, pero que hoy tiene una sensación de que tendrá suerte.
Titubea… y me dice que intentara acordarse de todo… Desaparece con una sonrisa estúpida pero preciosa y sincera. Deseo algo más de suerte antes de que se pierda entre las palmeras y subo el volumen al máximo con el White Summer de Jimmy Page. Me pierdo entre los recuerdos de otra persona antes de pasar a mi siguiente cliente. Fumo y siento como mis pasos marcan las notas de la canción de mi vida.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Dissaor


La noche caía a plomo sobre nuestras cabezas dispersadas… un viejo loco se había escondido debajo de un camión temiendo que el cielo cayese sobre nosotros… mientras tanto otro grupo de jóvenes bailaba alrededor de la hoguera con sus ácidos brillando en sus paladares… gritaban que la luna les quería comer, pero aun así seguían bailando sin mas temor que el aparente.

Sonrisas entre los cómplices que mirábamos y uno que iba caminando sin ir puesto de nada les dijo que la luna se había acercado desde que estaban allí… salieron corriendo como si el diablo les persiguiese. Un guiño y unos cuantos le rodeamos para enseñarle que en ese mundo no se debía engañar a la gente de una manera tan vil.

Se fue corriendo con la cara partida amenazándonos con el dedo que acababa de recuperar de su culo. Algunos rodaban sobre si mismos riéndose a carcajadas entre mofas y otros tanto habían desaparecido barajados con las riadas de gente sin mas mascara que una sonrisa formidable de anuncio de dentífrico.

Le di un par de caladas que sabiéndome a gloria me transportaron a otro sitio donde nadie pudiera reconocerme. El maldito capullo había cobrado y era hora de ir a salvar a otros mas estropeados. Como un pastor cariñoso fui agrupando de nuevo a los esquivos moradores de la química… y con pastillas de colores agrupe a los más reacios a volver a su redil de sabores chisporroteantes.

Sus ojos se volvieron como agujeros negros antes de que me despidiese de esos seres amables que iban de la mano. Los deje a cargo del anciano del camión prometiéndole que esos enanos le protegerían en su cueva. Cuando me fui el tocado ya estaba chupándose un dedo amargo como su vida que le devolvería la alegría perdida y a continuación bebió de la locura de unos jóvenes que no querían otra cosa que no fuese bailar.

El adulto se volvió un niño y los niños simplemente siguieron siendo lo que eran cuando todo aquello se cruzo en sus vidas. Tache a los que sufrían por la luna y al anciano abandonado de la lista y fui a buscar al que el amarillo había transformado el sudor en agua fría.

Vi un cuerpo de mármol antes que su palidez me dijese en silencio que era quien estaba buscando. Estaba tan solo como un bebe en la barriga de su madre. Todos pensaban que allí estaría protegido, pero las cosas no se hacen solas.

Me metí en su tienda y estime su estado por los gemidos de delirio. Comencé a incorporarle lentamente cuando se despertó. Me miro extrañado entre la niebla de su mirada y se movió exaltado… con mi voz le susurre que todo pasaría y la calma le fue devuelta. Le di de beber zumo de naranja dopado con miel. Su sed me lo agradeció con una sonrisa de aprobación. Aquel muchacho hubiese seguido a un cojo hacia la guerra si se lo hubiese pedido. Por lo que premie su bondad con una gran onza de dulce chocolate que fue chupando lentamente como oso apunto de hibernar.

Le deje justo cuando se engancho al tren de los sueños… el ultimo vagón se le escapaba cuando saco fuerzas y se encaramo de un salto. Sus mejillas estaban sonrojadas cuando la marca tacho su nombre y su historia se difumino en el pasado. Se despidió con su mano al aire camino de algún sitio mejor donde poderse recuperar.

Una chica apremiaba por una dosis de insulina al otro lado del campamento… me fundí con las sombras y antes de poder pensarlo ya estaba allí… el bajón del azúcar había sido tan brusco caída sobre su tienda de campaña me esperaba. Su peso pluma la mantenía sentada y apoyada totalmente en la tienda. Aun era consciente de todo pero necesitaba ayuda.

Mientras la cuenta atrás terminaba, mis manos iban preparando su dosis cogida directamente de su bolso sin preguntar ni siquiera mi nombre. Me miro… lo abrió y allí apareció la respuesta. Cuando el tiempo concluyó las cifras dijeron adelante y mi mano bajando su pantalón hizo lo siguiente. En ese preciso instante tuve que desaparecer… ella continuo mientras que yoooo…

Caía del cielo.

Directamente sobre el pecho de un jockey comatoso por su caballo dorado. La adrenalina entro como un flash en sus venas y el impacto de su reacción me arrojó contra un árbol cercano. Su boca dibujo un círculo mientras el sol amanecía con sus primeros rayos tiñendo el cielo de anaranjado.

Robe su adictiva montura y sus enseres… su rabia se vio agarrarse al borde de sus pupilas y enseñarme los dientes… Saque la guadaña y di un par de golpecitos en mi mano izquierda… la rabia se calmo y termino desalojando la claraboya… Levante levemente la barbilla y el miedo le lleno sus pantalones de pavor. De un tajo cercene al mono en dos y con una palmada me apoye en su hombro maltrecho.

No olvido una cara… y no quiero volver a verte en esta situación… sonó a venganza.

Un trago de reseca saliva dejo clara su confirmación cayendo por su garganta. Cerré el cuaderno. Y lo guarde en la mochila junto a la guadaña. Sonreí al hombre y le pedí que se cuidara.

Repartí unos cuantos Bloody Merys por las casas de los que se habían portado bien… y otros tantos de gazpacho anti-resaca.

Las hadas sonrieron al cruzarse conmigo camino a su labor de curar las heridas abiertas en la noche. El sol me llevaba a mi siguiente destino nocturno en dirección contraria. Pero ellas me encontrarían a la mañana siguiente. Helios era el faro que me orientaba en mi trabajo… No era uno muy bien pagado, pero de siempre me gusto ayudar a los que estuviesen más destrozados y acabados.

Básicamente lo único que tenia que hacer era escucharles mientras que sus historias me contaban lo sucedido. Sin darse cuenta salían del pozo sin fin donde estaban cayendo, por la misma razón de que las moscas vayan a la luz. Porque en la oscuridad… cualquier destello puede significar que no estas solo.

domingo, 10 de mayo de 2009

Peceras bajo el mar


Su voz se distinguía del resto de sonidos… era clara pero estaba tímida escondida en el fondo de todo el ruido… era la vocecilla de la razón que cantaba centelleando con sus manos tocando un piano infinito.

Todo se movía y yo miraba los pies que permanecían quietos… el mundo se movía con esa diminuta existencia tecleando sin parar. El sueño comenzaba y yo estaba dispuesto a bailar. Let’s go sonó y me lance con las botas relucientes a la piscina. Las chispas saltaban debajo de mis tacones y sencillamente hoy estaban brillantes… resplandecían guiños y sonrisas en todas direcciones.

La gente comenzó a moverse aliviados de que el primer loco se había internado y desinhibido en la pista. El ritmo fue acelerándose con sus notas marcando los pasos a seguir. Un saxo lanzaba notas sensuales a las chicas bonitas. El sábado había terminado recientemente y el domingo sonaba a ritmo de jazz con sus los violonchelos disparando con sus cuerdas los movimientos de las caderas.

Mi sonrisa había vuelto con una copa on the rock rebosarte del viejo Jack y en la otra mano un toque de duende verde. Servido en exclusividad de la petaca de los sueños. La mezcla chisporroteo ardiente para dar paso a la siguiente canción.

Esta vez el mar mecía todo el barco con dulzura y las notas eran como la espuma de los océanos en calma… sutiles y efímeras. Aun así las botas resistían el agua y las alas de las hadas me sostenían por las axilas.

Las olas de cereales dorados al sol y mecidos por el mismo viento que ahora me movía pausadamente a golpes lentos e intensos. Saboreaba el dorado líquido mientras el hielo surcaba como un iceberg a la deriva. Pronto el saxo sacudió la embarcación con unos toques sabor a madera y el humo comenzó a bailar su danza ingrávida y sostenida.

Todo iba al compás de la voz que dentro de mi cabeza movía los resortes hasta conseguir que su golem de carne y hueso se moviese fundido con la música. Y mecido por el arrullo de las notas de un concierto eterno fui desplazándome por toda la sala… esquivando al resto de personas que en ella disfrutaban de una marea tan mágica.

Los tacones despegaron del suelo y las punteras se deslizaban sobre el suelo de madera que amoldaba las huellas a los pasos para que todo fuese perfecto… cuando el piano volvió a hacerse con la canción su corriente trajo consigo la silueta de una chica de tacones rojos que parecía haberse salvado del naufragio caminando sobre un flotador.

La música ceso y la banda se reorganizo antes de dejar escapar la siguiente oleada que nos sumergió de improviso en una pieza mucho mas movida perdida en los 80 de voces oscuras.

Nuestros pies marcaban el suelo y nuestros ojos de cruzaban de vez en cuando para robar una mirada al contrario. Los demás bailaban en parejas y nosotros en solitario como las estrellas. Bailábamos mucho y bebíamos poco hasta que nuestras sonrisas nos invitaron a una ronda acompañada por el veneno anisado. Un beso ardiente a causa del fuego fausto que nos metía en el infierno de la absenta y de vuelta a bailar.

Los pies encabritados bailaban con exactitud las manos del pianista y la del saxofonista también. Ella marcaba con sus caderas al violador enmascarado y los dos nos repartíamos el resto de instrumentos fugaces a partes iguales.

La banda sonaba arriba del escenario y la otra le hacia la competencia en la pista de baile que poco a poco comenzó a prestar atención a los jóvenes bailarines. Que habían caldeado el ambiente con la mezcla de sus pasos al compás y algunas parejas de alrededor se habían contaminado con esa hiperactividad que sonaba más acorde y coherente a los momentos y quitándose el manto de la vergüenza se habían puesto a disfrutar.

La banda que veía el espectáculo desde la grada principal y animados por lo que entregaron su alma al completo y el violador enamorado porque al fin todos hubiesen comenzado a sentir lo que tocaban… comenzó a lanzar flechas de pasión a los presentes. Sonreía… apuntaba y disparaba…

Las presas caían frenéticamente fulminadas por la pasión de los besos… y el resto de músicos transformaron su melodía en algo más sensual… ella y yo esquivábamos las flechas con atención como dos gatos en sobreaviso. Bailábamos y nos escurríamos entre los proyectiles… todo hasta que una pareja choco con nosotros y el impacto nos atravesó a los dos el corazón.

Nuestras bocas se mezclaron los sabores de la bebida y la sed se calmo como un beso de agua fresca pero a la vez ardiente. El saxo nos hizo el amor con su sonido profundo y nuestros pies comenzaron a danzar a un solo ritmo.

Seguimos bailando en la luna, cansados de que todos los sitios cerrasen sus puertas al amanecer. La banda esta contratada por perpetuidad y condenadas al hechizo del jazz eléctrico que todos tocábamos en un concierto que se inicio en la tierra y ya nunca pudo detenerse.

Nos fusionamos con el sonido y acabamos siendo luces que bailaban pegados a su lado.

sábado, 9 de mayo de 2009

Reallity Show


La voz de ella se concentraba en el fondo de su pecho para después salir como un huracán que lo arrasaba todo con la violencia de sus palabras. Calma y después los muebles volando por toda la casa y las puertas dando portazos marcaban el compás de sus chillidos estertóreos.

La tormenta se formaba después ocupando el espacio que quedaba a su paso con nubes negras como el carbón y esponjosas… eso pensaba mientras el tornado se abalanzaba sobre mi. Un salto hacia tras me mantuvo a una zarpa de distancia. Respire aliviado mientras seguía pensando en dar un pellizco a la nube hasta hacerla llorar la lluvia que lo limpiase todo.

Otro zarpazo me devolvió a la espantosa realidad. Fue entonces cuando mis pupilas se clavaron en el ojo del tornado que se volvía a dirigir contra mi figura.

Esta vez ni cintas sin artificios… agarre sus brazos en alto antes de que pudiera cometer cualquier estupidez y estos se frenaron en el momento que fueron interceptados… Los pulgares en contacto con los índices fundieron metamorfoseándose en unas presillas indestructibles ante los latigazos de la dama. Y un rugido que había aguantado escondido en las entrañas golpeo de lleno el cuerpo aun furioso.

Los aires que formaban su estela de destrucción cesaron y el cimbreo de sus brazos estuvo culebreando con una intensidad pasmosa hasta que sus fuerzas cayeron al vacío y se desmoronó como una marioneta dirigida por un gigante titiritero. La tormenta llegó y sus lágrimas empaparon sus mejillas en una riada torrencial.

El silencio había regresado y la calma se había transformado en una especie de paz relajante y liberadora. Los grilletes se abrieron y sus brazos cayeron inertes golpeando el parquet como dos martillos sordos a destiempo.

La estructura principal tardó mas en desmoronarse y fue como la caída de una columna romana, por fases a destiempo. Lo ultimo que golpeo el suelo de madera fue con su cabeza. Desplomada como una campana de oro. Un choque seco y sonoro… después ecos mientras las gotas salpicaban el suelo.

La melena de medusa reposaba tranquila dispersada por el duelo y su cuerpo hacia rato que había dejado de temblar compulsivamente. Los sollozos se convirtieron pronto en un silencio sepulcral y sus ojos perdidos ya no miraban a ninguna parte que estuviese en aquella habitación.

Mi voz sonó a trueno en el silencio absoluto partiéndolo en dos antes de iluminarla a ella. Uno mas rayo… la acaricio dándole algo de ánimos a levantase.

Las cuerdas tiraron de ella y la elevaron hasta dejarla sentada con su espalda apoyada a la pared. Sus lágrimas goteaban en solemnidad pero el caudal descendió hasta ser como un hilo de lana plateada constante. Sus ojos tardaron en encontrarse mi rostro amable como siempre.

Me enfocaron y después se alegraron cuando le tire una sonrisa. Una media mueca paso rauda por su semblante. Luego algo de dignidad se instauro en el mismo lugar por donde había pasado.
Sabias que ocurriría tarde o temprano… Era inevitable porque estaba escrito… También sabes que no me gusta verte llorar, es algo que me supera… Tenía que irme porque llevaba mucho tiempo parado en el mismo lugar. Sin dar un paso adelante sin preguntar. Estaba cansado de estar siempre colgado de la luna con una cadena invisible. Los barrotes de casa me han producido cáncer de hígado.

Y la limpieza y orden… hacen que pase de puntillas en el lugar que llamo hogar… eres muy buena chica, pero a veces necesito estar solo y tirarme de cabeza a un pozo para salir de él por mis propios medios.

A ti te gusta que te ayuden, yo en cambio pido lo contrario. Son dos cunas distintas que marcaron el estilo de nuestros pasos. A mi me dieron la libertad y yo la deje aquí aparcada. Era un aparcamiento cojonudo con sus paredes y su iluminación. Pero creo que es hora de que vuelva a la carretera.

La gasolina ha bajado y mi cuerpo quiere poner distancia entre la realidad y yo. Nunca te he pedido nada y te lo he dado todo. Pero cuando coloco los parámetros entre lo aceptable y no en la balanza. Siempre salgo perdiendo.

Necesito que comprendas que hay un mundo llamándome a gritos ahí fuera y tu estas en el tuyo apaciblemente. Lo tienes todo e incluso has conseguido las metas que te marcaste de niña… Sonríe porque en la vida has sacado matricula de honor… pero a mi me queda mi propio examen y es hora de que vaya a prepararlo.

Me voy con mi humo a otra parte, pero tranquila volveré a verte de vez en cuando… no es un adiós definitivo solo que ahora andamos en circunstancias distintas… y de todos es sabido que andar en dos direcciones opuestas termina por alejar todo del punto de inicio.

Quizás nos volvamos a cruzar en el mismo punto… tan sólo puede que quizás.

martes, 5 de mayo de 2009

Chow chow...


Clavo la jeringuilla suavemente y contemplo como atraviesa la carne y la convierte en un agujero en la piel. Extraigo algo de sangre y se mueve densa dentro de la cápsula…
Empujo el embolo y la aguja susurra un suspiro prolongado… las líneas milimétricas del cilindro terminan de narrar la historia.

Dejo un poco mientras las burbujas acarician las paredes de mi cerebro con un cosquilleo adormecedor… Todo se vuelve de colores efervescentes y mi sonrisa se dibuja de forma espontánea como un orgasmo liquido que se escurre por mis venas.

Cuando todo da un par de vueltas… el tiempo se hiela y aparezco en mitad de ningún sitio conocido. La amnesia se encarga de sosegarme diciéndome que nunca he sabido donde estaba. Y una especie de calma me alberga en un Potosí de experiencias visuales y táctiles. Ya no tengo miedo porque en los agujeros de mi memoria ya no caben las minas antipersona.

Siento el aire acariciar mi piel con sus manos invisibles… y hace un rato un pájaro me lanzo un beso que acabo estrellándose irremisiblemente contra mi frente. Caí al suelo sentado con las piernas abiertas y calcule que con la altura que me lo había arrojado debía de pesar un par de toneladas por lo menos.

Me quite como pude el beso de encima con lo que un señor me pregunto si estaba bien… con un si de puta madre borré la expresión de compañerismo de su cara… conseguí levantarme y sacudirme los pantalones… atuse dignamente mi camiseta arrugada y seguí adelante mostrando la misma indiferencia de quien se mira en un espejo.

Recordé que me quedaba una pequeña dosis de felicidad en el bolsillo me la inyecto directamente en hombro izquierdo y la escarcha arrasa mi brazo hasta dejarlo de piedra. Vuelvo a tener una explosión de placer y la baba cae en un hilo fino de plata.

Tiro una moneda que me lleva directamente a la plaza roja de Moscú donde tomo un vaso de agua de patata con un oso polar con sombrero de bolchevique. Cuando terminamos la botella el asegura que es vodka y yo le digo que para mi agua de vida.

Preparo una dosis mezclada y se la clavo en la zarpa… sus dientes se cruzan entre si antes de que un rugido lo tumbe en el suelo moviendo las 4 patas a distinto tiempo. Con algo de ayuda consigo ponerlo a cuatro patas y me subo a su lomo.

El condenado corre, nada y vuela… y yo con más frío que vergüenza me mantengo a duras penas agarrado a su cogote.

Acabamos en un río comiendo salmón a partes iguales… yo las huevas y él el resto. Tras acabar con la pesca de medio río… nos aplicamos una botella más de ese líquido transparente.

Dormimos cubiertos con la noche usando las estrellas como almohada… al salir el sol… el oso se había marchado y yo estaba mas perdido que desde el principio. Me levanto y encuentro una nota escrita por él… dice que se lo ha pasado bien y que encantado de conocerme.

Me da las gracias y me dice que nos veremos en mis sueños. Alguien pita y me doy la vuelta. El taxista sonríe amablemente y me informa del montante de la factura… rebusco entre los bolsillos y escupo el dinero directamente al asiento del copiloto.

Masculla algo pero yo ya estoy a cientos de kilómetros. Floto por el aire subiendo en paralelo con la fachada de mi edificio. Entro por la ventana de la habitación y bajo la persiana para convertir el sol en una película de lunares proyectada en la pared.

Preparo la dosis y me tumbo en la cama. Me ato a ella con una correa. No pienso abandonar el cuarto hasta que el oso no vuelva. Se ha llevado mis botas de serpiente y ahora ya no puedo reptar a ningún sitio… el cuarto gira alrededor de la cama mientras las sabanas me engullen como el monstruo del canasto de la ropa sucia.

lunes, 4 de mayo de 2009

Sinfonía dispersa.


Y pongo los dedos en el teclado y la música comienza de nuevo infinita en todas direcciones. El tiempo pasa y arrastra las notas con el aire que sus pulmones insuflan al mundo y entonces todo se para y la nada se vuelve densa.

Después todo vuelve a suceder despertando del ensueño… primero con grandes bostezos de ojos achinados y a continuación una orquesta de voces partidas comienza a repartir los buenos días entre las sabanas aun revueltas y calientes.

Las canciones se turnan en cada una de las duchas en que alguien se sumergió en otro lado del mundo… la letra inventada recién hecha y humeante como las tostadas con café, mientras el agua captura el sonido para derramarlo por las cañerías.

Al final en todo un alcantarillado que suena a una sinfonía armónica sin precedentes. Un chorro de voz que avanza inexorable hasta el silencio perdido en la lejanía de donde vayan a acabar… en el trayecto mil y una voces perdidas que solas no tenían ni una oportunidad de sobrevivir.

Pero que juntas y enmarañadas se transformaban en la esencia del sonido que se aleja del tumulto de la gran ciudad y sus ruidos, para volver a la naturaleza donde algunos artistas aun no han florecido en sus pequeñas parcelas de ignorancia urbana.

Aquellos que aun sienten la naturaleza a flor de piel y que sin grandes artificios labran con sus manos pedacitos de cristal. Unos grandes y ostentosos… otros mas bien diminutos y tallados por las manos de los grillos. A veces me engancho a la primera voz que cae por la alcachofa de mi ducha y me dejo caer por el sumidero.

Bailo entre todas esas canciones de autores anónimos volando entre los tubos carcomidos por el oxido y a pesar de no tener cuerpo siento como toda aquella suciedad mancha las voces cristalinas del agua.

Hasta que llegados a un instante… la ciudad se acaba y todo suena diferente… las voces atravesando los túneles de arena como hormigas deseando ver la luz del sol… otras convirtiéndose en agua para filtrase entre los substratos a ver quien llega antes al centro del mundo… y otras sin mas destino que la perdición del olvido siguen adelante hasta que la distancia las ha consumido tanto que no queda mas que una nota nítida que se va apagando como un corazón aburrido de latir.

Cuando me quiero dar cuenta estoy tan lejos de ninguna parte que cualquier intento por localizarme suena a carcajada de alguien ausente. Miro a todas direcciones y solo tengo nada y mucho de campo.

Los pájaros cantan y los pequeños escarabajos vuelan acunados por el viento que sopla cimbreándolo todo con la suavidad de su tacto de terciopelo.

Escucho la marea sobre los campos verdes de cereales y veo las olas chocando con las piedras que se alzan todavía impetuosas a la erosión del tiempo. Siempre acabo donde menos me lo espero, pero al menos allí suena una melodía excepcional.

Es la voz del viento que canta su propia historia lleva trinares dentro y vuela tan alto que la niebla se parte el cuello mirando hacia arriba que acaban convirtiéndose en pedazos de nubes que dibujan sobre el cielo.

La leyenda de un personaje que nunca toco el suelo ni dejo de surcar los océanos de cielo. No deseó ni el mar ni la tierra sino que desde los inicios busco una sintonía que sonaba al fondo de sus recuerdos.

Una melodía perdida que su boca tarareaba mientras yo dormía en el seno de su vientre. Caí del cielo en una gota de agua y me deslice por toda la superficie del mundo. Acabe helado en la antártica donde el viento acabo por cubrirme de hielo fabricando para mi un ataúd de cristal a medida.

Una vez repose de nuevo en el glaciar de pronto sentí como el mundo se podía escuchar a través del agua cristalizada… el hielo sonaba a burbujas y notas de piano mientras que la tierra me susurraba al oído que la música que yo escuchaba era la que bailaban mis propios pies.

Salí de la ducha y me seque con un nuevo día. Respire el café y bebí las tostadas mientras que mis zapatillas escribían con tarareos lo que me depararía la jornada.

domingo, 3 de mayo de 2009

Resaca a la Deriva


Bueno en realidad pescamos cientos… abrimos las redes y el hombre mono se subió a los árboles para atarlas y que no se escapara lo que fuésemos a pescar.

Al principio solo pescamos hormigas y arañazos… después las cicatrices hicieron la espera más suave y al llevar la noche el pez dorado vino a nosotros… llego con bebidas de colores y cuando el aire soplaba fuerte bailaba música para nosotros.

El pez llego y todo comenzó a ir bien. El sonido de la pecera era de una calidad excelente… el oxigeno se colaba por las redes y hacia que todos los cuerpos presenten se moviesen a una con el mundo.

Los que tenían instrumentos vertían continuamente hilos de melodías que se enredaban con las amarras y las hacían vibrar como las cuerdas de la guitarra. Cuando una canción se acababa comenzaba la siguiente y en el campamento base no nos faltaban músicos nocturnos de todos los tamaños y colores.

Un borrego vino y nos balo pidiendo silencio. Le pedimos disculpas y pudo reunirse con sus hermanos en la tienda de campaña de alguno con dificultades para dormir. Antes de marcharse le pedí que se pasara por mi tienda.

Se marcho riendo y dijo que volvería a la noche siguiente…

Pero nunca regreso… creo que le hacia gracia que un insomne con amnesia le pidiese que pasase por delante de su tienda. Aunque no creo que a ella le gustase pasar por delante toda la noche haciéndose pasar por distinta oveja hasta el infinito.

Comprendí al borrego y seguí cazando peces.

Algunos eran grandes y me podía pasar la noche mordiendo pedazos de su panza como miguitas de pan. Otros solo eran de un bocado y después de dárselo corrías buscando a otro similar perdido en el recuerdo de su sabor.

Puntual pero delicioso. Así que de esta manera pase los días buscando corderos y pescando peces en un río sin agua. La música reino en la casa del sonido y el sol pinto nuestras pieles al fresco. Cuando termino la mano llamo a la ambulancia para retirar a los que tenían insolación o bajadas de tensión etílicas.

Por el día y por la noche solo andaban por las calles aquellos demonios que no habían recibido la visita de Norit. Cuando me cruzaba con ellos les advertía que había un cordero loco y peligroso que andaba suelto haciendo la prueba del algodón.

Me tiraban pastillas y acompañaban a sus duendes a otros lugares. La lluvia nunca llego a llegar pero la luna no dejo de gotear sonrisas a diestro y siniestro. De casualidad me encontré una y salí a bailar.

Baile tanto que gaste unos cuantos pares de pies hasta que un chico me dijo que ya era suficiente. Salí del agujero que había labrado en el suelo y cambie de escenario. Bebe bebió sola… y yo seguí bailando porque tenia una anguila atravesada en el pecho intentando salir.

Bebí un poco más y solo recuerdo despertar en una playa varado en mi propia red. Abrí los ojos y di una vuelta sobre mí. Arroje media cerveza en mi boca.

Cruzo los dedos y D. Ios en persona me pasa su cayado y me dice que soy su preferido, se sienta a mi izquierda y yo le comento que no me van los formalismos. Sonríe con su gracia divina y me da monedas nuevas.

Meto una en la maquina y el mecanismo me lleva a otro lugar distinto. La música comienza a sonar y yo ando perdido en mitad de un mar de brazos buscando una red que pueda pararme.
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