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viernes, 20 de marzo de 2009

Preguntas del cielo


Estaba perdido en una pequeña plaza con más sentimientos impregnando sus paredes que la propia belleza que emanaban de sus casas encaladas. Las plantas florecían en sus tiestos verdes colgados de las ventanas. Y en algunas puertas diminutas abuelas con delantal ya ajado batían sus escobas de paja con la energía de una niña escondiéndose entre las patas de gallos y la niebla de sus pupilas.

Una música empalagosa surgía de ninguna parte pero aun así lo llenaba todo con una guitarra tímida y el teclear de un piano de bonitas notas de piedra. El sol caía a plomo sobre nuestras cabezas… cálido y ardiendo como el deseo de las noches de verano.

La primavera llegaba en un improvisado asalto en melé… llevaba semanas entrando con el cuidado de un gato de puntillas. Pero ahora ya lo hacía de forma que su formación de punta había entrado hasta la cocina trayendo consigo el olor de la hierba para enraizar en todos los pulmones.

Un grupo de alérgicos profirieren estertores alaridos debatiéndose inútilmente contra una amenaza invisible que extermina sus cuerpos abatiéndoles con granos de polen disperso entre los suspiros del viento.

El aire huye a cotas más elevadas temiendo que la incipiente estación los condene a ser atados con cadenas y las últimas oleadas de lluvia serán los fanáticos que defiendan a un invierno ya de capa caída.

Los arboles arrojan al suelo los primeros brotes de hojas nuevas con la nostalgia del otoño pero con el verde de Andalucía pintando las calles. La brisa remplaza la jerarquía del cielo hasta que vaya extinguiéndose conforme llegue el verano para esos meses el cielo quede pintado solamente en azul.

Entonces nada moverá las ramas bajas y los deseos del mundo se unificarán en suplicar una oleada de algo que aniquile al calor con frías espadas de hielo. Aunque eso aun está demasiado lejos a suceder.

Las flores de colores naciendo en los jardines privados para después iniciar la revolución de los pétalos que inexorablemente sublimara la sangre de todos los animales en celo. Los calores y las feromonas maquillando todas las miradas de pasión. En los parques las voces de los niños silenciaran los lloros truncados de los que permanecían encerrados en sus casas.

¿Quién nos salvara de nosotros mismos?
Cuando el silbato anuncie el final del partido y te des cuenta que no tienes control sobre nada que no sea el sentido de los pasos en un camino de arena.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Poesía sin fín

Gotea mi alma burbujas de dolor
Sucede así desde no estas aquí
Cada día llora como un manantial
Los momentos que hay sin ti
Instantes de soledad

Un sólo intento, una única oportunidad
Quién diría que no es la pura necedad

Deseo por las mañanas hacer las cosas bien
En pocas ocasiones lo consigo
Cuesta más del cien por cien
Dejarte la piel por el camino

Pero cuando logro llegar a tu balcón
Sólo encuentro cenizas de tu amor

Recuerdos vagos del pasado y su calor
Las guitarras suenan como el alcohol
Acarician con los dedos y acuchillan sin perdón

Siempre fue así… Ninguna novedad
Sin más palabras, si son la verdad
Sigue el mismo juego que cambia con la edad

En el caso de llegar a tu portal
Ante mi la puerta de un penal
El agua se agoto… todo terminó
A veces se gana y otras no…
No quiero trincheras, ni más lamentos
No con disculpas se llega al corazón

Hoy vengo con palabras al aire
Sin sueños en los bolsillos
Nada que no sea un lazo
Atado en mi cuello como
Un regalo abandonado

Yo solo quiero llegar a tu país
Tener amnesia y no salir de allí

Cuando yo pienso que es de mi sin ti
Solo recuerdo que sin ti no se dormir.

lunes, 16 de marzo de 2009

La sombra de las azoteas


Fantasma errante que vive en los tejados… un susurro de viento matutino y el ulular nocturno. Merodeador de todas las historias como dueño de la milla de las cien cajas de cartón. Un barrio completo para él. Su rey en las sombras y conocedor de todos los relatos incluyendo los más turbios. Más viejo incluso que los ladrillos más antiguos.

Él ya vivía en ese terreno cuando los hombres lo inundaron de edificios sin sentido para derribarlos y construir una y otra vez. En esa época fue cuando se quedo encantado de esa curiosa costumbre y fue así como acabo viviendo entre los humanos que le había arrebatado su pedazo de mundo.

Luego todo sucedió junto al movimiento de la humanidad y Madrid acabo tragándose su pequeña diversión… Sin darse cuenta de cómo ocurrió perdió sus raíces con la tierra y acabo viviendo solo en las azoteas y desplazándose como un geco por las paredes. El amo de la escalada urbana aprendió a traspasar todas las superficies deslizándose como un gas por alguna fisura por lo que nada que no fuese estanco se privaba de ser visitado por su curiosidad.

Acabo convirtiéndose en un tipo de amo que escrutaba a los habitantes de su reino. Una especie de justicia invisible que hilaba su telaraña desde de las cabezas de sus pequeños experimentos. Igual que la causalidad otorgaba sorpresas inesperadas a las buenas personas con la fe perdida mientras que a los que obraban con malas acciones, les hacia la vida imposible, volviéndoles locos en la exclusividad de una cosa llamada casa.

Al final conseguía expulsar a los inquilinos desagradables y sonreía como un niño frotándose las manos cuando alguna pareja nueva se mudaba a su ciudad de cartulina. Día a día surcaba la extensión de sus dominios sintiendo en la superficie de la piel las sensaciones que emanaban los pensamientos de sus habitantes mientras que se concentraba en escuchar las conversaciones interesantes que incluso podía recoger del lado opuesto de donde se encontrase.

Le gustaba alimentarse de al menos cien de ellas a la vez con lo que podía escoger a un entendido de cada tema que desease informarse dejando un porcentaje de ellas para diálogos que incluían cotilleos. Los cuales realmente le hacían mucha gracia por el ridículo tono que se empleaban en esas conversaciones. Después silenciaba al mundo para pasar el resto escuchando a la naturaleza.

Cuando le conocí estaba tumbado en la azotea tomando el sol. Se acerco a mí y pregunto qué hacía en sus aposentos…

Según parece en la antigüedad se dejaron los tejados y las azoteas para los Dioses y los pájaros que incluían los radiosos de metal. El resto de ese vasto imperio seria contemplado por los afortunados seres que Vivian en los áticos privados y las antenas que nacían como espárragos o setas en todas las viviendas.

Comprendí lo que estaba exponiendo y era lógico lo que decía por lo que asintiéndole le pedí disculpas y le pregunte si podría compartir ese sitio conmigo prometiéndole no utilizar más de ellos en la ciudad por lo que no expoliaría su vida ni su hogar.

Desde entonces comparto azotea con un compañero algo extraño que tiene tantas historias que no cabrían en todos los arboles del mundo por lo que no intentaremos ni podarlos. Me conto que al inicio del mundo podría haberlo conseguido, pero entonces no las tenía tan buenas. Que a lo largo de lo que llamábamos tiempo era su propia vida porque simplemente era energía y que vivirla era lo que le había dado tantas palabras para escribir una novela con todas las palabras del diccionario.

Particularmente para mi tenía mucha gracia… era alguien al que
sin ver realmente estaba ahí y tenía muchas cosas que contar.
Aun así los días en que me visitaba con un par de cervezas de más siempre intentaba imaginármelo con una larga barba blanca y una túnica. Sé que podía ver lo que yo pensaba pero creo que al también gusta esa imagen y el otro día robo una sabana de seda a un inversor de bolsa muy egoísta. Le quedaba bien… pero la verdad es que no le atendía mucho intentando resolver un cubo de rubik que había extraviado al compulsivo del segundo.

Nos reímos un montón cuando oímos los gritos desquiciados de ese menudo hombre que había perdido el cubo cuando había encontrado la inspiración que le iba a ayudar a terminar ese reto tras 2 meses intentadlo al menos 5 horas al día.

A veces me pregunta que es lo que yo haría… otras simplemente saca un póquer de la mano y lo echa a suertes. Me divierto mucho con sus narraciones cuando el insomnio pinta las noches junto a la luna.

Hace ya unos cuantos años que el aburrimiento de una tarde le llamo la atención. Desde entonces no he pasado más de un par de meses sin verle y es asidua su visita de los miércoles por la noche.

Cuando la ciudad duerme él me cuenta los mejores sueños de su elección y para alguien que en un contrato cambio soñar despierto por las noches en vela, sus cuentos de niños valen diamantes cuando las estrellas iluminan la escena.

Algunos vecinos han acabado por llamarme el loco de la azotea. Al cruzarnos de por las escaleras sonrío, porque alguna vez le faltara algo que aprecia y que acabara perdido en el fondo de mi baúl.

Una sola regla… olvidar después de utilizar y no contar sus secretos…

Sencillo aunque nunca fui bueno cumpliendo las normas, los dos sabemos… por eso somos buenos amigos. Yo le entregue el mundo y ahora viaja en mi equipaje de ciudad en ciudad… él me traduce todos los idiomas y procura que no me falte nada… En sí somos la historia de las azoteas un par de gatos al cargo de todos los ratones. A él no le afecta nada el tiempo y yo ya no le tengo miedo.

viernes, 13 de marzo de 2009

T4

Desde la ventana del avión todas las preocupaciones parecían más pequeñas jugueteando en las esponjosas nubes que quedaban bajo el vientre de ese Boeing plateado.

Nadie se percataba de la aglomeración de problemas que habían pasado media vida paseando a mi lado como un nubarrón de tormenta. Pero desde que decidí abandonar aquel país. La sonrisa no se había visto más que perturbada en la intranquilidad del arco de los metales.

El guardia civil por fin me dio el paso y desde aquel momento todo había dejado de importar porque en un aeropuerto internacional los objetos perdidos estaban abarrotados de cestas y maletas con mil embrollos abandonados.

Aquella mañana de primavera me exilié de esa tierra que me había visto crecer junto a mis pecados desde la mismísima cuna. Antes de mi partida final paré en Valencia donde alimente algunos fuegos de las fallas con mis deseos pirómanos más inflamables.

Cuando un niño exclamó: Mira mama que llamarada tan alta…!!!

Yo ya me escabullía entre la muchedumbre caminando lentamente de vuelta al aeropuerto para tomar otro rumbo distinto.

La azafata había anunciado la duración del vuelto y ahora se pasaba mostrando sus largas piernas desfilando por el pasillo. Sus tacones resonaban en mis tímpanos y de vez en cuando conseguía que la mirase de reojo mientras contemplaba como en los espacios sin nubes… mis traumas más pesados caían a plomo hasta desaparecer en el azul océano con una sorda zambullida.

A pesar de todo algunos de ellos aun continuaban mi captura planeando de una nube a otra sin demorarse mucho de mi rastro humeante. Eran viejos conocidos y como tales tampoco presuponía que fuesen a dejarme a la primera de cambio.

Pulse el botón de atención y las largas piernas trajeron a esa sonrisa hacia mi asiento. Mirándome a los ojos dejó sin aliento al pobre anciano que se sentaba a mi lado y ya que pasando sus pechos por encima de él, acercó la cara tanto a la mía que pudo leer mis suspiros.

Al incorporarse de nuevo bajó con un sugerente contoneo la falda a su anterior posición sobre las rodillas y mi mirada le acompaño hasta perderte entre las siguientes filas de asientos...

Para al momento regresar con una bebida que hacia crepitar los gajos de hielo en un vaso de cristal. Con un guiño me pediste cuidado y cuando el abuelo iba a pedir otra amablemente le adelantaste un par de filas por delante de mi asiento. Pidiéndole a otra compañera que si podía atenderle.

Cuando tu cuerpo se dejo deslizar en el asiento de al lado pude comprobar cómo mis enemigos más persistentes iban precipitándose conforme el sol cogía intensidad. El cielo por fin brillo tan celeste como el vientre de agua que se extendía debajo del avión.

Tus labios se acercaron a los míos, inexorablemente como la dulce muerte y se fundieron a mi saliva perdiendo el control. Los demás pasajeros desaparecieron entre la música clásica y delante de mi solo estaba ella.

Un calor agobiante se desato junto a la salida de emergencia y por un momento creí ver el reflejo de un fénix surcando el cielo. Aunque ya era demasiado tarde. Mis manos arañaban su espalda mientras nos mordíamos la boca para no dejar escapar ningún gemido…

La calma regreso tras un periodo de turbulencias pero el hielo se había fundido en el vaso… y el sabor del whisky había abandonado mis labios mezclado con un pintalabios que bailaba entre el rojo y el violeta. Sonriendo me dijiste que me traerías otra bebida mientras que yo terminaba de abrochar el ultimo botón de su camisa.

Una rápida secuencia de sus dedos acabo el lazo del cuello y mi mano se metió entre el pelo para devolverle algo que le hubiese podido arrebatar entre la pasión del momento.

El capitán anuncio el inminente aterrizaje y pidió amablemente que nos abrochásemos los cinturones. Note como sus manos rodeaban mi cintura mientras que al oído me pediste que no abandonase mi asiento hasta que cuando aterrizáramos trajese mi bebida.

Contemple como uno a uno iban descendiendo por la escalera el resto del pasaje. El abuelo del asiento de al lado se despidió dando gritos desde la puerta mientras agitaba su sombrero ridículamente sobre su cabeza. Yo ya no estaba allí y mi sonrisa reflejaba que la lista de mis principales errores se había encadenado en los últimos pasajeros que rebosaban la agonía del mono de la nicotina.

Otros me abandonaron por las prisas y los más siniestros acompañaron a un extraño hombre que había pasado el vuelo deseando caer al vacío… pero nada de eso ya importaba desde la cabina escuchaba el tintineo del hielo en el vaso y la voz de la azafata invitando al último pasajero a desaparecer con ella en alguna isla abandonada de la mano de Dios.

Por supuesto antes de que el pitido del micrófono hubiese cesado de sonar en los altavoces… la puerta de la cabina se cerraba detrás de mí y nuestros sueños volaban junto a nuestros labios entregados a la labor de borrar las heridas de nuestras viejas memorias.

lunes, 9 de marzo de 2009

Azar

Era un chico tranquilo donde los haya… su nombre cayó del cielo en una gran lluvia el día de su nacimiento. Su padre derrapaba en las curvas de la carretera mientras intentaba llegar no sin esfuerzos hasta el hospital central.

Nació como si no le importara de este mundo… con los ojos abiertos y riéndose en vez de llorar. Fue a un medico con un doctorado y un par de especialidades a la primera persona que le tomo el pelo dejándolo asombrado.

Así fue creciendo una joven promesa que tenía algo de especial con solo mirarle a los ojos. Una chispa al fondo de la pupila como el corazón de un dragón rojo. Su padre solo pudo nombrarlo como Pluvio y el cura fue el siguiente escarmentado cuando sin ningún miramiento ni impunidad orino a la tierna edad de 5 semanas al cura de San Andrés. Quien sonriendo supo salir del atolladero delante de un centenar de personas que cuchicheaban mediante murmullos frente a lo recién acontecido.

Había nacido un pequeño rumor que se convertiría en leyenda sin más reparo que su mismo crecimiento. Un pequeño granuja que sabía demasiado sin haber aprendido a leer, cosa que no mucho después al descubrir chillo sorprendido… esto es mejor que disimular jugando con los muñecos y uno tras otro fue recopilando información sentado en un sofá antiguo donde se apilaban los tomos. Sus padres disimulaban diciéndole que si estaba montando un fuerte. El sonriendo asentía con la cabeza, menospreciando la inteligencia de sus progenitores mientras intentaba averiguar como había conseguido esa inteligencia con tales genes.

Años después se deshizo de ellos alegando ante un juez que era producto de una inseminación artificial errónea y que al ser así, reclamaba la emancipación… y el cambio de su nombre Lucky. Hacía dos semanas que había aprendido a hablar en inglés y no iba a desperdiciar una oportunidad tan irónica.

Con 9 años era el dueño del barrio. Sonreía mucho de día y contaba su dinero por las noches. Tenía un prospero negocio haciendo quinielas de futbol… la gente le pagaba el 45% de las ganancias por un nuevo resultado y el tenia un ojo clínico para las quínelas de 10 a 13. Seguro que al llegar a los 18 ya ni lo tendría que hacer…

Iba a un buen colegio. La educación siempre fue un objetivo suyo. Le encantaba corregir a los titulados que habían logrado conseguir tal oposición. Las risas se hacían sonoras cuando corregía hasta las faltas de los libros de texto. Era un jodido grano pegado al suelo. Pero ni los profesores podían odiarle… Realmente sabían que algunos diamantes son demasiado perfectos para llevarles la contraria y aunque fuese un incordio… les encantaba sentirse tan orgullosos de saber que alguien saldría bien de ese curso.

Su vida fue un camino recto y bien peraltado. Tomaba las curvas sin tocar el volante y además aceleraba a mitad para no perder el control en ningún momento. Parecía controlar hasta el tiempo. Comprendió el funcionamiento de la vida mientras nadaba en el útero de su madre. Podía leerse un libro antes de que se hiciera un pavo relleno y cuando llegaba a una biblioteca.
Los colocadores de libros hacían apuestas del número de libros y la forma de la fortaleza.

El día mas memorable fue cuando realizo una estrella de 5 puntas sobre 6 mesas de 10 metros juntas unas con otras… a la bibliotecaria le dio un infarto cuando lo vio desde la barandilla de la primera planta y Arturo salto con los 250 libros de bolsillo y la figura tras lo que le dio 50€ a Lucky y le sonrió agradecido.

A veces le sigo por las calles intentando averiguar cuál es su misterio. En la segunda manzana ya no puedo encontrarle, pero siempre me deja una nota amable reconociendo mis esfuerzos en las paradas de metro de toda la ciudad. Siempre va un paso por delante de mí y en los trenes que pierdo. Siempre sonríe desde la ventanilla.

Hace poco regalo un quiniela de 15 a un vagabundo simpático con barba cana de la castellana. Al parecer le invito con su 45% a un crucero por el mediterráneo. Según dicen el viejo era un marino cojonudo en sus años mozos.

He pasado cien veces por su lado y habría jurado que sus ojos azules nunca habían visto el mar más que en el fondo de una cerveza.

Cuando sueño con ella… lucky se despide colgado de su brazo mientras sale por la salida de emergencia.

Aun no había cumplido los 18 y había logrado las metas de toda una vida… cuando me acuesto el viene a darme las buenas noches y me arropa. Se tiende a mi lado y me da las buenas noches. A veces se pone mi cuerpo por las mañanas. Esos días gano a la banca y en algunas carreras. Regresando a casa recolecto todos los suspiros de las chicas antes de que ser devuelto como un traje a la cama. Después se ríe y se va por la puerta del pasillo.

Fue el primer truco que aprendió en el infierno. Cada vida elige a un pardillo para poder entrar en los casinos. Son las reglas de los hombres, pero cualquier demonio sabe cómo jugar con la carne.

domingo, 8 de marzo de 2009

Dulce amnesia

- ¿Qué recuerdas de ella?

Recuerdo que era la vida con ella, casi puedo sentir la música acompañándonos a todos lados y marcando nuestros bailes por la calle. Aun siento como miraba la gente cuando montábamos el espectáculo en mitad de una gran avenida.

No puedo olvidar los parques donde gastábamos las tardes, ni el sabor de tus labios mezclado con todo lo que hubiésemos comido. Llevo viniendo a rehabilitación desde entonces y tras muchos años sigo teniendo tu aliento en el cuello por las mañanas y el estallar del corazón al cruzar las esquinas.

Noto el dulce olor de tus fragancias surcando los caminos que pisabas para regresar a tu casa desde la mía, y a veces no pude evitar seguir hasta ver llegabas a salvo para volver de nuevo contando estrellas sin perder la sonrisa aunque el cielo estuviese nublado.

Eran buenos tiempos… y todo sucedía solo sin tener que echar ninguna mezcla a la reacción, era espontánea y exotérmica. Solo tenías que juntar, subir la temperatura y el bizcocho estaba preparado para ser degustado.

Todo sucedía como un guión bien escrito entre el romanticismo y la comedia. Un menú variado de platos que cambiaban cada día para acabar con cualquier rutina que estuviese dispuesta a sentarse entre tu y yo.

Solo quería estar contigo, sin ninguna otra intención de sentir esa droga que era tu presencia anestesiante y tus dulces despedidas entre mordiscos y caricias.

- Tienes buena memoria, ya que siempre me cuentas lo mismo de cien formas distintas… ¿Algo nuevo?

Si…

- ¿El que?

Le regalo un diario…

- ¿Cómo? No lo entiendo;

La respuesta es fácil, si se hubiese dado cuenta lo que acabo de hacerle es leerle una página de un diario que estaba en mi mesilla. Pero no… Como cada Miércoles he entrado por esa misma puerta, he colgado mi chaqueta y me he tumbado en su diván.

- Si; Como cada miércoles, de eso ya me había dado cuenta ya…

En efecto, pero no notó el cambio sutil en mi sonrisa.

- Sonrisa que normalmente lleva.

Si, pero esta es especial… es nueva.

- ¿Nueva por qué? ¿La acabas de comprar?

No, simplemente la he recuperado del fondo del armario, estaba allí tirada junto a una corbata que por supuesto no iba a ponerme, así que escogí la sonrisa y aquí me tiene. Dándole un diario.

- ¿Pero por qué un Diario?

La respuesta vuelve a ser sencilla:
Antes podía recordarla y ahora ya no puedo. Ni siquiera se a quien se dirige este diario, ni quien es ella…

“El tiempo se paro para el buen Doctor… tras años escuchando la misma mierda repetida una vez tras otra, mismos personajes, misma historia aburrida, algo nuevo había sucedido…”

- ¿Cómo ha podido suceder eso?

La verdad… no lo se, tiene la culpa una tarta de coco con base me masa quebrada, y tarta de queso, todo ello cubierto con una gelatina de coco con algunas frambuesas simulando una ficha de domino.

- Muy bonita la tarta, ¿pero que tiene que ver?

Pues básicamente todo… Dedique mucho tiempo y esfuerzo en hacer esa tarta. Con todo el cariño del mundo. En la cocina casi se podía respirar el amor mientras la gelatina se enfriaba y endurecía y mientras con las manos hacia coger cuerpo a la pasta.
Fui enérgico con las varillas y delicado montando el merengue para hacerla más esponjosa. Cuando la metí en el horno. Puse el tiempo y me fui a ver la tele.

Sabía que a 180º solo necesitaría 20 min. para que quedase perfecta y como tenia mucho tiempo decidí fumarme una de esas cosas que tanto desaconsejan ustedes los doctores.

Pues resulta que estaba ya casi acabando el tiempo y me hice una pregunta. ¿Por qué intentaba siempre hacer las cosas para otros?

Esa tarta no era para mí y la había echo especial, increíble y única… Era preciosa y brillaba con un halo único.

Decidí no entregarla y quedármela para mí. Cogí una cuchara y aunque estuviese recién hecha puse la gelatina encima hasta el punto que en la superficie de contacto se fundió hasta volverse un solo cuerpo.

Con la boca llena de saliva hundí la cuchara en su pico y me la introduje en la boca. El coco llego intenso llenándolo todo mientras la canela y la vainilla bailaban alegremente subiendo a las fosas nasales en un leve suspiro.

La tarta aún caliente se deshacía en mi lengua que mezclada con la pasta quebrada hacia una pasta de mil sabores dulces que te llevaban a una playa desierta.

- ¿Y entonces?

Recordé este sabor… metí todos sus recuerdos en una botella y la tire al mar. Olvide su nombre borrado por una ola en la arena sintiendo como la resaca de la marea me robaba el resto de la memoria llevándosela por mis pies dentro del agua e introduciéndola en lo hondo de su ser y queme sus ultimas raíces junto al resto de su veneno con el ultimo cigarro.

Cuando acabe sólo tenía una sonrisa con una buena fotografía del ocaso y volví caminando a casa. Ni siquiera recuerdo en que playa fue, pero si que de camino a casa las estrellas me contaron una historia que acababa con puntos suspensivos y me dijo que ahora podía vivir libre como el mar.

Note la sensación de que todo había sido una quimera que me llevaría a la entelequia real y que se había borrado en un suspiro. El tiempo no significaba nada y que yo ya recordaba como tener una buena sonrisa. De un plumazo se borraron todas las peleas absurdas y sus besos recorriendo todo mi cuerpo.

Todo vino de repente como una amnesia voluntaria y desperté un día antes de conocerla. Creo que vi caer una estrella y ni siquiera sabia como se llamaba para pedirla en un deseo.

Recuerdo mi sonrisa y sobretodo la tarta…

Era de coco ¿recuerda?.
Un trozo de todos los placeres que de pequeño perdí y que encontré tirados por el suelo.

¿Pensara que no puede ser tan fácil? Pero si le puedo ser sincero, nunca pensé que sobreviviera a esto. A las caídas como el plomo, los venenos y las cuchillas. Ya no quiero sogas… ni coronas de espinas.

Ahora solo tengo una sonrisa bonita y unas cuantas historias enraizadas en una memoria rumbo a ninguna parte y sin billete de vuelta. Que la recupere cualquier ingenuo que no sepa que es el dolor de la ausencia.

Como comprenderá, no voy a pagarle la consulta. Porque le he contado un buen secreto y se que usted también ha podido saborear la tarta de coco.
Le aconsejo que queme ese maldito diario porque el último que lo leyó perdió el alma y acabo loco. Por suerte hay demasiadas sorpresas que pueden encontrarse dentro de una tarta.

Yo encontré la libertad debajo de una frambuesa.

viernes, 6 de marzo de 2009

Próxima estación... Primavera


Salgo a la calle y la noche se abre como una flor tropical teñida de rojo, todavía queda un leve resplandor del sol entre las nubes de tormenta. Una ráfaga de lluvia mas tarde me encontré de bruces con un aroma intenso a primavera. Fresco y aromático, delicioso… un viaje de verde recorrido con paradas en la mezcolanza del dulzor de las flores que están por llegar.

Aspiro fuerte y pongo un esparadrapo en mi boca para evitar que salga de ahí… y así quitar hoja a hoja de una margarita prematura hasta que llegue por fin la siguiente estación naciente.

Guardo mis manos en los bolsillos mientras camino sin prisa ni pausa hasta llegar a mi destino. Un paseo agradable con el techado de los árboles aún sin yemas que mostrar. El viento sigue soplando helados susurros que se enredan entre mi pelo. La música resuena fuerte y hace un par de canciones el vals de Amelia me hizo caminar de puntillas por la calle mas abarrotadas de Madrid… Las notas fluían y yo me escurría culebreando entre las personas que asombradas contemplaban como aprovechaba los pequeños huecos para avanzar entre el agobio de las miradas.

Sonriendo salí de la muchedumbre sin haber sacado siquiera las manos de los bolsillos y tras pasar esa avenida el paseo volvía a ser un transcurrir goteante de personas que se contaban con los dedos de la mano.

El cielo ya se había tornado un manto oscuro moteado de estrellas, que aunque no pudiese ver sabia que estaban ahí, esperando a que las mirase para guiñarme un ojo y mantener mis pasos fuera del sendero perdido. La luna estaba parcialmente oculta por una densa nube blanca que parecía guardarla de mi mirada, pero nadie había puesto barreras a mi bella musa… y subida a algún sitio miraba por encima hasta encontrarse con mis ojos absorbiéndola por dos agujeros negros para después pasarme media noche pellizcando trocitos de su sabroso queso.

Llegue cuando todo ya había comenzado. La música estaba puesta a un volumen aceptablemente alegre y cuando entre en el cuarto acristalado los demás hijos de las esencias ya estaban con su cerveza en la mano.

Tras una ronda rápida de abrazos con besos en el cuello alguien me tiro una que hábilmente agarre quitando la chapa con la primera arista metálica que encontré en mi camino. Alguien dijo: Te he echado de menos… Otro dijo que yo nunca había salido de allí… me mire en el espejo y volví a recordar a la luna. Un deseo me estremeció recordando sus curvas redondas.

Al llegar a la realidad el momento había pasado y todos volvían a sonreír dispersos entre sus historias. Quizás fuesen ya demasiado bebidos para un pensamiento tan astringente. Saque el paquete de tabaco ofreciendo una ronda a los presentes. Unos si y otros no… como el revolver de un suicida paranoico… Un par de caladas después intentaba subirme al tren de la euforia.

Prosiguieron el desfile de las bebidas… De todos los sabores y colores y de nuevo regrese a la cerveza hasta que perdí la cuenta de las que llevaba. Mire a mi alrededor y busque cuantos supervivientes quedaban concientes. Fui descartándolos uno a uno con los dedos hasta que solo permanecimos atentos un par de nosotros.

Cuando el sol volvió a salir ya era muy tarde para los sueños de muchos de ellos. Me puse la chaqueta y me aventuré a buscar la primavera. Sabía que no era fácil encontrarla… y mi condición zigzagueante no mejoraba las circunstancias.

Señale un frondoso árbol de mi memoria y fui a su encuentro. Las calles se torcían con el incipiente sol que afloraba. De nuevo sentí el aroma fresco de las flores y con mi olfato rastree las últimas calles antes de llegar a mi objetivo.

Me desplome en el suelo como un saco de ideas vacío y permanecí en esa posición hasta que la sombra acabó por devorarme debajo de ella. Recuerdo que alguien sopló un diente de león que desafiaba el viento matinal al lado mío y me fui volando detrás de la luna llena.

Puede que no hubiese salido nunca de allí, pero nadie ponía precio a mis fantasías.
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