El tiempo es la única cosa que la humanidad desea pero no
puede conseguir, puedes intentar almacenarlo inútilmente, luchar por su
poseerlo sin llegar a alcanzarlo o como hice en su día robarlo sin poder
emplearlo en su totalidad.
El tiempo transcurre como el agua sin que nadie pueda detenerlo,
es como mear contra corriente, siendo el objeto a análisis algo parecido a un
huracán mezclado con tifón. Si quieres nadie puede obligarte a no intentarlo,
pero la mayoría se apartará hacia algún lugar seguro mientras tu curiosidad se
ve recompensada.
Hace años robe a cada noche algo de tiempo, poco a poco
hasta que deje de soñar y después involuntariamente me olvide de dormir. En el
fondo todo aquello me alegraba porque conseguía de alguna manera sacar un par
de horas del fondo del armario y poder dedicar ese tiempo improductivo tirado
en la cama por algo extra con lo que poder escapar de la realidad.
La alquimia siempre ha consistido en permutar dos materiales
mediante el uso de la energía. Así que me conformaba con perder el confort de
los dulces sueños por un poco más de tiempo personal para disfrutarlo de la
manera que más conviniera a su debido momento. Libros, películas, visionado de
temporadas enteras de una serie o incluso discografías enteras en lo que duraba
una noche, que para algunos tiene una duración similar de sus días.
Erradique todas mis siestas porque el turno partido
necesitaba alimentarse con algo que no fuera descanso. Si mi obligación era
trabajar, entre jornadas escogía darme la libertad de cumplir lo que a otras
horas no se podía y repetirlo al ocaso del día en vez de peregrinar
directamente al sobre.
He ganado mucho tiempo, pero sigo siendo pobre… he leído muchísimo
y escrito otro tanto más. Mi cabeza hace años que viaja fuera de mi cuerpo la
mayoría del día y la otra parte le gusta jugar al encendido y apagado con mi
cuerpo. Recuerdo las cosas que veo despierto y lo que ocurre dormido debe de
conocerlo otro tío distinto. A veces se despierta en mitad de una cocina y
acaba gritando a todos hasta que vuelve a dormirse cuando a él le apetece.
Recuerdo que tengo un zoológico dentro de mi cada mañana al
mirarme al espejo, después camino al trabajo mientras pienso si son ellos los
que se protegen de todo esto. En su jaula no hay mucha más libertad de la que
queda fuera… salvo que allí dentro son los reyes y fuera sólo resta el público.
Pasa el tiempo y las libranzas se agotan como una vela que
lucha sutilmente en no apagarse cuando la mecha es tan corta que baila sobre la
cera. Todo final es inevitable porque los inmortales son cada vez más escasos y
hasta los duendes han dejado de jugar con los niños debajo de sus camas. La magia
se escurre por los sumideros de las casas el domingo de madrugada y en la calle
sólo impera la ley de la selva tanto con luz como en penumbra.
Para mañana más calor en la ciudad y menos tiempo para
disfrutar siquiera. En lo que unos concluyen sus vacaciones la mitad de las crías
del mundo entero se preparan para abandonar sus nidos e iniciar su emigración,
su viaje o simplemente su vida. Otros siguen en las trincheras rezando por
salvarse o quizás por que se termine la guerra.
Siguen silbando las balas bajo el sol del infierno. Todos
vienen y se van al contrario que el tiempo que permanece constante e inmutable.
Una vez soñé que volaba… años más tardes sigo pegado al suelo… pero ya no gasto
el tiempo en fabricar con sueños porque es más eficiente usar lo real con la
ayuda de la imaginación que esperar que los deseos se cumplan sin ponerse manos
a la obra.
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