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lunes, 15 de febrero de 2010

Horror laboral

Llega el Martes por la ventana, se asoma molesto entre las ranuras de la persiana hostigando en silencio hasta que el despertador arde en alaridos que terminan por desvelarle. Misma operación que recuerda a la rutina… la mano izquierda aplasta de nuevo el interruptor que apaga ese dichoso ruido infernal y el cuerpo se incorpora automáticamente como si se defendiera de algún tipo de delito.

Mira la mesilla y un revolver reluciente con cinco balas espera paciente la decisión. Algún gracioso de los de arriba se empeña cada semana de plantearle la misma cuestión. Una voz dentro de él le pide clemencia y que deje de hacerlo, de subyugarse a la sociedad y el insta a huir y volver a desaparecer.

Suena el teléfono y entre gruñidos de saliva pegada consigue decir: ¿Quién es?

Al otro lado una voz le susurra que si quiere sobrevivir debe de hacerlo, si bien recuerda las consecuencias. Acto seguido cuelga.

Y el sonido del silencio acaba con el atronador rugido de un disparo a quemarropa. Su voluntad cae rota al suelo echa añicos. Su cuerpo se levanta y estoicamente cumple la rutina de la ducha, vestirse y dirigirse al trabajo.

Todas las semanas ocurre lo mismo, tiene que aniquilar su libertad para poderse amoldar a la piel de los hombres. Nadie le pregunta que desea realmente, simplemente aprieta el gatillo mandando al traste sus esperanzas e ilusiones. Se convierte en un adulto dejando al niño para los días de libranza. Su madre llora a kilómetros de distancia, pero esta tan lejos que ni con un móvil puede consolarla.

Desiste de intentarlo, y se arroja sin destino por el hueco de las escaleras. Su cráneo se hace añicos en todas direcciones. El sonido del golpe llega después. Se recompone rápidamente y sacude sus pantalones golpeándolos con la palma de las manos. Adora la sensación de caída en sustitución al primer café de la mañana. Antes lo hacia de la otra forma, pero olvido como se dormía en sus noches de insomnio y ahora ejerce guerra abierta a la cafeína.

Saluda a la portera que ya ni siquiera se sorprende. Sencillamente masculla que chico más raro mientras le devuelve los buenos días. Él sabe ganarse a la gente y ella se vendió el primer instante que acepto que él sacase y guardase los esportones de la basura. La vida de los dos es más tranquila si nadie tiene preguntas.

Camina las pocas manzanas que le separan del trabajo. El camino se vuelve eterno y las grandes avenidas parecen océanos de tiempo. La ruta le va comiendo entre sus múltiples atajos. Esa mañana es propicia y sólo pierde una pierna a causa de una de las minas antipersonal que esconden diariamente para verle sufrir gratuitamente.

Cuando llega a la oficina. Se chupa el dedo gordo soplando con fuerza hasta que inflando los carrillos recupera los miembros que no tuviera. Saluda al conserje que sin ser morboso es el que mas disfruta de esos momentos. Se dirige a su cubículo y se sienta en su confortable sillón. Alinea sus útiles en orden descendente saltándose un par que se colocan para usos diversos.

Mueve las manos en forma de abanico y los paneles que sirven de separadores se vuelven de cristal. Mira a sus compañeros adónicos de lo que esta sucediendo. Busca cara a cara a su objetivo y lo encuentra en su despacho particular. Su diestra secretaria succiona con pasión desbordante la cabeza palpitante de su querido jefe. Él tiene los ojos en blanco mientras ella ingiere su placer sorbiendo la pajita.

Le visualiza y ejecuta su deseo, ve como su cabeza se cae de manera natural como las cosas maduras. Sonríe y presiona el Intro. Ella chilla sorprendida de forma agónica, profiriendo unos alaridos de incomprensión por lo sucedido. Alguien abre la puerta del despacho y acompaña el recital de los gritos a ver una sólo de las dos cabezas erguidas.

Los sanitarios se llevan el cuerpo sin vida agitando una bandera blanca a modo de despedida y los del psiquiátrico se llevan a la pobre secretaria que babeándolo todo se va cantando enajenada: chupé tanto que perdió la cabeza.!!!

Soluciona el tedio del Martes porque por miedo a demandas declara la oficina de luto y se proclama un cierre temporal hasta que las autoridades den solución posible al asunto recién acontecido.

Se frota las manos por la gran suerte conseguida pisando el mismo recorrido que había tomado a primera hora en camino inverso. Surca exactamente los mismos espacios y con exactitud las pisadas. Hasta que cae en una hueco con empalizada. Su pierna se ensarta de lado a lado en una estaca afilada a conciencia y astillada a posteriori. La extracción es imposible.

Los curiosos se asoman al agujero, pero él no pide ayuda siquiera. No siente el dolor como los demás. Su mente vuela lejos de su cuerpo, tiene vacaciones indefinidas y ninguna prisa por volver a trabajar. Su cuerpo llega día después con un reparto a domicilio a costa del hospital. Su mente reposa aletargada en la cama. Antes se ha acordado de tirar el despertador por la ventana y tapiar la persiana con un tablero enorme.

La oscuridad reina en su mundo y él a gatas esconde el revolver debajo de la cama para después limpiar con la escoba y el recogedor los cristales de sus esperanzas destrozadas. Coge el pegamento imedio y con paciencia construye trozo a trozo sus deseos para formar a su antojo el tiempo que le queda de libertad.

Pedazos de olvido

Faltaba un trocito de alma que encajaba como esa pieza perdida de un puzzle sin terminar… llevaba mucho tiempo buscándola. Pero no había encontrado nada en todos los sitios donde se había propuesto buscar. Había hecho memoria y no había recordando ni donde ni cuando se extravió, aunque se había acordado de un par de cosas que a su parecer le habían echo gracia. Así que finalmente se había puesto a rebuscar en aquellos lugares donde nadie pensaría en fisgar. Se fue directo a su cuarto y se encerró allí durante varios días. Escarbo en todos los rincones y vació todos los botes en los que no llegaba a ver el fondo, escudriño entre las paginas de todos sus textos desquiciados… que demasiados abundantes se arrinconaban como ganado en un establo desaliñado.

Los cajones explotaban con cuartillas y folios con los bordes arrugados… el grafito de los lapiceros había empezado a erosionarse desmoronándose y emborronando los papeles que habían acabado por amarillear tras tanto tiempo aburridos sin ver la luz del día ni por asomo. No aparecía por ninguna parte. Tras una semana consiguió encontrar de nuevo la puerta se salida y al girar el pomo encontró a su familia al completo haciendo de público en el pasillo. También había dos policías y un bombero simpático que sentado en la barra del salón fumaba un enorme puro mientras encontraban una solución.

Disculpad… no encontraba la salida tampoco… sonriendo rasco su cabeza desaliñada y se excusó dirección al servicio.

Acto seguido volvió a entrar en la habitación sin antes no poner un cartel de los del servicio de los hoteles informando que no se debía molestar. Dándose por aludidos los que no pertenecían a aquella casa se marcharon y los que eran de allí… no tuvieron más opción que quedarse sin causar alteración posible.

Cerró la puerta y se sumergió de nuevo en aquel océano sin sentido en el que había acabado por naufragar. Buceaba entre peces de colores y barcos hundidos. El lecho del mar estaba sembrado de brillantes tesoros desperdigados por doquier entre todos los escondrijos que había en ese condenado cuarto. Unos eran recientes y otros fueron tan gratos de hallar que devolvieron a la vida esos rayitos de los veranos felices que una vez abiertos te llevaban a sentir esa sensación placentera de las vacaciones cumplidas y a disfrutar del merecido premio de nadar en el mar. Se ve pescando con las manos, acompañado de sus inseparables abuelos cosidos a su historia con hilo de oro. Y vuelve a la realidad tras una interminable ruta llena de altibajos. Adentrándose en una gruta submarina llena de una exuberante y mística vegetación que se agita ingrávida como una cortina invertida… La corriente lentamente va introduciéndole sin darse cuenta en esa estancia escondida en un camuflaje perfecto.

Dentro hay una chica vestida con un vestigio de gasa vaporosa en un delicado azul celeste. Su pelo ondea con vida propia precipitándose y ocupando como un halo el círculo perfecto alrededor de su bello rostro que descansa apaciblemente con una daga clavada en el centro de su corazón.

Busca entre los pliegues de su pasado el nombre de aquella preciosa chica y no encuentra rastro alguno de su existencia. Siente un dolor agudo en el centro de sus cicatrices que causan un intenso y contundente mareo que le recuerda todo lo que perdió entre caídas y accidentes. El conjunto de sus sensaciones le advierten de un peligro mudo clavándole agujas en la piel expuesta al agua fría. Escudriña el altar donde reposa tratando de averiguar algo de sus relatos.

Aparecen garabatos ilegibles de su puño y letra. Unas cuartillas rotas bailan deshilachadas despedazándose como una pastilla efervescente que se va disolviendo lentamente. Son bloques de pasta como pan en agua que se derriten al levantar los tomos de las estanterías. Acaba decidiendo dar resolución al problema. Arranca la daga de su pecho y su cuerpo cobra vida mágicamente. No viene nada nuevo a la cabeza pero su voz no tarda demasiado en recuperarse de su letargo forzado.

Él pregunta su nombre y su mención le devuelve un trozo de vida perdido en las cunetas de este país llamado España. Comprende cosas que habían dejado de tener sentido a lo largo del tiempo. Esconde la daga detrás de su espalda evitando así ese escabroso asunto incomprensible desde su lado de la acera. Escucha con atención todo lo que le cuenta como un increíble cuento fantástico que había olvidado camuflado en un destino abandonado por la dificultad de un camino lleno de obstáculos. Acerca su cara a los labios de él… Le mira directamente al centro de sus pupilas y le besa devolviéndole un recuerdo extinto tras tanto tiempo siendo devorado a bocados pequeños de hormiga laboriosa. Vuelve su sabor, su vida, su pasado y su futuro. Los libros se secan y vuelven a escribirse tal como y sucedió sin que nada pueda modificar la verdad de los actos.

Recuerda el dolor de su ausencia, de la pesadilla de no poderla salvar de su propio monstruo que la carcomía por dentro como un parásito que acabaría por exterminarla. Siente el dolor de ella y como el demonio de sus labios pretende robarme más vida y alma mediante la ingesta de mis besos sin devolución al igual que un bello súcubo. Esquiva su mordisco final en el último momento y la pieza que faltaba brilla en un puzzle que una vez completo pierde todas las juntas que fabricaban el rompecabezas.

Su nombre se borda en el límite inferior y un anciano le felicita por haber terminado la prueba dándole acceso a un nuevo nivel. Pide amablemente que cierre este libro desvencijado dejándolo descansar en paz en el pasado. El hecha un vistazo más a la foto por fin conseguida, recuerda su nombre y ese beso que ya no conseguía recordar. Guarda sus pedazos en un pequeño cofre que lanza nuevamente al fondo del mar.

La mira a los ojos y ella los cierra abriendo la boca. Clava la daga lentamente en la ranura del corazón que no había acabado de desparecer devolviéndola a la quietud de su descanso. El veneno de la daga se derrama sobre su mano y penetra por los poros de su piel. Siente el calor familiar de ese aciago líquido negro de los mordiscos condenados.

Devuelve el exceso besando sus fríos labios de mármol de su eterna amante mortal. Le susurra que la quiere y se despide en silencio entre las bambalinas de las algas bailarinas. La deja flotando sobre el altar que le construyó en el pasado. Donde se merece permanecer por tiempo indefinido. Se gira en el umbral y lee el nombre de su leyenda. La que no debe de ser despertada… escrito con un cincel sobre la piedra para que aunque pierda la memoria recuerde lo que debe quedar en el olvido.

jueves, 11 de febrero de 2010

El retorno del príncipe exiliado.

Y por fin se escucharon las trompetas de la victoria. Las puertas del infierno han vuelto a abrirme las puertas y dejar paso al demonio de la sonrisa entrañable. Se ha perdido mucho tiempo entre los pliegues del tiempo sabiendo en el fondo de su conciencia que las tornas volverían a los caminos prefijados. Y la ruleta ha seguido girando y girando sin pararse en sorpresa alguna.

Hasta que al final… sucede. Y no lo hace porque si… sino porque tenia que ocurrir. Nadie cuenta el futuro pero a veces ya se ha vivido… Así que regresa entre las filas ardientes uno de sus hijos predilectos. Uno que no necesita nombre porque todos los que llegaron después de él, conocen las leyendas de las tierras quemadas.

El tiempo no perdona, pero concede treguas… Cuando ya nada esta claro, la bola de cristal se vuelve nítida como una botella de sake y sus olores devuelve la esperanza a los desiertos campos de la desolación y el exilio. Nada funcionaba porque no sonaba la música correcta, en cambio ahora… conozco ese sonido… incluso se la melodía. Mis dedos saben tocar sus notas y mis pies han bailado hasta la saciedad hasta aburrir a la luna de enseñarle esos pasos.

La justicia juega sus cartas y me ofrece una mano ganadora. La banca se sorprende de lo afortunado de mis apuestas, pero no tiene truco alguno saber envidar en las circunstancias idóneas con sus premoniciones aleteando como sensaciones palpables.

El diablo llevaba muchos meses esperando a que devolviese de una vez el control de mis cadenas bajo sus horarios. Siempre he estado ahí, con mis humos raros y mi verborrea incontenible. Le hacía gracia… y se la sigo haciendo porque años después el retorno del hijo de las sombras criado por él al fin vuelve al hogar de donde según muchos no debí salir.

Tengo una mochila repleta de historias que contar que se han ido macerando durante mi hégira. No podía seguir entonces con ese mundo, pero ahora estoy preparado porque después de mucho tiempo los planetas se han alineado para devolverme más o menos sano y salvo.

Faltan todos los pedazos de mí que perdí por el camino de llegada, incluso trozos de mi propia persona… pero no importa porque en conjunto la maquina sigue funcionando. Se entregan de nuevo mis poderes demoníacos para que con libre albedrío haga uso de ellos a conveniencia y depositan bajo mi mando un reino que salvaguardar cuando los que deben ser cuidados descansan en sus aposentos.

Suena el pitido y comienza en partido entre el nacimiento de un nuevo día. El pacto ha sido firmado con sangre y sellado para quedar vinculado de nuevo a la línea sucesora del trono oscuro. El tiempo será otra vez el juez que ejecute la condena.

Noapte buna… el demonio de la sonrisa camina de nuevo en la senda de los aromas y las esencias de la mano de sus hermanos. Por la mañana su propio dueño… por la tarde el salvador y al cambiar el día del calendario… Ingresará nuevamente al reino de los hijos que brillan tanto de día como de noche, exiliándome de nuevo del mundo de los sueños.

Demonio insomne ardiendo toda la jornada para junto a las brujas incinerar el mundo mientras los demás duermen apacibles en sus camas.

martes, 9 de febrero de 2010

Armonía

Todo acabara por salir bien… Rezaba Chinaski entre dientes mientras da una patada a una lata de cerveza medio vacía que termina rondando desequilibrada marcándose espirales de cebada a su paso.

La gente se empeña constantemente en atarse mejor el nudo de su propia soga de ahorcamiento en temor a que pueda llegar a perderse… ironías después muchos acaban con el cuello partido por un simple traspiés. Pero lo que afecta a los demás, extrañamente no termina por salpicar sus zapatos.

Así que sigue andando indiferente a los agujeros negros y los baches. Parece florar sobre la acera como un anima en pena, aunque al decir verdad. Siempre va cargado de esa alegría que le caracteriza y que va vinculado inequívocamente al número de oportos que haya conseguido ingerir desde que el sol amaneciera.

Para él la felicidad solo depende del grado de embriaguez rozando la lucidez que se pueda alcanzar sin sobrepasar del tope y acabar en las curvas de descenso más escarpadas. Nada malo puede suceder a alguien con los bolsillos vacíos. Agarra su botella de vino hasta que sus labios saborean el delicioso condumio que vierte por sus venas.

No importa nada si el índice de necesidades es muchísimo menor que el de posibilidades… Sino se espera algo, no cabe el sentirse defraudado. Incluso no hay vaso medio vacío sino gente demasiado meticulosa con sus elecciones. Por la noche todos los gatos son pardos y por supuesto una gorda desesperada siempre será mejor que una paja de onanista compulsivo.

Ríe a carcajadas mientras la oscuridad de las calles le lleva por un sendero tenuemente iluminado a ninguna parte. Camina sumergido en los vapores etílicos que rezuma su propio aliento. Se siente aletargado en una botella ron que se zarandea torpemente entre las olas de un océano agitado con un mensaje indescifrable escrito en su interior.

Viaja sin prisas a donde sus pies acaben por arrojarle en medio de un naufragio que le abandone en un páramo desolado donde solo haya alcohol para curar las heridas de guerra. Arrastra los pies arrasando con ellos las baldosas como surcos en el sembrado. Le pesa tanto la vida que ha ido regalándola a pedazos.

Ya le queda poco que repartir pero sigue conservando esa maldita botella rojiza con el rubí mezclado con cinabrio. Lloran las penas pero ya no hay lagrimas que gastar entre la absurda simpatía que agarran los monos de las cogorzas. Se tambalea como una barra de gelatina fundía desbordándose como un estanque de agua a reventar.

Siente que el final se acerca. Pero sigue jugando a las cartas con la muerte para ver quien hace las mejores apuestas. La funesta guadaña afilándose a golpes de piedra de esmerilar y una sonrisa dibujada en la cara del truhán que sabe que su oponente tiene los pies atados a la silla para así poder huir en cualquier momento con el botín.

Gana una mano y sale disparado con la recaudación entera sin dar explicaciones a nadie de los que atados no logran más que morder el suelo tras su estampida. No se puede perder nada sino tienes nada que apostar. Canta una canción de marineros entre las tinieblas de esas calles en que solo las personas sin miedo se aventuran a pasar. Cuenta las monedas dentro de su bolsillo imaginando todo lo que hacer con ellas.

No importa el mañana sino eres capaz de olvidar el ayer y enterrar todos los problemas sin solución bajo lapidas sin nombre. Nadie merece llorar por aquellas cosas que no se pueden abordar. Se dejan libres a su albedrío con la esperanza de que otro se pueda llegar a obsesionar con tales menesteres.

La vida es sencilla si así se merece. Sólo hay que saber rellenar los huecos sobre las líneas de puntos con algo de coherencia para que el mensaje pueda entenderse para que los que nacerán mañana no se olviden de la gente del presente y mucho menos de la del pasado.

Porque todo camino tiene un principio, desarrollo y fin… y sino… simplemente no era un camino.

viernes, 29 de enero de 2010

Taconeo al compás

Introduzco una moneda en la maquina de la fama y su indicador me muestra que aun no ha llegado mi momento. Propino un puntapié al maldito cacharro y paso mi mano entre mi pelo buscando un toque de compostura.

Miro la piel brillante de mis preciosas botas relucientes. Les dedico una amplia sonrisa de satisfacción y ellas me llevan a dar una vuelta por el mundo, caminan felices sin pensar donde acabaran, viven el momento porque es la única religión de la ropa así que gastan su instante sublime amartillando cada paso dado para dejar efímera constancia de un ser y estar trasladados en el tiempo.

Una gota de agua hoy puede que no sea igual mañana… de la misma forma que no existe la exclusividad sino otra manera de contemplación. Asigno un destino a cada lado de la moneda con la palabra respaldando la caída y el resultado es ejecutado con la justicia ciega del juglar del azar haciendo malabares con monedas de oro.

Completa un giro y añade una moneda más a una serpiente dorada que juega a pretender morderse la cola. Por desgracia el chico añade otra cada vuelta de la cabeza para así poner espacio entre ella y su meta del destino. Le interrumpo para decirle que la bola roja esta en el cubilete de la izquierda y un par de monedas terminan lanzadas dentro del bolsillo de mi pantalón.

Ríe como una hiena antes de desaparecer envuelto en un humo misterioso que se disuelve como el azufre entre las grietas. El mundo le traga a su suerte y todo vuelve a la normalidad de una aglomeración disolviéndose por las venas congestionadas de la ciudad.

El paciente se cura de una peligrosa embolia que se cocía escondida de la atención de las autoridades. Recupera taimadamente el control sobre sus temblorosas piernas. Ayer juraría que ese hombre podría haber corrido una maratón y ahora parece que corre hacia su propio cementerio.

Las cartas caen sobre la mesas y las monedas cambian de manos. La avaricia ciega con un pañuelo de seda la mirada de todos aquellos incautos que creen saberlo todo sin tener idea de nada. Creen y piensan. Piensan y creen… y en medio de toda esa frenética actividad cerebral se pierden un abanico entero de posibilidades que voy arrancándole una a una como pétalos a una margarita.

Cae una lagrima por una mejilla que no me pertenece y dedico una sonrisa a esa niña triste que viste por sorpresa una expresión que la maquilla hasta convertirla en una feliz risueña. Cualquier problema se soluciona con un trozo de chocolate cuando no se tiene la suficiente edad de haber cambiado los dientes de leche.

Escucho mi canción sonando en la radio mientras mis dedos frenéticos tocan nota a nota una guitarra hecha a base de aire y acariciando sus cuerdas con mis dedos desato huracanes con Anónimo como único remitente. Me deshago de todos mis lastres antes de aparecer de nuevo en la amplia familia de los famosos sin rostro ni nombre.

Soy uno mas naufragando entre tanta gente que intentan ayudar alguien sin antes prestar atención al que reposa a su lado. Todos dicen poder ver, la realidad en cambio es lo contrario.

Brillan las botas de nuevo antes de marcar mi suerte con un trío de coquetas damas que ocasiona que la banca arrastre todos los dividendos a la parte de mesa que me pertenece. Intento no pensar en el futuro pero es inevitable dejar escapar ideas para soslayar de esa manera la sobresaturación de la central

Se que no hay nada mejor que sentir a la suerte acompañándote como una manta acogedora de placer y comodidad. Me rodea por completo y me sumerge en un balsámico baño de especies de una agradable combinación de esencias.

Apuesto todas mis fichas en una exclusiva mano arriesgada sin levantar si quiera alguna de mis cartas. Se frota las manos el tiempo y yo le muestro lentamente la jugada. Su cara se transforma conforme todo sale a la luz y cuando ya no queda nada.

Brillo como una estrella marcando con fuego la leyenda de mis pasos. Tarareo mi canción entre los dientes como cuando se atravesó con ello en el pasado. Mastico palabra a palabra tantas veces como sean necesarias para que por fin suceda.


La fama llega en sigilo en fila india por el pasillo de casa. Se instala como el frío de las mañanas de invierno a pesar del mal tiempo quedando así como testigo de las inclemencias meteorológicas.

Una chica me pide un autógrafo y a cambio yo le regalo dos. Conservo la progresión aritmética como oro en paño y doy lustre una a una a mis moneda. Me deseo suerte reflejado en dólar por la cara de su amable del pasado señorial de América.

Mantengo intactas las esperanzas y las introduzco en formol en previsión de que así duren más. Me ajusto la mascara en el rostro tirando de uno de los extremos de la goma hasta que yo me fundo disimuladamente con un personaje de tinta que viste mi propio cuerpo.

Soy una estrella y ruego por que nunca me falte el oxigeno para así no enfriar mi combustión. Cruzo los dedos y lanzo los dados. El siete vuelve a mí como casi todos los días y sus noches. Porque sinceramente solo hay que querer para poder vivir.
.
No me importa aun no ser una estrella, porque todo llega cuando así lo merece. Todas las noches ruego por no sobresalir entre el resto de la gente. Pero algo siempre termina por señalarme con su dedo índice y pedirme que me acerque. No es que sea especial… sino que al menos parece que estoy atento.

martes, 19 de enero de 2010

Equilibrios sobre una aguja perdida.


Todo esta sencillamente escrito antes de que nada ocurriese. Tenían que suceder unos cuantos pasos de una determinada forma y con una secuencia apropiada. Pero una vez lo realizabas. El resultado parecía tomar forma delante de los propios ojos. Solamente una persona se dio cuenta de las cosas simples y mecánicas. Nadie se paraba a observar esas minucias hasta que llego él y desbarató todas las teorías que reinaban sobre el caos.

Su cabeza funcionaba de manera distinta a las demás. No es que fuese único. Realmente era como el resto, pero dentro de su cerebro él reconocía los cambios que a cualquiera se le hubiese pasado por encima. Los percibía, asimilaba y después de procesarlos… sabía a continuación el paso que se obtendría por adelantado. Era irónico pero la persona quizás más brillante del mundo en verdad era un inseguro que andaba probando constantemente sus propias disertaciones.

Así que nunca tenía tiempo de asegurar algo plenamente. Se excusaba con una eterna coletilla que añadía como colofón de todas sus conversaciones. Para saberlo ciertamente deberé seguir estudiándolo. Por lo que obtenemos que su vida se redujera básicamente en buscar la afirmación a sus pensamientos mediante la experimentación.

Pasaron los años y después de cada evolución siempre llegaba a la misma conclusión… Hace falta seguir con más pruebas… Y puede que una persona perfeccionista hubiese podido comprenderle. Pero de todos es sabido que las empresas privadas terminan deshaciéndose de la locura improductiva. El buen doctor había perdido la cabeza en sus propias investigaciones y ahora a pesar de ser un incalculable científico en sus múltiples conferencias y exposiciones. Se habían cansado de él.

El doctor ni siquiera se extraño cuando la directiva le propuso la forma de indemnizarle en su despido sin causas aparentes. Amablemente firmo sus papeles y se fue despidiéndose de los presentes con reverencias como si realmente se sintiese orgulloso de haber compartido su vida con ellos. Todos reafirmaron sus dudas sobre la cordura haciendo caso omiso.

No recogió nada de sus informes, ni de su mesa. Cogió el cuantioso cheque de su indemnización y salió por la puerta del edificio principal con una sonrisa enorme y agitando su mano en modo de silencioso adiós. Porque él ya estaba en otra parte…

Prosiguió con su trabajo en casa alegrándose enormemente que no tuviese que desplazarse a la oficina ni al laboratorio donde tantos años había malgastado. Ahora en su casa de su infancia era feliz caminando con la bata desabrochada y sus zapatillas forradas de oveja. Había sustituido el café por unas interminables jarras repletas de te de distintos países y en los tiempos muertos de las muestras aprendió a hacer deliciosos bollitos de pan.

Y al final… todo sucedió como el suponía que pasaría. Obtuvo sus datos… y grito Eureka a los cuatro vientos. Corrió por la calle en mitad de la madrugada con su papel agarrado y la bata abierta hasta que se dio cuenta que iba enseñándolo todo y decidió rápidamente volver a celebrarlo a puerta cerrada. Había perdido el trabajo y unas cuantas esposas… una vida malgastada en pro de su ciencia y muchísimas mas cosas que tardaría una eternidad en relatar. Pero a cambio de todo ello había encontrado su propio espacio y tiempo alejado de las personas. Y la verdad es que los bollitos le sabían a gloria.

De esta manera tan ridícula por fin había encontrado la excepción a una de las leyes de Murphy que tantos problemas le había dado. Y con ella una llave para poder abrir el resto de teoremas sobre la Problemática.

El caos de su cabeza se colocó prestamente en sus posiciones originales y en su cara se formó la más deliciosa de todas las sonrisas que hubiesen podido florecer en aquel día en cualquier lugar del mundo entero. El universo había tomado forma y ahora todo le resultaba familiar… conocía hasta la más mínima historia a cada objeto vinculado. Se sentía dios montado sobre un taburete, incluso hubiese jurado que podía volar, pero dejo la prueba para otro momento.

Salió de la casa de sus padres y entro en el patio trasero como alma que lleva el demonio. Arrasó con el armario de las herramientas hasta encontrar una pequeña pala de macetas que su madre había utilizado en las plantas del jardín durante toda su vida y fue en mitad del patio trasero y la clavó con tanta fuerza que la tierra se hubiese muerto de estar más viva. Siguió con esa mecánica precisión acuchillándola frenéticamente hasta que la madera sonó debajo del oxidado metal.

Con gran cuidado y esmero saco una caja de madera y de esta una más pequeña de metal. Abrió la tapita mordiéndose la lengua y saboreando para si el momento y cayó de espaldas sobre el césped mojado. Extendió sus manos como si quisiera coger las nubes del cielo para después dejarlas precipitarse desplomadas. Dejó escapar una sonrisa al cielo porque al fin había logrado recordar donde olvido enterrada la llave de su diario. Aquel sagrado lugar donde escondía escrito en secreto el significado que contenía su cabeza.

Cerró los ojos y regresó a su infancia. En el patio estaban sus padres comiendo una barbacoa de todas las carnes que pudieran soñarse. Se pasó por la cocina y saco al exterior los deliciosos panecillos que su madre elaboraba sin no antes besarle con todas las ganas sus mejillas llenas de harina. Acto seguido le llevó ese tesoro a su padre para saltar a sus brazos.
Les dijo adiós calidamente para conservar en su memoria su despedida. Al día siguiente morirían y ni siquiera tuvo tiempo a decirles lo mucho que significaban para él… esa noche fue el mejor hijo que ninguna familia hubiese deseado tener. Todo porque al final las cosas que suceden tienen una causalidad. Se levantó del suelo y se sintió aliviado, porque después de tanto tiempo había logrado por fin tener un nuevo golpe de suerte.

sábado, 16 de enero de 2010

Titanic

Se hunden mis pesadillas atadas a todos los lastres que llevaba encima en aquel momento. El agua exigía mi cabeza y yo iba entregándole mis restos a modo de fascículos. Cuando recibió el último en el fondo de su seno, yo ya flotaba libre luchando contra los remolinos de sus olas onduladas. No era mi momento… y aproveche las circunstancias apropiadas para librarme de lo que llenaba mis bolsillos sin aportarle significado alguno.

Chasqueo mis dedos sobre la superficie de espuma y caigo en mitad de un desierto abrasador. No reconozco su nombre así que me consuelo con escuchar los susurros calidos del aire secando mi ser con su lengua áspera y granulada. En pocos minutos sigo sin saber mi paradero pero la sal ha terminado por cristalizar sobre mi piel y ahora soy el chico mas salado de aquel lugar.

Sonrío mientras mi segunda piel va agrietándose y desprendiéndose molido como un fino polvo plateado. Miro el humo que comienzan a desprender mis pies y tras un rápido barrido sin encontrar ninguna sombra decido sacar unas tijeras del sobrero de copa y darle un tajo al hilo que mantiene al sol sobre nuestras cabezas.

Uso el cielo como escudo y hago que se escurra sobre la atmósfera hasta caer con sonido metálico por la línea del horizonte. El frió entra en escena a continuación a pesar de que cielo no ha terminado apagarse de las ultimas llamaradas que pintan el oeste de anaranjado. Un rastro de sangre se pinta en el ocaso y de una pasada suave corta de lado a lado el ancho de mis muñecas.

El río de vida se escurre en un suspiro desapareciendo a borbotones entre los agujeros de la arena. Siento la fusión con el suelo mientras unas arenas movedizas oxidadas van engulléndome lentamente. Intento chasquear los dedos pero las rajas son tan profundas que han acabado con los tendones y mis dedos caen muertos a los lados. Al menos parecen unas regaderas exquisitas salpicando mi historia de forma dispersada. Los índices siguen siendo más rápidos y un chorro fino y constante va creando un lodazal emulsionado un cinabrio que se vuelve mercurio.

Cierro los ojos y deseo volver al océano… segundos después aparezco desplomándome como un bulto sin vida que va escribiendo con su sangre un cuento en su descenso. Los infiernos se dibujan con lo que queda de ella abriendo sus círculos para robarme las ultimas burbujas. Ni siquiera evito dirigirme a ellos. Disfruto del momento de desaparecer en silencio.

La luz se apaga al fondo del túnel cansada de esperar mi respuesta. El averno se abre como una rosa de rubí brillante. Sus pétalos afilados pretenden despedazarme entre sus caricias antes de llegar a las espinas. Paso de ese alivio y me concentro en el final. Saboreo el sabor de la muerte entre los labios y con mi lengua apago tan dulce instante. Las cadenas surgen con sus anclas para condenarme al calvario de la eterna caída sin final.

Digo no… y despierto de mi tormento.

Extraigo una vida nueva de su envoltorio de plástico y la estallo contra mi pecho hasta que los círculos se pierden la distancia a modo de punto y final… todo llega aunque no es el momento. La tortura de la vida se maneja extremadamente fácil caminando como un gato. Escojo otro cuerpo y otra cara y deshecho mi antiguo yo atándolo a un trozo de hormigón para después lanzarlo en el medio del Retiro a cambio de una oportunidad a estrenar. Dejo que el pasado alimente mi futuro mientras en parte devuelvo al agua lo que le arrebate entre sus sueños.
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