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martes, 16 de agosto de 2016

El murmullo de las piedras.

Afila la parca su guadaña,
puliéndola con esmero
mientras siega la barba 
de su roca de porcelana.

Ras, ras hace su acero
ris, ris llora la vida
que roba a cada paso
la sonrisa a su dueño.

Creen los ángeles arriba
que nunca llegará su turno
pero abajo hay apuestas ya
por quien ira a la palestra.


Alegre canta el muerto
cuando deja de dolerle la vida
sin importar ya el cuerpo
ni su maldito aspecto.

En pasillos de marfil habita
el alma sin su querido hueso
buscando su inútil su meta
porque sin cerebro no recuerda.

Carne yerma tuvo y retuvo
para devolver después a la muerte
pagando su interés desorbitado
a base de pena, dolor y luto.

Para que nadie se olvide
de que los prestamos de la vida
se pagan más temprano que tarde
porque el acero afilado escuece
no muerde ni tampoco duele.






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